Desmontan pieza por pieza una casa de Frank Lloyd Wright y la reconstruyen en un museo

  • La vivienda, una de las más armónicas del maestro de la arquitectura orgánica, fue construida en 1954 en una zona boscosa de Nueva Jersey.
  • El Museo Crystal Bridges de Bentonville (Arkansas) la ha comprado, desmontado, trasladado 1.900 kilómetros y vuelto a montar en los jardines de la pinacoteca.
  • Está a punto de ser abierta al público y será una infrecuente posibilidad de entrar en una casa diseñada por uno de los grandes arquitectos de la historia.
Vista general de la parte trasera de la casa diseñada por Frank Lloyd Wright
Vista general de la parte trasera de la casa diseñada por Frank Lloyd Wright
© 2015 Crystal Bridges Museum of American Art

Para Frank Lloyd Wright (1867-1959) "lo único malo de la arquitectura son los arquitectos". La frase podría tener carácter de anatema en boca de quien quizá sea uno de los grandes constructores de casas y edificios del siglo XX, pero es adecuada si se considera que hablamos de un artista de la belleza y la armonía para quien las leyes de la arquitectura no eran las que enseñan en las facultades. Para el estadounidense la disciplina que practicó con apasionada insistencia era "ese marco mágico de la realidad que a veces rozamos cuando utilizamos la palabra orden" —otro de sus postulados, no tan paradójicamente como pueda parecer, es que el orden "emana del caos"—.

Diseñador de casas que parecen nacer de las rocas de una torrentera e hibridarse con el bosque —la Fallingwater (1937),es uno de los monumentos más bellos del siglo XX y, además, un hogar no invasivo, sincero y orgánico (Wright fue el primero en usar el adjetivo hoy tan manoseado)—, de pabellones paralelos al suelo inspirados en el arte japonés de la forma del vacío —la residencia Weltzheimer (1948)— y de edificios fundados en la idea metafísica de la espiral —el Museo Guggenheim de Nueva York (1959), que todavía es un ejemplo que intentan copiar los arquitectos de hoy—, el arquitecto era tan fiel al paisaje y lo tenía en tan adorada condición que propuso una nuevo adjetivo para su país, usonia, que podría ser un gentilicio para los nacidos en los USA mucho más cuerdo que el imperial americano que silencia a todas las demás naciones de las Américas.

Terreno cercano a la ribera de un río

Durante la etapa usoniana de su carrera, el arquitecto se dejó contagiar por el panorama, el latido del lugar, el sonido y el ritmo geodésico de los emplazamientos. Algunas de las viviendas unifamiliares que diseñó en este tiempo, como la Rosembaum (1938), son tan bellas como el más glorioso de los templos. De la época es también la más humilde pero igualmente perfecta en equilibrio y peso sobre el entorno Bachman-Wilson House, que diseñó y construyó en 1954 en Millstone (Nueva Jersey), en un terrreno cercano a la ribera del río del mismo nombre.

La casa, que pasó por manos de un par de propietarios, tenía problemas causados por las frecuentes inundaciones que sufre el área por las crecidas del río. Sus últimos dueños, los arquitectos Lawrence y Sharon Tarantino, que compraron la propiedad en 1988, decidieron buscar un comprador que garantizara la pervivencia de la obra. Lo encontraron en 2013: el Museo Crystal Bridges de Arte Americano, una pinacoteca de tamaño medio ubicada en Bentonville (Arkansas).

Reconstrucción cuidadosa

El museo se ha encargado de desmontar la casa pieza por pieza, trasladarla a lo largo de los más de 1.900 kilómetros que separan la ubicación original del museo y ahora ultima la fase de reconstrucción cuidadosa en los jardines exteriores del centro. El 11 de noviembre será abierta al público y los responsables del museo aseguran que hasta el último detalle del mobiliario y la decoración, también diseñados por Wright, son originales.

El arquitecto adoptó un plan de diseño sostenible, reduciendo al mínimo el tamaño de la casa, instalando un sistema pionero de aprovechamiento pasivo del calor solar y de aprovechamiento del residual y el radiante. Sobre la base de un módulo de unidad de rejilla, los materiales exteriores son bloques de concreto, madera de caoba filipina y cristaleras de más de tres metros de alto en una pared completa.

Aunque la fachada frontal de bloques de hormigón tiene una apariencia de fortaleza para garantizar la privacidad de los habitantes, la parte trasera, con espectaculares balcones en voladizo con largas bancadas para sentarse, está pensada para que sirva como un altar de contemplación y mímesis con la naturaleza. El edificio tiene un total de 24 ventanas y la decoración interior, sobria y basada en líneas rectas, juega con algunos elementos geométricos inspirados en al arte de los nativos americanos.

Entrada en pequeños grupos

El museo, que ha contado con la colaboración de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Arkansas durante el proceso de reconstrucción, anuncia que la casa sólo admitirá visitas de pequeños grupos, no se permitirá tocar los elementos estructurales y decorativos y tampoco comer, beber o hacer fotos en el interior.

A la hora de precisar cuánto ha costado todo el proceso de compra, desmontaje, traslado y remontaje, los responsables del museo esquivan el asunto. "Cuando un objeto es elegido por su contribución a la narrativa de la historia de un país y al igual que otros museos, preferimos no hablar de costes. Consideramos que la casa tiene un incalculable valor para nuestro museo y nuestros visitantes".

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