Sara Baras: "Hay que lograr que el flamenco llegue a las escuelas"

  • La bailora Sara Baras llega a Madrid con su espectáculo 'Voces', en el que ejerce además de guionista, directora escénica y coreógrafa.
  • Actuará del 28 al 31 de julio en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid antes de seguir con su gira internacional.
  • Baras ha hablado con '20minutos' sobre su pasión por el flamenco así como de sus gustos y aficiones, que asegura que son de lo más sencillo.
Sara Baras en las escaleras del Teatro Arriaga de Bilbao.
Sara Baras en las escaleras del Teatro Arriaga de Bilbao.
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Con una carrera de más de 20 años a sus espaldas, la gaditana Sara Baras sigue expandiendo el arte flamenco por todo el globo. Su actual espectáculo, Voces, con el que en diciembre comenzó una gira internacional en París, llega ahora a Madrid con motivo del Madgarden Festival 2015. Durante cuatro días, del 28 al 31 de julio, la bailaora deleitará al público con un homenaje a los grandes del flamenco en el que ella ha ejercido además como guionista, directora escénica y coreógrafa.

Unos días antes de su desembarco en la capital, Baras ha hablado con 20minutos sobre su amor por la danza y las motivaciones que la animan a seguir haciendo lo que hace. Muy pausada, dejando siempre unos breves segundos entre pregunta y respuesta, la artista se explaya a la hora de detallar las cosas que la apasionan.

¿Cuál es la esencia de este nuevo espectáculo?

Voces es el agradecimiento total a nuestros maestros por todo lo que nos han dado y por todo lo que nos dan. He buscado poder sentirlos y bailar para ellos, mostrar mi propia voz gracias a la influencia que me han aportado.

¿De dónde surgió la idea?

El espectáculo nació de un momento muy triste, que es la muerte de Paco, de nuestro Paco. Ahí surgió necesidad de agradecerle la influencia que ha ejercido y ejercerá su arte en muchas generaciones. Al final, el poder bailarle y estar en conexión con él y con otros grandes maestros como Camarón o Enrique Morente ha dado la vuelta al sentimiento inicial del espectáculo. En vez de mostrar la tristeza por el vacío que estos grandes han dejado, tenemos todo lo contrario, un espectáculo alegre con una energía muy positiva.

Según cuenta, podría decirse que Voces es una especie de reivindicación de la figura del maestro...

Por supuesto. Hace unos años hicimos un espectáculo que se llamaba Sabores, que iba dedicado a mi madre pero no por ser mi madre sino por ser mi maestra. Había allí dos artistas invitados, José Serrano y Luis Ortega. Cuando nos sentamos a montarlo acordamos que cada uno tenía que dedicárselo a su maestro. A ellos hay que agradecerles todo. No debemos olvidar de donde venimos ni todo lo que nos enseñaron porque estamos donde estamos gracias a ellos.

¿Le gustó el espectáculo a su madre?

Para mí fue tan importante ver la cara de mi madre en aquel momento... Le gustó, y no solamente como espectáculo. Había gran cantidad de detalles relacionados con el baile que hemos vivido juntas, guiños y referencias que mi madre sabía que iban para ella. La cara de satisfacción y las lágrimas de mi madre eran increíbles. Poco le he hecho, por supuesto, pero por lo menos se lo he intentado agradecer.

¿Cree que el flamenco tiene todo el reconocimiento que merece?

La riqueza del flamenco ya está al nivel de las grandes danzas y de las grandes artes. Cuando vas fuera de España te das cuenta de que la gente se vuelve loca con los espectáculos de flamenco, es una cosa bestial. Para nosotros, en España, es como doble orgullo porque es un arte nuestro. El flamenco llega ahora mismo a cualquier rincón gracias a los maestros de los que hablábamos: Paco, Camarón, Morente, Gades...

Entonces, ¿no cree necesaria una mayor promoción de este arte?

Lo que hay que conseguir es que el flamenco llegue a las escuelas, que quien quiera tenga la oportunidad de aprenderlo de una manera seria. De repente, en este país, lo que da mucha pena es que un bailarín joven con una carrera sobresaliente o con cualidades impresionantes tenga tan pocas posibilidades para trabajar. Aquí, las compañías de danza que se mantienen son muy pocas. La nuestra es una compañía privada y llevamos 18 años sin parar. Por fortuna, hemos tenido un público muy fiel desde el principio y nos mantenemos.

Entiendo que en otros casos no ha sido así, ¿se han notado los efectos de la crisis?

Sí, se ha notado la crisis. Tenemos muchos compañeros que están sin trabajo. Además, el IVA se ha cargado a la mitad de la cultura española. En estas circunstancias, uno tiene que adaptarse a la vida y a otra forma de hacer las cosas.

Así que podría decirse que ha tenido mucha suerte, ¿no?

Algunos todavía conservamos ese privilegio de seguir soñando y haciendo soñar, de poder llevar un espectáculo grande con una compañía grande y de tener una gira realmente impresionante. Se está sufriendo mucho pero hay que ser positivos y pensar que todo va a ir a mejor. Este país es un país de arte, hay mucho y al público le gusta. Hay que aprovechar eso.

