Abeja
Una abeja recolecta polen de una flor en Biessenhofen (Alemania). Karl-Josef Hildenbrand / EFE

En los últimos veinte años, la desaparición de las abejas ha pasado de un 8% anual a un 30-40%. Los insecticidas son el principal factor en este desastre natural. Al llegar a todas las partes de la planta afectan el sistema nervioso de las abejas, cuando recogen el polen, lo que hace que se desorienten y se pierdan.

La degradación de los ecosistemas y la expansión de la avispa asiática, una especie invasora, son otros elementos que amenazan la supervivencia de las abejas.

La desaparición de esta especie supondría no solo la caída del 90% de la producción de kiwis, calabazas, melones, sandías, calabacines, manzanas, melocotones o almendras, sino que peligrarían tres cuartas partes de los cultivos para el consumo humano.

Es por esto que Oslo pretende facilitarle la vida a estos insectos mediante la creación de un mapa de flores, plantas y colmenas distribuidas a lo largo de la ciudad. El objetivo es crear una zona de confort que permita el desarrollo de esta especie en Oslo.

Las abejas necesitan parar con bastante frecuencia

Tonje Waaktaar Gamst, de la Sociedad de Horticultura de Noruega, uno de los organismos que está sacando adelante el proyecto, explica en declaraciones a La Vanguardia que "las abejas necesitan parar con bastante frecuencia. Por eso queremos conseguir que, gracias a la participación ciudadana, puedan contar con algún lugar para comer y descansar cada 250 metros".

Bybi, otra asociación involucrada en el proyecto, ha puesto en marcha polli.no, una guía de Oslo para las abejas, un mapa en el que los ciudadanos señalan donde han plantado flores o construido refugios. "Las personas tienen que involucrarse emocionalmente. Es mucho más eficaz", explicó Agnes Lyche Melvær, coordinadora y arquitecta de paisajes de Bybi.

Ambas activistas, ante la preocupación por el riesgo que supondría tener grandes enjambres volando por la ciudad, afirmaron que el número de insectos que sobrevolará la ciudad no será lo bastante grande como para representar una amenaza, además de que las abejas no suelen picar si no se las molesta.

"A lo que nos arriesgamos es a lo contrario. Muchas especies de abejas y otros polinizadores se hallan en dramático declive y perderlos sí que tendrá graves consecuencias", advirtió Melvær.

Seattle y Bristol son otras ciudades con proyectos para promover la integración de las abejas `en sociedad'.