El infierno sirio: de la primavera árabe al dictador necesario

  • Bachar al Asad "ha sido imprescindible para la destrucción del país y la aparición de extremismos", afirman los expertos consultados.
  • Sin embargo, poco a poco va ganando legitimidad y occidente empieza a verlo como un mal menor y un colaborador necesario.
  • Obama se reunirá esta semana con Putin, principal aliado de Asad.
  • La guerra en Siria ya ha causado 250.000 muertos y millones de refugiados.
El presidente sirio Bachar al Asad (derecha) durante una visita a la ciudad predominantemente cristiana de Malula, en Siria.
El presidente sirio Bachar al Asad (derecha) durante una visita a la ciudad predominantemente cristiana de Malula, en Siria.
EFE

La foto de un niño de tres años ahogado en una playa y, tras él, la mayor crisis migratoria y de refugiados desde la II Guerra Mundial. Ha sido ahora, cuando el problema ha llegado a sus fronteras y le ha estallado en la cara, cuando Europa ha vuelto los ojos hacia Siria, pero sus ciudadanos llevan más de cuatro años y medio sufriendo en sus carnes una guerra cruel y descarnada olvidada por la comunidad internacional. Hasta ahora.

Todo empezó con un grafiti, el que pintaron un grupo de niños y adolescentes contra el presidente, Bachar Al Asad, cuya familia lleva en el poder desde 1971. Su arresto fue la chispa que prendió la mecha de la revuelta popular, basada en manifestaciones pacíficas contra un dictador y fraguadas al calor de las primaveras árabes. Protestaban contra la pobreza, la corrupción y las violaciones de derechos humanos, y exigían prosperidad, democracia y libertades civiles. Pero a las promesas iniciales de Al Asad pronto las sustituyó una brutal represión militar que acabó en una guerra de todos contra todos y que ya ha provocado 250.000 muertos y millones de refugiados.

Y de fondo, un juego de poder e intereses, un delicado equilibrio de fuerzas en el que los actores externos y sus apoyos juegan un papel fundamental. Irán y Rusia por un lado, aliados de al Asad; Arabia Saudí y los países del golfo, por otro, apoyando a los grupos yihadistas; un bloque occidental liderado por EE UU, que apoya a los rebeldes moderados y, frente a todos ellos, el temible Estado Islámico (EI).

Y mientras Europa se atasca en debates sobre cifras y cuotas, los muertos y los refugiados aumentan y Al Asad, otrora el gran enemigo a batir, poco a poco va ganando legitimidad y empieza a ser visto por la comunidad internacional como el mal menor y el colaborador necesario. Pero, ¿Es él el problema o es parte de la solución?

Para Haizam Amirah Fernández, experto en Mediterráneo y Mundo Árabe e investigador del Real Instituo Elcano, "Asad ha sido una condición imprescindible para la destrucción del país y la aparición de extremismos de distintos tipos. Él es la principal fuente de la radicalización dentro de Siria”, afirma.

"Pudo evitar la destrucción de Siria en 2011, pero optó por la solución militar extrema. La mayoría de muertos son a manos del régimen y de sus milicias armadas, que les hacen el trabajo sucio a dónde no llega el Ejército”. "Sin quitar responsabilidad a las barbaridades de los extremistas, claro, pero el régimen, desde que inició su brutal represión, lanza barriles bomba a diario sobre zonas pobladas. Aviación militar, misiles scud, armas prohibidas... y todo ello con total impunidad", añade.

Estrategia de "terrorificación"

"La situación de la población, en situaciones extremas, es caldo de cultivo para el extremismo, no solo en Siria. EI se nutre del caos, de la desesperación de una población machacada, desesperanza y aprovechada por otros. La mayor amenaza para Europa es la desesperación de sirios e irakíes”, asegura. "La aventura de Irak tiene mucho que ver en esto".

Eduard Soler, experto en seguridad regional en el Mediterráneo y en Oriente Medio, comparte esta idea. "La magnitud del conflicto no se explica sin Asad. Ha llevado a cabo una estrategia deliberada de terrorificación para hacerse presentable hacia afuera y hacia dentro".

"Al-Asad ha calificado a toda la oposición de terroristas, poniendo en el mismo saco al muy debilitado Ejército Libre Sirio (ELS) y a las diferentes milicias islamistas", explica Soler. "Mezcla al EI con grupos que no comparten su ideario y sus métodos, creando una estrategia del miedo con la que busca garantizarse la fidelidad o neutralidad de las minorías en Siria, pero también apoyos regionales en Irán e IraK y presentarse ante la comunidad internacional como una mal menor".

Y, a la vista de los acontecimientos, parece que le está funcionando. Asad ya no es, como al principio de la guerra, el enemigo a batir: ahora es el yihadismo. Al inicio del conflicto, el presidente de EE UU, Barack Obama, pedía la marcha del dictador. Después marcó una línea roja: si usaba armas químicas, EE UU intervendría. Pero cuando en 2013 tuvo pruebas de que las usó, cedió ante la presión rusa y evitó intervenir. Lo hizo un año después, pero no contra al Asad, sino contra las posiciones del EI a través de bombardeos selectivos. Después puso en marcha un plan para armar y entrenar a rebeldes moderados, ahora frenado, y el último paso ha sido iniciar un diálogo con Rusia, que presta apoyo político y militar a Asad, para tratar de buscar una salida.

Cambio de táctica

Una salida que, en opinión de estos expertos, pasa por el fin de la impunidad y por un cambio de estrategia de los actores externos, claves en el conflicto. "Un régimen que siente una impunidad total para actuar de forma violenta, ¿qué incentivo tiene para negociar?", afirma Haizam Amirah. "Es necesario que el régimen no sienta que tiene carta blanca, y en paralelo, habría que forzar un cese de los ataques a través de los actores externos que los apoyan; forzar un cambio de las posiciones negociadoras".

El deshielo entre EE UU e Irán gracias al histórico pacto antinuclear y el hecho de que Obama y el presidente ruso, Vladimir Putin, vayan a reunirse esta semana por primera vez desde el inicio de la crisis ucrania en 2014 son pasos en la buena dirección. "Rusia e Irán son los dos pulmones que le han dado aire a Asad. La gran incógnita es hasta dónde están dispuestos a llegar en su respaldo, cuando dirán que se está llegando demasiado lejos", subraya Soler.

En cuanto a la opción militar, muy focalizada en los territorios de EI, Soler insiste en lo que considera un principio fundamental: "No causar más daño del que intentas resolver. Hay que ser muy cuidadoso. Ahora se hacen bombardeos ocasionales y controlados, pero eso no va a decantar el curso del conflicto".

"Hay que aprender de experiencias anteriores y evitar el vacío de poder. Se necesita apoyo internacional, un gobierno inclusivo en Damasco y un acercamiento de posiciones entre las principales potencias regionales". La pregunta es, a su juicio, si la cabeza de al-Asad será el precio a pagar, ya sea como resultado de las negociaciones o como condición previa a estas. Visto el curso de los acontecimientos, todo apunta más bien a lo primero.

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