Luces y sombras de The Cult en Madrid

  • La banda de Ian Astbury y Billy Duffy ofreció una actuación bastante irregular en La Riviera.
  • El repertorio fue brillante, pero ni el sonido ni la actitud del vocalista colmaron las expectativas.
  • "Love Removal Machine", "Rise" y "Wildflower", momentos destacados.
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Ian Astbury, durante el concierto celebrado en la madrileña sala La Riviera. (SILVIA MANZANO)
Ian Astbury, durante el concierto celebrado en la madrileña sala La Riviera. (SILVIA MANZANO)
SILVIA MANZANO

Con una La Riviera casi a reventar y con una audiencia desbordante de nostalgia e ilusión por ver en acción a una de las bandas más emblemáticas de los últimos 20 años, The Cult, pasadas las 21:30 del sábado 30 de junio, irrumpieron en la sala madrileña dispuestos a repetir la euforia que desataron el año pasado en este mismo escenario.

Los seguidores más incondicionales de la formación inglesa son conscientes del carácter imprevisible de Ian Astbury. El también frontman de Riders On The Storm, grupo tributo a The Doors y en el que, naturalmente, se encarga de emular a Jim Morrison, ha dejado para el recuerdo actuaciones gloriosas y, también, por qué no decirlo, exhibiciones de apatía y altivez bastante indigestas para algunos.

Y la de ayer, por desgracia, estuvo más cerca de las segundas que de las primeras.

Al igual que muchas otras bandas, The Cult funciona como un organismo, con el cerebro y el corazón rigiendo sus movimientos. Y el cerebro, la precisión, la templanza... todo ello lo aportó Billy Duffy, un guitarrista bastante dotado para evocar con sus riffs a todo un angus Young, o un Jimmy Page, o hasta un Keith Richards sin hacer el ridículo y, habitualmente, salir airoso con bastante brillantez.

Su exhibición fue sobria pero eficaz. Si bien el sonido no le acompañó especialmente, sobre todo en las primeras canciones donde realmente la nitidez instrumental brillaba por su ausencia, poco a poco fue despuntando y, con la soberbia "Love Removal Machine", logró entusiasmar a unos fans que, en líneas generales, no terminaron de ver colmadas sus expectativas.

Actitud fría

Y buena parte de la responsabilidad recayó en el corazón de The Cult. En el órgano tan impredecible y ajeno a las razones y la lógica que, junto a Duffy, lidera esta banda. En Ian Astbury.

El cantante, definitivamente, no completó la actuación más inspirada de su vida. Rejuvenecido, físicamente en forma y con un público totalmente entregado a la causa, Astbury desaprovechó la oportunidad de encandilar a sus fans y optó por una actitud fría y hermética, casi funcionaria, y recrudecida por unas incomprensibles gafas de sol negras que acentuaban aún más su distanciamiento.

A nivel vocal no defraudó, y en el set acústico que improvisaron hacia la mitad del concierto, donde su voz fue más exigida, hizo un buen trabajo, pero su derroche de entrega no estuvo a la altura de lo esperado, especialmente si lo comparamos con el frenesí que se respiraba en los prolegómenos del concierto entre la muchedumbre.

Centrados más en su vertiente hard rockera que en sus registros más góticos y oscuros, The Cult, además de con la citada "Love Removal Machine", alcanzaron ciertas cotas de brillantez con "Wildflower" y "Rise", dos de sus mejores composiciones, y desde luego el repertorio estuvo plagado de clásicos, pero muchos nos fuimos a casa con cierta sensación de desencanto pese a haber escuchado una colección de buenas, y en ocasiones excepcionales, canciones.

Y es que con Ian Astbury, además, hay que tirar una moneda al aire antes de cada concierto. Y por desgracia, en Madrid salió cruz.

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