Diego M. N. y Rubén M. N., los dos hermanos imputados por el delito de asesinato de su otro hermano, Roberto M.N., en la madrugada del 18 al 19 de julio de 2012 en la localidad conquense de Campillo de Altobuey, se han declarado inocentes de los hechos que se les imputan ante el Tribunal del Jurado que les juzga desde este martes en la Audiencia Provincial de Cuenca y han acusado a su padre, A.M.S, que se autoinculpó y estuvo imputado hasta que se suicidó, ahorcándose, el 18 de septiembre de 2013.

Los dos hermanos, que permanecieron en prisión provisional por esta causa entre el 3 de enero y el 1 de julio de 2013, han declarado, asimismo, que su hermano le hacía "la vida absolutamente imposible" a toda la familia.

El primero en prestar declaración ante el Tribunal del Jurado, compuesto por siete mujeres y dos hombres, ha sido Diego M.N., quien ha reconocido que la relación con Roberto "era bastante mala, porque nos insultaba, nos amenazaba, nos pegaba y nos hacía la vida absolutamente imposible".

La víctima "no trabajaba, lo único que hacía era comer, dormir y beber muchísimo, una garrafa de cinco litros de vino cada dos días", ha explicado su hermano, que ha negado que Rubén y él hubieran hurdido un plan para matar a su hermano sin ser descubiertos.

En su declaración, Diego ha explicitado, además, que "tenía poco trato" con Roberto, al que "evitaba", así como que era el padre de ambos el que "más estaba con él y le plantaba más cara", asegurando que "ya no aguantaba más y que le daba miedo de que nos hiciese algo".

Diego ha aseverado, asimismo, que no tuvo ningún tipo de conversación con Roberto el día de los hechos, que no sabía si había bebido y que no mantuvo una pelea con él. Tampoco tiene "ni idea" de cómo la víctima pudo sufrir la lesión en cinco costillas y, a preguntas del Ministerio Fiscal, ha negado que él o su hermano Rubén disparasen sobre Roberto y hurdiesen un plan para que pareciese que el autor había sido su padre.ç

El día de los hechos

Ese día, ha sostenido, tanto él como su hermano Rubén se levantaron y, por separado, se fueron a trabajar al campo sobre las 7.00 horas. Tres horas más tarde, debido a un problema con su tractor, Diego regresó al domicilio familiar, donde se encontraban sus padres y su hermano Roberto y, poco después, llamó a Rubén para que le recogiera después de cargar una cuba con agua en la cooperativa del pueblo. Los dos acusados han defendido que volvieron juntos a sulfatar y que, quince o veinte minutos después, se enteraron de lo sucedido porque un vecino llamó a Rubén, que fue a recoger a su madre, que se encontraba haciendo la compra a esa hora.

El primero en entrar a la vivienda, acompañado de la Guardia Civil, fue Diego, quien ha admitido que "olía mucho a pólvora" y se quitó el mono de trabajo en su habitación, situada en la primera planta de la vivienda y contigua a la de Roberto y "en presencia de un agente, que lo metió en una bolsa, sin guantes" y, a continuación, se cambió de ropa y bajó a la planta baja. Al ver el cadáver de su hermano, ha incidido, creyó que la muerte "parecía reciente".

Respecto a la presencia de pólvora en la ropa que llevaban puesta esa mañana los padres y los dos imputados, así como en el pijama de estos últimos, Diego ha asegurado que "los pijamas se lo llevaron a los dos días, tras el registro del domicilio", al que no volvieron a entrar, ha relatado, "hasta las doce o la una de la madrugada", después de prestar declaración en el cuartel de la Guardia Civil de Motilla del Palancar.

Fue en ese momento, ha subrayado, cuando ambos hermanos se pusieron el pijama "para limpiar la habitación de Roberto, que tenía mucha sangre en las paredes y el suelo", mientras su madre "iba limpiando y fregando la ropa y la cama, porque el colchón lo tiramos a la basura".

La escopeta

En relación a la escopeta, ha confirmado que él no tiene licencia y que no sabía dónde la guardaba su padre, que, al igual que Roberto, era cazador. A Roberto le retiraron el permiso y el arma "tras una denuncia, porque nos pegó", mientras su padre, ha recalcado, "llevaba cinco o seis años sin cazar".

En el mismo sentido, Rubén ha corroborado que ni Diego ni él "tragábamos a Roberto, la convivencia era del todo imposible" y que la noche previa a los hechos, después de cenar, salió un rato y regresó a casa sobre la una de la madrugada.

Asimismo, ha respaldado la versión de Diego sobre lo que ocurrió a la mañana siguiente y ha confirmado que fue un vecino quien le llamó y le dijo que su padre "le había dicho que había matado a mi hermano". También ha negado que mantuvieran una discusión con su hermano esa madrugada.

Una vez producidos los hechos, al entrar en la casa para quitarse el mono de trabajo, sostiene que abrazó a su madre, cuya ropa también presentaba restos de pólvora, aunque no recuerda si hizo lo mismo con su padre, en cuya ropa y manos no vio restos de sangre.

PENAS

El Ministerio Fiscal mantiene su petición de 20 años a cada imputado por un delito de asesinato, mientras la defensa de ambos acusados ha insistido en que su padre "fue la primera persona imputada, que se autoinculpó y estuvo imputada hasta que falleció, ahorcándose en un árbol cerca de su domicilio".

"Desde el minuto uno lo dijo, motu proprio, pero no está aquí para ser juzgado", ha dicho, asegurando que no hay "ningún testigo que presenciara los hechos" que ahora se imputan a Diego y Rubén.

La primera sesión del juicio continúa esta tarde con la declaración de la madre de los acusados así como de cinco testigos más, entre ellos, el alcalde de Campillo de Altobuey, Francisco López.

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