Muestran por primera vez una selecta colección privada suiza de pintura flamenca del siglo XVII

  • 'Una edad de oro' saca a la luz otra selección admirable de las muchas que atesoran particulares, empresas y fundaciones establecidas en el país helvético.
  • El Kunsthaus de Zürich expone 50 óleos de escenas campestres, bodegones y paisajes de la colección del vendedor de armamento E. G. Bührle.
  • Hay obras de los maestros Jan Brueghel el Viejo, Hendrick Avercamp, Adriaen Coorte, Jan van Goyen, Aert van der Neer, David Teniers...
'Naturaleza muerta con frutas', obra de Jacob van Walscapelle de finales del siglo XVII
'Naturaleza muerta con frutas', obra de Jacob van Walscapelle de finales del siglo XVII
Jacob van Walscapelle - Private Collection - Courtesy Kunsthaus Zürich

Que sin previo aviso salga a la luz una colección de arte de maestros flamencos del siglo XVII por la que suspirarían todas las pinacotecas públicas sería una anormalidad en cualquier país del mundo. Si la sorpresiva manifestación ocurre en Suiza, país de fortunas semiopacas, refugio de fundaciones de todo tipo y territorio de fiscalidad distendida para los contribuyentes de más saldo, el asombro ya no es de tanta intensidad.

Ha sucedido de nuevo. Una selección admirable de medio centenar de óleos de, entre otros maestros Jan Brueghel el Viejo, Hendrick Avercamp, Adriaen Coorte, Jan van Goyen, Aert van der Neer, David Teniers..., se expone a ojos del público de a pie por primera vez en la muestra Ein Goldenes Zeitalter (Una edad de oro). Está en cartel en el Kuntsthaus de Zürich hasta el 16 de enero de 2016.

'Magistral y exquisita'

Las piezas, que forman parte de un "gabinete de pequeño formato" de un "coleccionista privado con sede en Zurich, (...) rara vez se han visto antes" y conforman una colección "magistral y de exquisita calidad" de una de las épocas más brillantes del arte europeo, dice el museo, que no revela la identidad del dueño de los cuadros más que de pasada —se trata del industrial Emile George Bührle—.

El conjunto, con escenas campestres, bodegones —uno de los subgéneros que apasionaron a los artistas del norte de Europa— y paisajes, son notables por la "riqueza de detalles" y transmiten "el encanto de una era de creciente confianza en sí mismos de los artistas holandeses", añaden.

El Barroco protestante

Aunque contiene una selección de pinturas flamencas del sur católico de los Países Bajos, la parte sustancial de la colección procede de las provincias del norte holandés, protestantes e independientes desde finales del siglo XVI. Fue en esta zona donde el barroco flamenco se convirtió en una de las fuerzas motrices del arte de la siguiente centuria junto con el español del Siglo de Oro, pero mientras el segundo estaba dominado por la melancolía metafísica y el sentimiento de crisis y decadencia, en los Países Bajos se palpaba la esperanza en el futuro.

La exposición se compone casi enteramente de obras con motivos mundanos y dedica poca atención a los temas religiosos. Artistas como Avercamp, Coorte, Van Goyen y Van der Neer se alejaron de las temáticas sacras y pintaron marinas, paisajes italianizantes y diversas categorías de la naturaleza muerta.

Disfrutar el ocio

Las escenas colectivas están dominadas por la alegría y la interacción social: son a menudo de aire campestre y se centran en campesinos que charlan en torno a una estufa, como en un bellamente iluminado óleo de Teniers o grupos de personas patinando en un lago helado —Winter-Landschaft mit Eisvergnügen, de Avercam—. Hay una aspiración a disfrutar del ocio, que también aparece representado de forma simbólica en bodegones de flores y frutas.

Los cuadros muestran un país que celebra su nueva condición de "potencia comercial" independiente y con gran influencia de los gremios y colectivos profesionales —representados en la misma época por los retratos gigantes de Frans Hals y sus discípulos—. Desde principios de la década de 1670 las derrotas militares comenzaron a socavar la estabilidad y la edad de oro flamenca llegó a su fin.

Las piezas de la colección fueron compradas en su día por el industrial Bührle (1890-1956), que antes de morir dejó todas sus obras de arte a una fundación. Había labrado su fortuna vendiendo armas y nunca le importó la ideología del cliente: facturó armamento a la República Española, a los nazis de Hitler, los fascistas italianos y el Reino Unido. Tras la II Guerra Mundial tuvo que devolver más de una docena de los cuadros de grandes firmas de su enorme colección porqué se comprobó que habían sido robados por los nazis a sus dueños originales, familias judías.

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