Gaviotas
Un grupo de gaviotas, en una imagen de archivo. GTRES

Las gaviotas se vinculan tradicionalmente a los ecosistemas marinos, pero su creciente "colonización" de puertos y núcleos costeros están deteriorando el patrimonio, obligando a huir a otras especies y causando "ruido y molestias".

La directora general de la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (Anecpla), Milagros Fernández de Lezeta, explica que las plagas de roedores e insectos están controladas desde el punto de vista técnico, pero las aves aún suponen un desafío.

Entre otras razones, porque su enfoque requiere no de actuaciones únicas sino de un plan estratégico global, incluido el apoyo de la ciudadanía.

Las aves son animales que despiertan por lo general sentimientos de cariño y se aprovechan del comportamiento de quienes les dan de comer a diario.

Desconocen que los restos de esta comida "también sirven para alimentar a cucarachas y ratas que salen de las alcantarillas" y que ayudan a que se puedan producir cambios adaptativos en los hábitos alimentarios de las aves, añade la química.

Cambio de hábitat

El problema de las gaviotas, afirma, apareció hace más de una década, aunque con el tiempo se ha acrecentado e incluso se han detectado ejemplares en vertederos de la Comunidad de Madrid. "Se concentran, sobre todo, en el litoral, donde hay mucho movimiento de mercancías (puertos) y en donde hay más población, desde Cádiz a Barcelona y Valencia...".

Muchas gaviotas han sustituido los barcos pesqueros por las grandes ciudades porque "es más fácil conseguir alimento en la ciudad, no tienen depredadores y los nidos y cobijos están más protegidos que en una roca en mitad del mar. En definitiva: más facilidades para alimentarse, anidar y multiplicarse".

Daños al patrimonio y ecosistema

A las molestias y ruido que generan las gaviotas, hay que añadir daños al patrimonio privado y público y al ecosistema, porque es una especie potente, de gran envergadura, que hace huir al resto.

Hace unas semanas, el ayuntamiento de Benidorm advirtió de que la superpoblación de la gaviota patiamarilla en esta localidad o en Calpe está poniendo en riesgo el equilibrio del ecosistema de parques naturales como Sierra Helada o el Peñón de Ifach.

Su proliferación perjudica a especies protegidas Entre otras consecuencias, su proliferación perjudica a especies protegidas, como el paíño europeo, ya que la gaviota se alimenta de sus polluelos y destroza sus nidos. "Si tenemos poblaciones más o menos controladas, son eficaces los dispositivos ahuyentadores y otros sistemas, pero cuando las poblaciones son muy elevadas, el mejor método es la reducción mediante capturas", añade la responsable de Anecpla, ligada al sector desde 1984.

Sin embargo, "eso no es agradable de ver y es una medida difícil de adoptar" por parte de los responsables municipales.

Otros ayuntamientos también se han dado cuenta de la creciente agresividad de las gaviotas, que en competencia por el alimento han llegado a atacar a palomas y perros.

La directora de Anecpla subraya además el problema de la salud púbica, dado que sus excrementos son muy dañinos y corrosivos. "Un exceso de ellos en un lugar público puede generar problemas de contaminación, por ejemplo en una industria transformadora pesquera donde aniden las gaviotas". Recientemente, Anecpla ha publicado la Guía de Buenas Prácticas para la Gestión de Plagas de Aves Urbanas, recuerda Fernández de Lezeta.