Polígrafo
El gráfico no miente. Una mujer, sometiéndose a la prueba del polígrafo. (Archivo). ARCHIVO

"Vino una pareja con el coche lleno de maletas. Dependiendo de lo que dijera el polígrafo, el marido se iba o no de casa. Aquel matrimonio se rompió". Lo cuenta David Fierro, director de marketing de una empresa que, desde la semana pasada, ofrece la máquina de la verdad a particulares y a empresas.

Se pueden saber los verdaderos sentimientos de una persona o aclarar robos

Por 700 euros, pagados por adelantado, la compañía Omnis ofrece certezas. "Se pueden saber los verdaderos sentimientos de una persona o aclarar robos", explica Fierro.

Además de matrimonios, la máquina de la verdad, a la que le otorgan una fiabilidad que "actualmente roza el 100%" se usa en el ámbito laboral "para saber si un empleado hace espionaje o en los procesos de selección de las empresas, que verifican así los datos del currículum del aspirante". También las familias recurren al aparato "para resolver sus conflictos, sobre todo de dinero".

Dos horas de tensión

Aunque el polígrafo "no tiene validez en juicios, sabemos que la Policía y el Ejército los usan", asegura Fierro, que presume de que su empresa tiene el certificado de la American Polygraph Association de EE UU, país donde está implantado incluso en organismos gubernamentales.

Primero se hace una entrevista, luego el examen técnico y después el análisis de las respuestas

La prueba dura dos horas y consta de tres fases. En la primera, se entrevista a la persona que va a ser evaluada sobre el asunto a tratar. En la segunda se hace un examen técnico con el sujeto conectado a los sensores de la máquina durante veinte minutos. Por último, el postest, donde se analizan las respuestas (sólo pueden ser sí o no) y se informa al solicitante de los resultados.

El polígrafo "se ha popularizado gracias a la televisión", lo que, según Fierro, puede «desvirtuar su función».

A prueba de mentirosos

Cuando mentimos «se altera la respiración, el pulso deja de ser constante y suele acelerarse", explica Fierro.

Todo esto se detecta con una manga cardiaca que se coloca en el brazo, similar a la que sirve para tomar la tensión, y unos sensores en los dedos. Las alteraciones que sufre el cliente pasan a un ordenador. "Si la gráfica tiene muchos picos, quiere decir que estamos mintiendo".