La afectada, en la plaza Calvo Sotelo de Alicante
La afectada, en la plaza Calvo Sotelo de Alicante. (DANI MADRIGAL)

«Si puedo bailar, ¿por qué no puedo trabajar». Con estas palabras se desahogaba Elsa D., una mujer de 67 años a la que en la oficina del Servef de la calle Isabel la Católica de Alicante no le han dejado inscribirse en un curso de auxiliar de enfermería para desempleados.

Con 30 años de experiencia curando y cuidando a mayores en Argentina a sus espaldas, como médica titulada, decidió venir a Alicante para echar una mano a su hija, embarazada y en paro, tras cinco años de empleos en precario.

«Tengo una pensión de 320 euros y si pago 360 de alquiler, no puedo vivir aquí», se lamenta. «Puedo trabajar: no aparento la edad que tengo», repite, disgustada.

En el Servef le dijeron que el curso era exclusivamente para demandantes de empleo entre 18 y 65 años. Desde la Conselleria de Empleo no aclaran cuál es el impedimento legal para este tipo de casos. La normativa laboral permite trabajar mientras uno sea capaz.

«Si encuentro novio, me quedaré»

«Mi padre mandaba plata entre 1936 y 1939 acá para que comieran los españoles, y yo no pido plata, sino trabajo», recuerda esta hija de españoles que emigraron a Argentina jóvenes. Ella no se queja del trato del personal del Servef, pero no entiende el sinsentido de la ley. Como de pequeña le hablaban de España –su padre era de Ávila y su madre de Toledo–, tenía ilusión por venir. «Si encuentro novio, me quedaré», comenta de broma.