El Centro de Estudios Andaluces edita tres joyas bibliográficas sobre las raíces andaluzas. «Para acabar de cansarnos, fue preciso subir al campanario: lo llaman la Giralda a causa de una figura de bronce dorado que da vueltas y señala de dónde viene el viento». Así describe Jean-Baptiste Labat, un fraile dominico de París, la Giralda sevillana al conocerla por primera vez en 1706. El fragmento está en su libro Viaje por Andalucía, que escribió en el siglo XVIII. Es uno de los tres libros que el Centro de Estudios Andaluces acaba de editar dentro de su colección Los viajeros. Los otros títulos son Viaje por las escuelas de Andalucía, de Luis Bello, y Religión y Estado en la España del siglo XVI, de Fernando de los Ríos. Estas tres joyas bibliográficas de temática andaluza se suman a otras ya publicadas dentro del proyecto del CES y la editorial Renacimiento: rescatar del olvido esos textos clásicos, raros,  descatalogados o que nunca han sido traducidos al castellano. «Queremos que libros como éstos lleguen a librerías y bibliotecas. Permiten conocer más sobre las raíces andaluzas desde una perspectiva científica o humanista», explica el director del CES, Alfonso Yerga.

El padre Labat fue el último viajero que escribió de la Gibraltar española, y describe la dejadez de su plaza. Habla de cómo Cádiz en el XVIII estaba llena de extranjeros que venían a hacer negocios con las Indias, para lo que debían casarse con mujeres católicas.

En su obra describe una Andalucía «de gusto por las fiestas, por estar en la calle» –dice el director de la editorial Renacimiento–. «Y, al igual que la mayoría de los autores extranjeros, era muy crítico con los caminos, no había posadas suficientes, las comidas no le parecían buenas. Veía Andalucía como una tierra despoblada».