Juicio por estallar un coche bomba en Ondarroa
Los etarras Asier Badiola (i) e Ibon Iparraguirre (d) se saludan en la sala de la Audiencia Nacional al inicio del juicio por estallar en 2008 un coche bomba contra la comisaría de la Ertzaintza de Ondarroa. ARCHIVO

El etarra Ibon Iparraguirre no saldrá de la cárcel pese a ser uno de los presos para los que el entorno proetarra o incluso el lehendakari Urkullu exigen su liberación inmediata por padecer sida. Así lo ha confirmado la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional en un auto en el que se destaca "la negativa del penado a medicarse".

El pasado viernes, el lehendakari, Iñigo Urkullu, se posicionó en favor de la excarcelación del terrorista apelando a motivos "humanitarios" y anunció que el Gobierno vasco ha "intensificado" en los últimos días sus gestiones para "mejorar la situación" del recluso.

Dos días después de esas palabras, la Sección Primera de la Sala de lo Penal dictaba el auto por el que Iparraguirre seguirá cumpliendo en la cárcel madrileña de Navalcarnero su condena por la colocación de un coche bomba en Ondarroa (Vizcaya).

Urkullu hizo esas declaraciones en el pleno de control que celebra el Parlamento vasco. Era su respuesta a una pregunta de EH Bildu sobre la situación de Iparragirre. Pese a que el auto sostiene que el preso se niega a recibir medicación, el diputado de EH Bildu denunció que la permanencia en prisión del etarra "dificulta" los tratamientos médicos que ha de seguir. "No puede estar en la cárcel; es incompatible con su enfermedad", dijo.

El mismo trato que a De Juana Chaos

El preso etarra, en la cárcel desde 2010, había pedido que se le aplicase el mismo artículo del reglamento penitenciario (100.2) que en su día sirvió para excarcelar a De Juana Chaos tras su huelga de hambre. Paralelamente Iparraguirre solicitó una suspensión de su condena por motivos de salud. Pero tanto Prisiones como los jueces han desestimado todas sus pretensiones.

En su resolución judicial, los magistrados recuerdan que Instituciones Penitenciarias se opuso a la excarcelación por la "negativa actitud y evolución" del preso, su "activa participación" como miembro de ETA en la cárcel y porque su "problemática médica podía ser atendida en el Centro Penitenciario". También apuntan los jueces que no ha cumplido ni una cuarta parte de su condena que, según el auto, es de 61 años.

Añaden que el estado de salud de Iparraguirre fue examinado por el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional que establece la dolencia del preso y el tratamiento adecuado a partir de los informes de los médicos de la cárcel y del Instituto de Medicina legal de Órganos Judiciales Centrales (IMLOJE).

Esos informes determinaron que "el penado presenta un tipo de enfermedad por infección de VIH estadio C3 sin tratamiento por voluntad del paciente". Precisa "que pese a esa negativa al tratamiento se mantiene estable (el preso) lo que le permite llevar una vida prácticamente normal en el Centro Penitenciario". Por todo ello, rechazan la solicitud de Iparraguirre "siendo de resaltar" su conducta "en su negativa al tratamiento".

El penado presenta un tipo de enfermedad por infección de VIH sin tratamiento por voluntad del paciente

Fuentes conocedoras de la situación del preso informaron de que Iparraguirre había rechazado el tratamiento habitual contra el sida para seguir un método naturista desaconsejado por especialistas en la materia. Aconsejado por un médico privado de su confianza, decidió apostar por este método homeopático naturista que consiste en no ingerir medicamentos.

Las prácticas naturistas son sistemáticamente desaconsejadas por los médicos expertos en esta materia. El coordinador del grupo de Infecciones de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGER), José Luis Cañada, calificó en declaraciones a Europa Press como "una insensatez" la decisión de Iparraguirre. Recordó que "no existe en ninguna revista médica de rigor, ningún trabajo que avale los métodos naturistas".

Por su parte, la madre del etarra, Angelita Burgoa, ha explicado que "Ibon tiene el VIH desde los 17 años, o sea que lleva 20 años haciendo un modo de vida completamente normal" y denunciaba que "desde que ha entrado en la cárcel ha ido continuamente para abajo, para abajo".

En cuanto a su manera de afrontar la enfermedad, aseguraba que nunca ha llevado a cabo tratamiento médico. Sólo controlaba un poco la dieta y tomaba algunas vitaminas. "Puedo decir que no ha tenido necesidad de retrovirales en estos 20 años. Y siempre ha sido una persona muy activa, de esos que no hay que decirles que se muevan, sino lo contrario, que se estén quietos", ha explicado.