El Arzobispado ha recordado que el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, se pronunció a favor de los refugiados en una carta fechada el 13 de septiembre bajo el título 'En casa hay sitio para un hermano más'.

El Arzobispado ha difundido esta carta después de que Cañizares se preguntara este miércoles en un desayuno si la "invasión de emigrantes y de refugiados es todo trigo limpio". "¿Esta invasión de emigrantes y de refugiados es todo trigo limpio?; ¿dónde quedará Europa dentro de unos años?", ha interpelado.

Tras estas declaraciones, el Arzobispado ha enviado esta tarde una carta que escribió Cañizares en septiembre en la que defiende a los refugiados. En concreto, señalaba que ante el fenómeno de la emigración, "de dramaticidad tan intensa y de urgencia tan grave", las palabras del Señor "cobran una fuerza todavía mayor y llaman a la conciencia de la Iglesia, a la conciencia de cada uno y a la de la sociedad en su conjunto", dijo en su día.

Ante la nueva realidad de migraciones, abogó por "acogerlos cordialmente para que se sientan reconocidos en toda su dignidad de hermanos, sentirnos solidarios de veras con los que sufren en su carne los efectos de la marginación y de la pobreza a la que, con frecuencia y por desgracia, se ven impelidos tantos y tantos emigrantes que vienen de otros países buscando otras condiciones de vida". Apostó por "ofrecerles hospitalidad, ser hospitalarios de verdad, sin exclusiones o posturas discriminatorias".

"La emigración —prosiguió— es un derecho que no se puede negar. Hay que reaccionar ante este hecho, mostrar sensibilidad especial hacia él. Habrá que darle sus cauces, innegablemente; reclamar muchas reformas y cambios en la sociedad mundial y favorecer en los países de origen nuevas condiciones de vida; habrá que posibilitar un nuevo orden internacional justo y humano; los países receptores de emigrantes habrán de cumplir con el deber de ordenar la inmigración para evitar conflictos y evitar que, en un plano no lejano, pierdan su identidad y su unidad".

En todo caso, consideraba "necesario" que las legislaciones fuesen generosas y equitativas, promotoras de la justicia y la paz y atentas a la solidaridad real y efectiva. "Habrá que actuar sin ponerse nerviosos, pero actuar; habrá que actuar colaborando con los poderes públicos, con los Estados y gobiernos que correspondan, pero actuar sin más dilaciones y paliar esta situación hasta que se encuentren soluciones globales y verdaderas; habrá que actuar denunciando, pero la denuncia sola no soluciona las cosas, hay que atender a los que nos llegan sabiendo que aquí los vamos a recibir como hermanos: 'Obras quiere el Señor', diría santa Teresa de Jesús".

Aseguró en su carta que la Iglesia que está en Valencia ponía en manos de los inmigrantes pisos, viviendas, locales, ropas, alimentos, ayudas económicas y servicios jurídicos: "Todos y todo para ayudar, con valentía, firmeza, decisión, confianza".

También advertía de que no había que olvidar que esta realidad "tan dolorosa" no puede "oscurecer la lucidez necesaria para salvaguardar nuestra patria común, que tiene unas raíces que hacen posible esta acogida: las raíces cristianas, que son de caridad, justicia y misericordia. Si desaparecen estas raíces todo se vendrá abajo". Terminaba así su carta: "No endurezcamos nuestro corazón: En casa hay sitio para un hermano más".

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