Calle, miseria, patera, carretera, Bilbao y centro de acogida. Los 472 menores inmigrantes no acompañados que llegaron el pasado año a Vizcaya (un 29,3% más que en 2005) han superado un largo camino de obstáculos antes de alcanzar los 18 años.

Mientras son menores de edad, la Diputación los acoge en sus centros o pisos, los alimenta y los da formación. Pero al cumplir los 18, ya se les toma como adultos. Deben abandonar el centro de acogida. Y empieza otra batalla.

«Imagínate: 18 años, sin estudios acabados, sin dominar bien el castellano, te dan un petate y te dejan en la puerta del centro de acogida», protesta Diego Jauregi, portavoz de SOS Racismo en Vizcaya.

Antes de 2009, 184 menores extranjeros acogidos en 2006 en Vizcaya cumplirán los 18 años. Y eso si en estos meses no llegan más con los 17 años bien cumplidos.

Para quienes cumplen los 18 años, la Diputación de Vizcaya cuenta con 113 plazas de proyectos de emancipación. Estos programas permiten a los nuevos adultos seguir viviendo en los centros y pisos tutelados. Mientras, aprenden un oficio, y un equipo de educadores los ayudan a buscar empleo, alquilar una casa... También les dan apoyo social y emocional. «Pero el número de plazas es escaso», recuerda Jauregi.

Eso sí, para acceder a los proyectos de emancipación, es necesario que el chaval demuestre ganas de trabajar, aprender... Por lo general, la Diputación trata de dar papeles a los menores foráneos antes de cumplir los 18 años, según explican desde Agiantza, una de las asociaciones que desarrollan los programas de emancipación. Pero algunos se quedan en la calle en una incierta ilegalidad.

Radiografía para averiguar la edad

Muchos jóvenes inmigrantes que llegan a Vizcaya no tienen documentación. Hasta los 18 años la Diputación de Vizcaya tiene la obligación de encargarse de ellos. A partir de esa edad, no. Por eso, los servicios forales realizan pruebas forenses para conocer su edad. Hacen radiografías de muñecas y mandíbula. «El margen de error es grande. Además, será mejor proteger a un chaval de 19 años, aunque la ley no obligue, que dejar fuera a uno de 17», valora Diego Jauregi, de SOS Racismo.

Afrontar una vida partiendo de cero

Bernart Baltza. Coordinador de Agiantza.  

«Les damos un plan de vida»

«En el piso de la asociación viven cuatro chavales inmigrantes en proceso de emancipación. Sólo seleccionamos a quienes tienen claro sus objetivos. Aquí les hacemos un plan de trabajo de ocho meses. Lo primero es que clarifiquen qué plan de vida quieren. Luego, los tres profesionales que trabajamos con ellos intermediamos con las empresas para que encuentren empleo. Les hacemos ahorrar 600 euros para que al salir puedan alquilar una casa. Y cuidamos sus relaciones. Que puedan mantener su religión, su relación con la familia...».