La de Arantza Quiroga ha sido la crónica de una dimisión anunciada. Tras siete días sin dar señales de vida, la presidenta del PP vasco reapareció este miércoles en solitario en la sede donostiarra del partido para anunciar que se marchaba y que abandonaba la política. La razón, su intento frustrado de promover un acuerdo sobre convivencia en Euskadi que implicara a todos los partidos, incluido EH Bildu. 24 horas duró su iniciativa, las que tardó el PP nacional en obligarla a retirarla, lo que Quiroga vivió como una desautorización en toda regla.

Ahora, su dimisión abre una crisis en el PP vasco a dos meses de las elecciones generales de diciembre y añade un dolor de cabeza más a la dirección general del partido, que aún está intentando digerir el fracaso cosechado en los pasados comicios catalanes, con el PSOE y Ciudadanos pisándole los talones en las encuestas y con el reciente tirón de orejas de Bruselas a los presupuestos del Gobierno.

He fracasado en el intento de aunar voluntades detrás de este objetivoLa estampida de Quiroga obliga al partido a buscar un sustituto a contrarreloj para no llegar descabezado a la cita electoral de diciembre. Y a la situación de la formación en el País Vasco se suma la que vive el partido en Navarra, Cataluña, Baleares, Aragón, Madrid, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Castilla y León, donde los presidentes actuales tienen ya un pie fuera de su cargo al frente del partido o están en cuarentena.

Para colmo, el terremoto Quiroga se producía el mismo día que el PP "desayunaba" con una entrevista a El Mundo del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en la que decía, entre otras perlas, que algunos compañeros suyos se avergonzaban "de ser del PP". Las declaraciones de Montoro han producido un profundo impacto en el partido, y para rematar, la diputaba popular Cayetana Álvarez de Toledo anunció entre durísimas críticas al presidente Rajoy que no iría en las listas electorales del partido.

 "Volvería a presentar una y mil veces" la moción, dijo Quiroga en relación a la ponencia que ha sido el detonante de su marcha. En ella, se hablaba de "deslegitimación definitiva del terrorismo" y "rechazo de la violencia", pero no de condena expresa a ETA, algo que fue aplaudido por EH Bildu pero censurado por dirigentes nacionales del PP y criticado por una asociación de víctimas del terrorismo (AVT).

El PP "debe ser también la vanguardia en la búsqueda de la convivencia en libertad, en paz, desde la deslegitimación del terrorismo, desde la verdad y de la justicia con las víctimas del terrorismo", dijo este miércoles Quiroga sobre el objetivo de su iniciativa, a la que pretendía sumar a todos los partidos y a la que concebía como "una oportunidad para resolver la asignatura de la convivencia" en Euskadi.

"He fracasado en el intento de aunar voluntades detrás de este objetivo (...). Lo más honesto es apartarse para que otros puedan coger el relevo", afirmaba. Ahora, con solo 43 años y tras 20 años de carrera política, la deja para "desintoxicarse" y dedicarse a "una vida más tranquila".

La hasta ahora presidenta del PP vasco se dirigió a las víctimas del terrorismo, y pidió disculpas a aquellas que "se hayan sentido ofendidas". "Nunca jamás era mi intención herir sus sentimientos, porque durante estos años he trabajado para ser su voz". "He tratado durante estos dos años de entender que el PP tenía que hacer una transición desde la resistencia hasta la influencia", explicó.

Prisas por encontrar sucesor

Quiroga reconoció que desde el PP le pidieron que retirase la iniciativa parlamentaria de crear una comisión sobre libertad y convivencia, y que el jueves, un día después de retirar la moción, comunicó su intención de dimitir a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, quien le pidió que se tomara unos días para pensarlo bien. Al fin, tras siete días de mutismo que han sacado de quicio a sus compañeros de partido, anunció que su liderazgo llega a su fin. Han sido dos años y cinco meses de lucha a contracorriente, pero Quiroga, sin una palabra de reproche, dijo adiós sin pronunciar una palabra acerca de su posible sucesor.

Este podría ser nombrado en una semana por una Junta Directiva Regional, el mismo procedimiento por el que Quiroga relevó a Antonio Basagoiti. Según han informado fuentes del PP vasco, el partido no puede dejar vacante la Presidencia, por lo que debe actuar "rápido" y acordar el nombre del sucesor de Quiroga, tanto entre los dirigentes regionales de la formación como con la dirección nacional del Partido Popular.

El presidente del PP en Gipuzkoa, Borja Sémper, se apresuró a reclamar independencia a Génova nada más conocer la noticia. Apremió al partido a tomar "decisiones urgentes", que deben ser adoptadas "en Euskadi" entre los "militantes del PP vasco sin tutelas" de la dirección nacional. Precisamente, Sémper es uno de los que suenan como "presidenciables", junto a la actual secretaria general, la vizcaína Nerea Llanos.

Javier Maroto, exalcalde de Vitoria y vicesecretario sectorial del PP, también insistió en esta dia, al tiempo que aprovechó para descartarse como posible candidato.

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