No quieren ir a clase o sus padres no los llevan. 1.192  alumnos granadinos, entre los 6 y los 16 años, han faltado este curso al colegio más de cinco días en un mes sin causa justificada en el caso de primaria y 25 horas, los de secundaria.

La cifra es la más baja en los últimos cinco años, cuando se puso en marcha el plan contra el absentismo escolar.  Sólo en los últimos dos años  el número se ha reducido un 50%. Durante el curso 2004-2005, 2.348 estudiantes hicieron rabona de forma regular, mientras que el año pasado la cifra se situó en los 1.192.

Los casos en los que ha tenido que intervenir un juez también se han reducido y este curso 352 alumnos y sus respectivas familias (234 menos que en el 2004-2005)  han pasado por los despachos de los mediadores.

Las poblaciones más grandes, como la capital, siguen teniendo las mayores bolsas de niños reacios a las clases. «En Granada el problema principal se encuentran en Almanjáyar, donde las asociaciones que trabajan con la población gitana están realizando una gran labor para acabar con las faltas de asistencia», afirma Antonio Lara, delegado de Educación.

El absentismo escolar, sin embargo, sigue siendo una de las mayores preocupaciones de Educación, que este año invertirá en Granada 410.953 euros en 31 convenios con 18 ayuntamientos y 11 asociaciones para intervenir en 86 centros educativos de la provincia.

El plan prevé 128 programas especiales de actividades extraescolares y de apoyo repartidos por toda la provincia (75 más que el año pasado),  con especial atención en Granada, Íllora, Santa Fe, Iznalloz, Motril o Valderrubio.

Datos informatizados

La Junta incluirá en su sistema de información entre centros (Aplicación Informática Séneca) un apartado especial para absentismo en el que se crearán fichas individuales sobre los alumnos y las actuaciones que se realizan para corregir su conducta. Este programa divide el absentismo en: temporero, padres que trabajan en el campo y se marchan con sus hijos (es el menos común); académico, el niño no va a clase porque no quiere (el más habitual), y social, la familia no lleva al menor al colegio.