Teresa Romero sigue de baja tras el ébola e intenta recuperar la normalidad junto a su marido

La auxiliar de enfermería Teresa Romero, acompañada de su marido Javier Limón, tras superar el virus del ébola.
La auxiliar de enfermería Teresa Romero, acompañada de su marido Javier Limón, tras superar el virus del ébola.
Fernando Albarado / EFE

La imagen que presenta hoy la zona en la que vive Teresa Romero es muy diferente a la de hace un año. El 6 de octubre de 2014 esta auxiliar de enfermería se convertía en la primera persona contagiada por ébola fuera de África y la entrada a la urbanización de Alcorcón en la que reside se llenaba de periodistas, tanto españoles como extranjeros. A ellos se sumaron en las primeras horas decenas de activistas que intentaron evitar sin éxito que su perro fuese sacrificado. Doce meses después, en esta área residencial de la localidad madrileña se respira normalidad, la misma a la que Teresa aspira volver plenamente.

Esta mujer de 45 años se infectó al atender a Manuel García Viejo, el segundo misionero repatriado a España al enfermar de ébola. Estuvo un mes aislada en una habitación del Hospital Carlos III, llegando a debatirse entre la vida y la muerte. Finalmente logró superar la infección y el 5 de noviembre recibía el alta. Tras pasar unos días de descanso en Becerreá, el municipio de las montañas de Lugo en el que vive su madre, Teresa y su marido, Javier Limón, regresaron a casa con el objetivo de recuperar la tranquilidad.

La tarea no es fácil. Su caso fue seguido minuto a minuto durante dos meses, aparecieron en algún programa de televisión y volver al anonimato es complicado. No es raro que este matrimonio se vea abordado por la prensa o que ciudadanos de a pie los reconozcan cuando se cruzan con ellos. "Lo pasa mal cuando baja a la calle y la gente la mira", cuenta a este diario una de sus vecinas.

Quienes intentan entrevistarles se topan en mayor o menor medida con su negativa a hacer declaraciones. "Estoy bien. Hago una vida lo más normal posible. Gracias por interesarte por mí pero no quiero hablar nada más", afirmaba ella hace unas semanas al periódico ABC. En los últimos días su marido también ha rehusado responder a las preguntas de 20minutos.

Su intención de permanecer alejada de los focos llevó a Teresa a declinar incluso la invitación a aportar su testimonio en el Congreso Nacional que el Sindicato de Técnicos de Enfermería celebró en mayo en Ceuta y que estuvo centrado en las enfermedades raras.

Hija adoptiva de Becerreá

El pasado jueves sin embargo la emoción por ser nombrada hija adoptiva del pueblo en el que vive su madre hizo posible que suavizara ese hermetismo. "Para mí en mi recuperación es un paso adelante, psíquicamente me da mucho subidón de energía", reconocía a la Cadena Ser en Lugo.

Ella misma anunció ese día que el próximo 5 de diciembre asistirá a recoger la distinción y que espera que el acto sea "normal, sencillo" para compartir con toda su familia, "con todo el pueblo de Becerreá", con todos sus amigos "y con todo el que quiera acudir".

Citas judiciales

Ese reconocimiento supone para Teresa una alegría tras un año muy duro, en el que no solo ha tenido que hacer frente a la enfermedad y a la presión mediática sino también a varios procesos judiciales.

Una de las últimas veces que compareció públicamente fue a principios de año, después de llegar a un acuerdo de conciliación con la médica de cabecera que la atendió en un primer momento. La facultativa había presentado una demanda de conciliación previa a la querella por injurias y calumnias contra ella por asegurar que la había informado durante aquella consulta de que había tenido contacto con personas diagnosticadas de ébola. Tras la vista celebrada el 14 de enero, la auxiliar de enfermería leyó un escrito ante los medios en el que admitía que no superó el umbral de fiebre que obligaba a activar el protocolo contra el virus y que no había informado a su médico de Atención Primaria de que había tenido contacto con los misioneros. El acuerdo establecía expresamente una rectificación pública.

Este no ha sido el único contencioso en el que se ha visto durante este tiempo. La auxiliar de enfermería denunció a Javier Rodríguez, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid cuando ella estuvo enferma, por vulnerar su derecho al honor con declaraciones en su contra. La Justicia le acaba de dar un nuevo revés al archivar el caso, archivo que sus abogados han recurrido.

Una nueva mascota

Antes de que ir a recoger el título de hija adoptiva, este jueves será otro de los pocos momentos en los que se vea a Teresa y a Javier en público: asistirán a una concentración organizada por Pacma para pedir justicia por la ejecución de su perro. También se exigirá la derogación del plan de contingencia aprobado por el Gobierno que contempla la eutanasia en el caso de sospecha de que un perro pueda estar contagiado por el ébola.

La decisión de eutanasiar a Excálibur fue adoptada, según la Comunidad de Madrid, porque era "la mejor medida posible para proteger la salud pública", pese a la opinión en contra de parte de los expertos y de parte de la sociedad. La pareja, muy afectada, recibió numerosas muestras de solidaridad.

Para intentar paliar su pérdida, Teresa y Javier adoptaron en enero una nueva mascota: una hembra de la raza American Stafford llamada Alma. Con ella se les ve pasear a diario por el pinar que hay frente a su casa.

"Evolución muy satisfactoria"

Esos paseos junto a Alma son una de las rutinas de Teresa, que de momento sigue de baja y, según distintas fuentes consultadas por este diario, luchando aún contra algunas secuelas del virus. Preguntado por este aspecto, el doctor José Ramón Arribas se limita a responder que continúa acudiendo a revisiones en el Hospital Carlos III. "Se le está haciendo un seguimiento por parte del equipo clínico y la evolución es muy satisfactoria", explica el jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Servicio de Medicina Interna de La Paz, centro al que se encuentra adscrito el Carlos III.

La incógnita radica en cuánto tiempo durarán esas revisiones. "No hay experiencia de seguir a pacientes que hayan sobrevivido a esta enfermedad. No hay pautas. La paciente está curada completamente pero es muy interesante desde el punto de vista médico. Hay iniciativas en todo el mundo de seguir a estos pacientes prolongadamente, porque la medicina moderna no se había encontrado antes con ellos", agrega el médico.

No en vano, el de Teresa fue el primer caso de contagio de ébola fuera del continente africano y eso generó muchas dudas e inquietudes, sobre todo al principio. Aquellos primeros días del pasado otoño tampoco fueron fáciles para sus vecinos, muchos de los cuales reconocían su miedo ante lo cerca que creían haber estado de la enfermedad.

Hoy aquel temor está superado y nadie parece tener presente en el día a día lo vivido hace un año. Vecinos de la urbanización afirman que al matrimonio se le ve menos que antes pero coinciden en que ambos tienen un trato amable y cordial y que hacen una vida normal, meta en la que la mayoría intenta ayudarles. "Yo me limito a preguntarle qué tal está. Me responde que bien y seguimos hablando tranquilamente de otras cosas", comenta una mujer mayor a punto de entrar a la urbanización con su perro. "Han tenido que hacer frente a un acoso sin buscarlo", opina otro de los residentes, antes de añadir: "Tienes que ponerte en su lugar y facilitarles la vuelta a la normalidad".

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