Inmigrantes
Inmigrantes preparados para desembarcar en las copstas italianas tras ser rescatados por equipos de salvamento. GTRES

Viajan centenares de kilómetros cada día para llegar al campo, trabajan a más de 50 grados en largas jornadas y cobran entre dos y cuatro euros la hora: son los nuevos esclavos de Italia, jornaleros forzados por la crisis y el drama de la inmigración.

La crisis económica que sufre Italia y la continua llegada de inmigrantes a sus costas han creado las condiciones de las que se aprovechan los empresarios agrícolas, que oprimen, a veces hasta la muerte, a trabajadores desesperados por un jornal.

Trabajan largas horas al día con una paga que ronda los 27 euros por jornada en los diferentes campos del país, que gestionan las empresas agrícolas, algunas de ellas conocidas como "agromafias" en Italia.

Estamos acostumbrados a trabajar y a estar calladosUn escándalo que ha estallado con la denuncia de Stefano Arcuri, el marido de Paola Clemente, una italiana de 49 años y madre de tres hijos que murió por un infarto, posiblemente provocado por un golpe de calor mientras recogía uvas en Andria, una localidad en la región de Apulia, al sur de Italia.

"Estamos acostumbrados a trabajar y a estar callados", dijo el marido, también jornalero, en una entrevista publicada en el diario La Repubblica.

"Necesitábamos el dinero", reconoció el viudo, que contó cómo Paola Clemente se dedicaba a quitar las uvas pequeñas para que los racimos crecieran más fuertes, una labor que exige "estar con los brazos estirados y la cabeza alzada toda la jornada".

"Un trabajo muy duro, pero no podemos hacer otra cosa", lamentó Arcuri, que contó cómo su mujer cobraba 27 euros al día por una jornada que, en total, duraba 13 horas, porque incluía unas cinco horas de transporte en autobús hasta llegar al campo, a 300 kilómetros de distancia de su casa. El traslado se hace a través de las empresas conocidas como "tour operadoras", que se encargan de recoger con autobuses a los empleados, la mayoría de ellas mujeres, que deben viajar durante horas hasta llegar a las huertas en las que trabajan.

Como ella, también murieron el sudanés Mohamed el 21 de julio, en la misma región sureña; un tunecino de 52 años en Bari el 6 de agosto y el rumano Ioan Puscasu, cerca de Turín, el 13 de agosto.

Puscasu falleció de un paro cardiaco en el campo tras más de 7 años de trabajo como jornalero, cobrando poco más de cuatro euros la hora y "en negro", durante jornadas de 9 o 10 horas bajo el sol, que alcanzaba los 50 grados, según los medios locales.

En estas condiciones se encuentran otros 40.000 trabajadores, según explicaron esta semana fuentes del sindicato Confederación General Italiana del Trabajo (Cgil), que denunciaron que estos empleados sufren "explotación y contratos ilegales".

Además, aseguraron que las empresas que "esclavizan" a estos jornaleros tienen "beneficios millonarios obtenidos "de manera ilegal" y sin respetar los derechos laborales.

Casi la mitad del trabajo agrícola que se realiza en Italia se hace de forma sumergida (el 43%, según el diario La Repubblica) y el sector emplea a más de un millón de personas, de las cuales 15.000 son mujeres extranjeras y 5.000 hombres extranjeros que trabajan en condiciones de esclavitud.

En las 1.818 inspecciones que se realizaron en la región de Apulia (sur) en 2014, se descubrió que 925 empresarios cometían irregularidades en su trabajo, una ilegalidad castigada con entre 5 y 8 años de cárcel. Son prácticas que, sin embargo, resultan muy rentables a los empresarios, que ganan una media de 10.000 euros diarios explotando a sus trabajadores.

Para combatir este tipo de ocupaciones, el ministro de Agricultura de Italia, Maurizio Martina, pidió perseguir la explotación en el sector de la agricultura del mismo modo que se persigue a la mafia. Martina pidió "la máxima movilización por parte de todos" y llamó a instituciones, empresas, asociaciones y organizaciones sindicales a denunciar prácticas ilegales para combatir los abusos laborales.

"Quien conozca situaciones irregulares, debe denunciar sin dudarlo", sentenció el ministro.