Las mujeres y los hombres son diferentes también en cuanto a los problemas de salud y el modo de abordar la enfermedad, algo que la medicina ha descubierto recientemente y cuyo conocimiento puede ser útil para mejorar las condiciones físicas de la población.

"No somos iguales", afirma Marianne Legato estadounidense experta en medicina de género, en una entrevista en el último número del semanario austríaco Profil.

Cuenta que faltan datos científicos sobre las condiciones biológicas específicas de la mujer y su impacto en la salud porque los estudios clínicos se han centrado tradicionalmente en el varón.

Las desigualdades pueden tener consecuencias graves, porque la mayoría de los médicos tienden a tratar a todos los pacientes de la misma manera

Las desigualdades pueden tener consecuencias graves, porque la mayoría de los médicos tienden a tratar a todos los pacientes de la misma manera, y las mujeres tienen menos posibilidades de aprovechar los beneficios de terapias adaptadas a su condición especial.

Medicamentos de riesgo si se es mujer

Hay medicamentos para las enfermedades cardíacas que implican un riesgo elevado para las mujeres como, por ejemplo, los efectos secundarios por incompatibilidad de inhibidores de ECA, unos medicamentos de profilaxis contra el infarto cardíaco, mal al que las mujeres son cuatro veces más propensas que los hombres.

Sin embargo, se ha observado que hay factores específicos de género en el valor ph del ácido gástrico y en la absorción de los fármacos y, así, la aspirina protege mejor de un infarto cardíaco al hombre que a la mujer.

También, los síntomas de un infarto cardíaco son diferentes: en ellas se manifiesta como un malestar y dolores difíciles de identificar en el pecho y vientre, lo que a menudo lleva a los médicos a una pista equivocada.

Sin embargo, los hombres de menos de 50 años enferman con más frecuencia de infarto que las mujeres de la misma edad, que están más inclinadas a las depresiones.

No hay un sexo débil

Marianne Legato insiste en que destacar las diferencias no equivale a afirmar que haya un sexo más débil o menos capacitado que el otro, ni tampoco la superioridad del género femenino.

A su modo de ver, hombres y mujeres están en condiciones de enfrentarse con igual eficacia a los retos intelectuales, aunque los superan con ayuda de regiones diferentes de sus cerebros.

Basándose en informaciones de la academia militar estadounidense de West Point, Legato señala que las mujeres están más dotadas para trabajar en equipo y tienen ideas más interesantes sobre los modelos de liderazgo.

Las mujeres saben interpretar mejor la expresión de una cara, hecho que puede estar relacionado con que la mujer ha aprendido a comprender los mensajes no verbales de los bebés

También llega a la conclusión de que existen diferencias en la capacidad de la percepción tridimensional. Por ello, las mujeres saben interpretar mejor la expresión de una cara, hecho que, según la científica, puede estar relacionado con que la mujer ha aprendido a lo largo de la evolución humana a comprender los mensajes no verbales y las necesidades mostradas por los bebés.

Idiomas del dolor

Otra diferencia muy acusada se registra en la manera en que hombres y mujeres se comportan cuando están enfermos y de cómo hablan de sus dolencias con el médico.

El lingüista vienés Florian Menz distingue "idiomas del dolor" diferentes cuando los enfermos comunican datos esenciales al terapeuta, como el grado y la duración de un dolor.

La mujer "se expresa de manera más difusa y a veces rebaja la intensidad de las molestias o las describe como poco importantes"; recurre a expresiones metafóricas y reflexiona sobre sus posibles causas, lo que suele impacientar a algunos médicos, dijo Menz a la revista Profil.

Según la psiquiatra austríaca Gabriele Fischer, las enfermedades de la mujer se relacionan frecuentemente por error con su condición femenina y se generan diagnósticos equivocados, porque hay dolencias que no se toman lo suficientemente en serio achacándolas al ciclo femenino u hormonal.

También ellas tienen mas tendencia a tomar antidepresivos, fármacos que no son tan inofensivos como puede parecer, porque como ocurre con las benzodiazepinas, tomadas durante mucho tiempo crean dependencia y en el embarazo pueden provocar malformaciones en la cara del bebé o un síndrome de supresión.