Un total de 23 intérpretes procedentes de una docena de países competirán en el XIX Concurso Internacional de Piano de Valencia 'Premio Iturbi, que se celebra en el Palau de la Música desde este martes y hasta el próximo 26 de septiembre. El certamen ha triplicado este año el número de solicitudes —hasta llegar a las 80—, lo que prueba el prestigio de esta cita, que su director artístico, Joaquín Soriano, ha comparado con "un mundial" de fútbol.

El concurso ha sido presentado en rueda de prensa por el propio Soriano, el diputado de Cultura de la Diputación de Valencia, Xavier Rius, y el jefe del Servicio de Cultura de la corporación provincal, Mario Carrión.

Un jurado internacional eligió a las más de 20 jóvenes promesas del piano que pugnan en la capital valenciana por hacerse con el primer premio, dotado con 18.000 euros por la Diputación, la edición de un CD y una serie de conciertos y recitales.

También se concederá un segundo galardón, valorado en 12.00 euros y conciertos; un tercero (6.000 euros y actuaciones); cuarto (4.000 euros); quinto (3.000 que aporta el Ayuntamiento de Valencia); y sexto (1.900 euros por la Sociedad Filarmónia de Valencia). El palmarés incluye también distinciones especiales que otorgan patrocinadores privados, como Kawai, Yamaha, Clemente Pianos y Fundación Banco Sabadell. El concurso cuenta con un presupuesto de alrededor de 230.000 euros.

Entre los candidatos elegidos hay tres españoles, aunque esta vez ninguno de ellos de la Comunitat Valenciana, lo que demuestra la imparcialidad "y asepsia" del concurso, ha destacado el diputado Rius, El resrto llegan de Rusia, China, Francia, Taiwan, Polonia, Italia, Suiza, Georgia, Austria, Japón e Israel.

Joaquín Soriano ha subrayado la altísima calidad de los seleccionados, por lo que ha augurado un certamen "fenomenal". Los jóvenes podrán tocar al menos dos veces —ya que la primera prueba no será eliminatoria— para poder elegir a los finalistas y, por último, al ganador.

"RESUCITADOR"

El director artístico ha recalcado la fama de esta iniciativa cultural y ha recordado casos como el del primer ganador, el valenciano Josu de Solaun, quien ha desarrollado una exitosa carrera a partir de ese triunfo y actualmente enseña en la Universidad de Houston (Estados Unidos). Para Soriano, el prestigio del Iturbi reside, entre otras cuestiones, es que prima "el contenido msuical frente al mecánico". "El intérprete es un resucitador que tiene que recrear el mundo en el que fue concebido el sonido", ha aseverado.

Por su parte, Xavier Rius ha coincido en resaltar el prestigio del certamen y ha adelantado que su departando está "buscando fórmulas" para que entre las convocatorias bienales del concurso —ha precisado que no sería conveniente hacerlo anualnmente por la complejidad de la organización—, como ciclos de conciertos o un "miniIturbi".

Además, y como homenaje al gran pianista valenciano que da nombre al concurso, el viernes se llevará a cabo un acto por la donación, por parte del melómano americano Doug Lynn a la Diputación, del piano vertical espineta, firmado en su bastidor por el músico valenciano José Iturbi.

El instrumento es el que utilizaba para ensayar José Iturbi durante su estancia en el Hotel Plaza de Nueva York mientras preparaab varios conciertos con la Orquesta Filarmónica, de la que era director. Movido por el prestigio del certamen de piano, Lynn se puso en contacto con la Diputación para solicitar información y cuando lo conoció consideró que la pieza debía estar en Valencia custodiada por esa institución, ha explicado Rius.

Historia del piano

La historia del piano arranca en los años 30, cuando la empresa Baldwin cedió un espineta al Hotel Plaza de Nueva York donde se hospedaba José Iturbi para que el músico ensayara sus conciertos. Tras su estancia en la suite de ensayos, Iturbi firmó en el bastidor en agradecimiento al gesto de la empresa de pianos Baldwin.

El relato continúa con el jefe de ventas de Baldwin y representante de artistas, Jack Roman, quien entabló amistad con la familia Bernheim durante unos meses de trabajo en el Gran Cañón. Ambos, Roman y los Bernheim, compartieron numerosas veladas musicales y, con el tiempo, los Bernheim decidieron comprar el piano en cuestión. Pasados unos años, en la década de los 70, Charles Bernheim hijo decidió vender el piano a Denny y Peggy Hatch, un matrimonio de Stamford Connecticut que años después decidirá mudarse a Philadelphia.

Como el piano no cabía en el nuevo domicilio y decidieron venderlo a sus vecinos de Stamford, los Lynn, cuyo hijo Doug es el último propietario del piano y quien ha decidido donar la pieza a la Diputación de Valencia.

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