En su ya larga carrera ha viajado mucho, ¿cuáles han sido los lugares que más le han impresionado?

Cada lugar me impresiona. Hay algunos de los que me siento orgullosísima, como el Teatro de los Campos Elíseos, en París, donde llevamos ya unas doce temporadas. Me impresionó mucho y me encantó bailar en la Opera de Sidney, en Autralia. Creo que el teatro romano de Mérida es un regalo. Estrenar ahí Medusa fue algo mágico. Recuerdo con mucho cariño un festival que se llamaba A corazón abierto. Se hacía en Madrid hace muchos años, en un aula del Colegio de Médicos en la que no había ni sonido amplificado, era todo directo. Ahí bailé varias veces y se me quedó clavado. Me impresionó mucho también cuando bailé con Chavela en la Huerta de San Vicente, la casa de verano de la familia García Lorca. Podría seguir diciéndote lugares hasta mañana (risas). Además, ahora ya tengo cierta edad y hay muchos lugares a los que vuelvo. Ya los conozco, pero tengo que volver a conquistarlos y eso también es muy especial.

Es obvio que le encantan los escenarios.

Todos, da igual el tipo. Soy una enamorada de los teatros cerrados, de ese silencio, esa oscuridad total, ese clima que se crea, esa tensión... Pero es verdad que los lugares al aire libre tienen un algo especial. Hicimos una vez Juana la Loca en los Veranos de la Villa, en los Jardines de Sabatini, y fueron unas noches súper especiales.

¿Y a qué se dedica cuando no está sobre uno de esos escenarios?, ¿cuáles son sus aficiones?

Mi afición más grande aparte de bailar es mi hijo, que ahora mismo tiene cuatro años. Desde que soy mamá, para mí la vida es otra. Tanto su padre como yo lo vivimos de una manera bestial, lo disfrutamos plenamente desde que nos levantamos cada día. Lo primero que bailo por las mañanas es la Micky Danza (risas).

¿Su labor como madre no le deja tiempo para otro ocio?

Poco. Cuando no estoy bailando, llevo una vida muy normal en la que lo principal es mi hijo. compartirlo todo con él. Por ejemplo, me encanta el cine y ahora él está empezando a ver películas. También me gusta la poesía. A lo mejor soy demasiado evidente, pero los poetas que más me tiran son los que han tenido mucha importancia en el flamenco. Me gusta todo, soy una enamorada de la música.

¿Qué música escucha?, ¿algo que no sea flamenco?

Me gusta mucho la música clásica. Supongo que también será por familia porque mi abuelo fue pianista y en casa estábamos acostumbrados a escucharlo. Reconozco que soy muy de flamenco, pero realmente escucho de todo, me gusta más decantarme por la calidad que elegir por género. Me enseña mucho escuchar otro tipo de cosas. Siempre sueño que las bailo... y las bailo además, claro. Eso es algo que te da una visión diferente porque la guitarra, la percusión, los cantaores y el teatro lo tenemos casi a diario, así que lo que intentas es irte a otro lugar.

Decía antes que lleva una vida muy normal, como si eso en realidad fuese algo excepcional...

Es que a veces leo cosas de otros artistas y veo sus excentricidades y me quedo sorprendida. A mí me gusta vivir de una forma muy cotidiana, sin gustos raros. Por ejemplo, soy una enamorada del mar, de la naturaleza. Y me encanta cocinar. No se me da mal y creo además que es uno de los grandes placeres de la vida.

De no haber sido bailaora, ¿quizá se habría dedicado a la cocina?

No creo que me hubiese dedicado a la cocina. Si no me hubiera dedicado a la danza, habría seguido en la música, me habría encantado ser pianista. Y te voy a decir más: si tuviera que elegir algo diferente, aunque lo haya descubierto más mayor, me habría gustado hacer algo con lo que pudiera ayudar a la gente. Cuando descubres que con el baile puedes ayudar tanto a la gente, te cambia todo.

¿Por qué tardo en descubrir esa vena solidaria?

Tardé en descubrirlo porque uno siempre piensa al principio que puede hacer muy poco, que eso no es nada, y un día te das cuenta de que no, de que lo poquito que tú puedas hacer es muy importante para la gente que lo necesita. Supongo que la madurez te ayuda a descubrir que ayudar a los demás no es una obligación sino un privilegio.

¿Cree que en el siglo XXI escasea la solidaridad?

Sinceramente creo que hay mucha gente muy buena lo que pasa es que el dolor es tanto de esa gente que sufre que uno nunca se queda satisfecho y siempre parece que la solidaridad es poca. En el teatro, siempre le digo a mucha gente que intente colaborar como pueda. Yo no soy nadie ni tengo ninguna autoridad en temas como las enfermedades raras, pero tengo una posición privilegiada y puedo servir de altavoz para que otros se conciencien e interesen por problemas como ese.

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