Ramsés, rey de reyes
Réplica de la fachada del templo de Nefertari que artesano egipcio Hany Mostafa ha traído por primera vez a Europa. Julio Muñoz / EFE

Si uno piensa en Egipto, lo primero que se le viene a la mente son las pirámides, también su paisaje de dunas, la Esfinge, el Nilo, los jeroglíficos, su famoso panteón (Isis, Anubis, Amón, Ra...) y la bella Cleopatra. Pero si hay que elegir un nombre masculino, quizá el más popular es, con permiso de Tutankamón y Akenatón, Ramsés II, dibujado a menudo como villano en las películas bíblicas que abordan la historia de Moisés.

Su fascinante figura, la de un joven faraón diestro en el arte de la guerra que logró llevar a Egipto a su máximo esplendor a pesar de su tiranía, es el centro de la exposición Ramses, rey de reyes, que puede verse a partir de esta semana en el Pabellón de la Navegación, situado en la Isla de la Cartuja (Sevilla). El gran reclamo de la muestra es una réplica de la fachada del templo de Nefertari, templo que el faraón Ramses II ordenó construir hace más de 3.000 años en honor a su primera gran esposa real. La réplica, fruto del trabajo del artista Hany Mostafa, tiene una altura de 6 metros y una anchura de 14.

También se podrá ver la réplica del templo de Abu Simbel, de 6 metros de altura, 13 de anchura y 24 de profundidad. En ella se reproduce con gran detalle su famosa fachada y sus tres estancias interiores, una labor que le llevó a Mostafa cinco años de trabajo. La exposición la completan más de 60 piezas de arte egipcio de diferente temática (estatuaria, joyería, mobiliario y utensilios).

Miembro de una familia de militares, Ramsés II tuvo una educación castrense desde niño

El interés de estas construcciones radica en la obsesión del faraón por las grandes obras arquitectónicas. Denominado a menudo como el rey constructor, Ramsés II contribuyó de forma decisiva a la imagen de Egipto como tierra monumental: atestó las riberas del Nilo de preciosos templos, amplió y decoró muchos otros y complementó la arquitectura con la escultura. Este derroche fue posible gracias al momento de prosperidad económica que se vivió durante su reinado, lo que favoreció de forma significativa el desarrollo de las ciencias y la literatura.

El faraón también logró destacar a nivel político y militar. Miembro de una familia de militares, tuvo una educación castrense desde niño. A los 14 años fue nombrado corregente. Pocos años después ya controlaba parte del ejército y en torno a los 20 años fue proclamado rey. Desde el principio destacó en combates como el enfrentamiento contra los piratas en el Delta del Nilo, las incursiones en Asia o la célebre Batalla de Qadesh, al norte de Siria.

Sin embargo, no todo fue positivo. De hecho, aunque nada tiene que ver con el personaje de las películas (según la egiptología, el faraón que podría haber coincidido con Moisés, en caso de que dicha historia fuera cierta, sería su sucesor, Merneptah), Ramsés II sí era un hombre déspota, cruel y megalómano que se hacía tratar como hijo del todopoderoso Amón-Ra, según indican numerosas fuentes.

Aunque apenas hay pruebas claras sobre su carácter, muchos creen que el faraón, más que cruel, se mostraba indiferente hacia su pueblo, que permanecía en la pobreza mientras las clases más altas se enriquecían. Además, ponía trampas en torno a los lugares en los que guardaba sus tesoros, colgaba los cadáveres de sus enemigos en las murallas... También era un mujeriego. Sus esposas, concubinas e hijos e hijas se cuentan por decenas, aunque parece claro que el gran amor de su vida fue la citada y hermosa Nefertari.

El motivo de que se sepa tanto sobre Usermaatra Setepenra - Ramsés Meriamón es que su largo y activo reinado de unos 66 años (desde 1279 a.C. hasta 1213 a. C.), ha dejado numerosos vestigios que han llegado hasta nuestros días y que han permitido que su leyenda siga creciendo.