No quieren que les llamen 'supermanes', pero saltan desde sus helicópteros en medio de incendios desbocados, se colocan en el flanco más complejo del monte, y se sitúan en primera línea para realizar durante ocho horas ataques directos al fuego con palas y azadas. Apoyados por bolsas de agua lanzadas desde el aire. Los 552 profesionales de las Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales, las BRIF, no quieren que les llamen 'supermanes', pero sí que les reconozcan profesionalmente su peligrosa labor. Para ello han convocado, a partir del lunes y en plena campaña de incendios, una huelga indefinida.

Existen diez unidades BRIF repartidas por el Estado. Están compuestas por responsables de emisora, capataces, técnicos, preparadores físicos y especialistas capacitados para actuar en los llamados GIF (Grandes Incendios Forestales). Comparten ubicación con los pilotos que les transportan en helicópteros hasta el lugar del fuego. Pertenecen a la empresa Tragsa, una entidad dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medioambiente (Magrama).

Las BRIF están consideradas un cuerpo de élite de la extinción de incendios forestales, son profesionales a los que las autonomías recurren cuando sus propios bomberos forestales no consiguen frenar las llamas. Suelen acudir a incendios a los que también se llama al Ejército, los de nivel 2, la peligrosidad máxima que se ha alcanzado hasta la fecha en España. Este verano han actuado ya en Cinco Villas (Zaragoza) —donde se quemaron 14.000 hectáreas en tres días, un incendio que pasará a la historia por su rápidez de propagación y por su virulencia—. También en Humanes (Guadalajara), Montan (Castellón) y Oña (Burgos). Y van a primera línea de fuego por un salario que algunos meses no alcanza los mil euros. Al año, concretamente, ganan 16.100 euros brutos.

Reivindican la categoría de bomberos forestales

Estos trabajadores, mayoritariamente hombres, llevan más de un año reivindicado mejoras laborales y salariales a base de encierros y protestas en sus bases, sin éxito. De ahí que hayan lanzado un nuevo pulso a su empresa y al Ministerio de Agricultura y Medioambiente en plena campaña de incendios. Al menos ahora han conseguido sentar a Tragsa en la mesa de negociaciones. Este mes han tenido ya tres jornadas de paros, con un 70% de servicios mínimos fijados por el Magrama. Eso no significa que desatiendan su labor, puntualiza el comité. Los trabajadores en huelga han acudido voluntariamente allí donde les han llamado, adentrándose en el monte en llamas con camisetas negras de protesta, por ejemplo, en incendios de León o Huesca.

Necesitamos una categoría que reconozca el riesgo que corremos y una mejora de condiciones porque estamos haciendo un trabajo duro y peligroso Las BRIF tienen tres demandas que consideran prioritarias: el reconocimiento de la categoría profesional de bombero forestal, la segunda actividad, para no ser despedidos cuando alcanzan una edad o ante una lesión física, y nuevos pluses salariales de toxicidad, penosidad, peligrosidad o disponibilidad horaria, situaciones que están viviendo y que, sin embargo, no se reflejan en sus exigüas nóminas.

"Este trabajo es muy físico y llega una edad en la que el cuerpo no soporta las campañas de verano, necesitamos una categoría que reconozca el riesgo que corremos y una mejora de condiciones, porque estamos haciendo un trabajo duro y peligroso y hay meses que no llegamos a los 800 euros", reivindican.

Fijos-discontinuos, con pruebas físicas cada año

Los trabajadores de las BRIF son empleados fijos discontinuos. Unos meses en servicio, otros en el paro. Están al albur de que los Gobiernos decidan, cada año, cuántos meses serán contratados. En la actualidad, once meses al año. Cuando no hay incendios, las brigadas realizan tareas de prevención, preparación física y, si el tiempo no permite salir al exterior, hacen formación en nuevas técnicas de extinción o estudian casos prácticos para detectar fallos y mejorar su trabajo futuro. Cada año pasan la llamada "prueba de la mochila". Tienen que correr, con una mochila a la espalda de 20 kilos de peso, durante 45 minutos. Aprueban si completan doce vueltas a una pista de atletismo reglamentaria. Si no pasan, se quedan obligatoriamente en excedencia. Si en dos años consecutivos no la superan, la empresa podría echarles a la calle.

Estos brigadistas se juegan la vida en cada incendio. Llegan a donde no llega ningún otro cuerpo de bomberos y realizan prácticas arriesgadas como contrafuegos (quemas controladas para atenuar, limitar e incluso anular el avance de un frente) pero insisten en que no quieren que nadie les llame 'supermanes'. Quieren ser  "bomberos forestales". Luchan por una categoría profesional y los derechos que conlleva. "Yo me juego la vida y quiero que si me pasa algo, mi familia tenga algo de donde tirar, o que si no puedo seguir trabajando por edad o por circunstancias físicas, no me dejen tirado como a un perro", describen. "Les he dado mis mejores años jugándome la vida, ¿a dónde voy ahora a buscar trabajo?", añade otro brigadista en un vídeo que han editado para explicar las demandas de su protesta.

Un portavoz de la empresa Tragsa, contactado por 20minutos, no quiso dar su versión del conflicto laboral con las BRIF, apelando a que las conversaciones "siguen en marcha", con sendas mesas de negociación convocadas para este jueves y este viernes. Si no fructifican los encuentros de última hora, las BRIF irán desde el lunes a una huelga indefinida.