Francisco Oller (Puerto Rican, 1833–1917). Hacienda La Fortuna, 1885
El ingenio azucarero La Fortuna, uno de los cuadros más famosos del impresionista puertorriqueño Francisco Oller Brooklyn Museum. Brooklyn Museum photograph

Cuando tenía 15 años, el joven empleado del departamento del Tesoro de Puerto Rico Francisco Oller Cestero (1833-1917) se atrevió a dibujar unas agudas caricaturas del jefe de la oficina. Fue despedido por el atrevimiento, pero el capitán general de la isla, el militar liberal español Juan Prim, adivinó en los dibujos algo más que la chanza: vio en ellos el potencial por desarrollar de un futuro artista y ofreció al chico una beca para estudiar pintura en Europa.

Aunque los padres del muchacho, asentados en Bayamón, en la costa norte de la isla, agradecieron la oferta, la rechazaron porque consideraban que el chico, que había estudiado dibujo y pintura desde los 11 años, era demasiado joven para vivir por su cuenta en Europa. Tres años más tarde, cuando ya había alcanzado los 18, no lo pudieron detener y Oller viajó a Madrid. Lo admitieron en la Real Academia de Bellas Artes San Fernando bajo la tutoría del artista romántico Federico Madrazo, que sería director del Museo del Prado.

En la capital artística del mundo

Madrid y los cánones algo trasnochados del maestro no eran lo que buscaba el artista puertorriqueño, que ya apuntaba maneras de excelencia y deseaba recorrer los emocionantes caminos de cambio que se presentían en el último cuarto del siglo XIX, con el nuevo siglo llamando a la puerta. En 1858 hizo de nuevo las maletas y se mudó a la capital artística del mundo en aquel entonces, París.

De Coubert aprendió a entender el mundo con una mirada socialmente comprometida Estudió primero con Thomas Couture, que ha pasado a la historia por ser el profesor de Édouard Manet, y después se matriculó en la escuela del Louvre, donde le dio clases el realista, republicano y socialista Gustave Courbet, de quien no sólo aprendió a perfeccionar la técnica, sino también a ver el mundo y entender sus paradojas e injusticias con una mirada socialmente comprometida.

Barítono para ganarse la vida

Oller no perdió el tiempo en la fascinante urbe francesa. Para ganar algo de dinero cantaba en algunas óperas —era un competente barítono— y para atesorar experiencias frecuentaba los cafés y tertulias artísticas parisinas. Así se hizo amigo de Amigo de Pissarro, Cézanne, Monet y Renoir, y entró en el grupo fundacional del revolucionario movimiento impresionista —cuyo arranque oficioso es es el cuadro de Monet Impresión: soleil levant (Impresión, sol naciente, 1872-1873), aunque el inglés Turner ya había vaticinado el estilo unos años antes—.

Participó en la exposición colectiva del 'Salón de los rechazados' Camarada de aquellos rupturistas que preconizaban la necesidad de plasmar la luz sin que importara demasiado la forma o identidad del tema o motivo, Oller se convirtió en el único impresionista hispanoamericano de la primera hornada. Aunque el suyo era un estilo que se balanceaba entre la impresión y el realismo —no era tan radical como Renoir o Cézanne, pero intentaba adoptar siempre el placer hedonista ante la vida que definía filosóficamente al  movimiento—, fue considerado impresionista de pleno derecho e invitado a participar en exposiciones colectivas, como la del Salon des Refusés (Salón de los rechazados), montada por los creadores no admitidos por la ortodoxia académica.

84 óleos y dibujos

La exposición Impressionism and the Caribbean: Francisco Oller and His Transatlantic World (El impresionismo y el Caribe: Francisco Oller y su mundo transatlántic0) es una necesaria antología de un artista no conocido en exceso pero de gran interés plástico, personal y social. Presenta 84 óleos, dibujos y acuarelas de Oller, sus predecesores y contemporáneos, y estará en cartel, de 2 de octubre al 3 de enero de 2016 en el Museo de Brooklyn (Nueva York-EE UU). Luego viajará al Museo de Arte de Puerto Rico de San Juan (del 29 de enero al 24 de abril).

Desde el XVIII, el Caribe fue una región de intensa creatividad La exposición examina el intercambio entre Europa y el Caribe en el siglo XVIII y presenta esta segunda zona geográfica como "una región de intensa creatividad", donde los artistas locales "se entremezclan con los extranjeros" hasta el siglo XX. Buen ejemplo de la tesis es Oller, que cruzó varias docenas de veces el Atlántico y participó de modo activo en la vida cultural de Puerto Rico, donde e 1868 fundó la Academia de Arte Libre y en 1884 promovió una escuela de arte para chicas jóvenes, intentando que las mujeres artistas no fuesen condenadas al ninguneo en un ambiente social muy machista.

El ingenio azucarero de un industrial catalán

Además de las principales obras de Oller, entre ellas Hacienda La Fortuna (1885), un luminoso panorama, encargado por un industrial catalán, de un ingenio azucarero que es considerada su pieza maestra, y el retrato que el pintor de Puerto Rico hizo de Cézanne pintando al aire libre, la exposición incluye obras de sus amigos Cézanne y, sobre todo, Pissarro, nacido en las colonias caribeñas de Dinamarca y, por tanto, más cercano que ningún otro impresionista a la visión del puertorriqueño.

Un artista con una profunda conexión con Puerto Rico Los organizadores destacan el interés de Oller por mostrar ambientes y temas de su país a un público internacional. La "profunda conexión" del artista con Puerto Rico es notable en los paisajes tropicales, los bodegones con frutas y verduras autóctonas y los retratos que pintó de otros artistas e intelectuales de la isla. Añaden el "papel clave" que jugó en la reforma educativa gracias a la fundación y mecenazgo de escuelas gratuitas y a los varios tratados que escribió sobre arte y ética.