De la intransigencia alemana al diálogo francés: el Eurogrupo se divide ante la crisis griega

  • La Alemania de Merkel encarna la defensa de la ortodoxia monetaria y ha sido uno de los países más intransigentes con Grecia en las reuniones.
  • En el lado opuesto se encuentra Francia, que ha ejercido una función moderadora defendiendo a Atenas y ha tomado el papel de guardián de Europa y el euro.
  • La posición española también es favorable a que Grecia permanezca en el euro y partidaria de llegar a un acuerdo con el país heleno.
  • Sin embargo, los países recién llegados al euro (Lituania, Letonia, Estonia, Eslovaquia...) son reacios a hacer más concesiones a Grecia.
De izquierda a derecha, la canciller alemana, Angela Merkel; la directora gerente del FMI, Christine Lagarde; el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; el gobernador del BCE, Mario Draghi; el presidente francés, François Hollande; el primer ministro griego, Alexis Tsipras, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.
De izquierda a derecha, la canciller alemana, Angela Merkel; la directora gerente del FMI, Christine Lagarde; el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; el gobernador del BCE, Mario Draghi; el presidente francés, François Hollande; el primer ministro griego, Alexis Tsipras, y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy.
GTRES

Los 19 ministros del Eurogrupo se han reunido este sábado en Bruselas para llegar a un acuerdo sobre la ayuda financiera extra y las reformas estructurales que necesita Grecia para permanecer en la unión monetaria. Sin embargo, no todos tienen la misma postura respecto a cuál es su postura en estas negociaciones.

Estas son algunas claves para comprender las posiciones de los principales grupos de países:

Los socios fundadores (1999) de la moneda única

Son Alemania, Francia, Italia, España, Portugal, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Austria, Finlandia e Irlanda. (Grecia se sumó a la moneda única el 1 de enero de 2002, cuando el euro apreció físicamente). Los dos primeros fueron los promotores de la unión monetaria europea, un proyecto histórico que debía permitir a la nueva Alemania, reunificada en 1990, quedar anudada para siempre al proyecto de construcción europea. Este país es el principal contribuyente al presupuesto de la UE y a los fondos de rescate establecidos por los socios del euro.

  • Alemania

La canciller Angela Merkel (PPE) celebrará en noviembre una década al frente del Gobierno alemán. Desde diciembre de 2013 dirige una 'gran coalición' de democristianos, socialcristianos y socialdemócratas. Merkel encarna la defensa de la ortodoxia monetaria, y ha llegado a considerar como un mal menor la salida de Grecia del euro.

La firmeza alemana frente a la crisis griega, que algunos han llegado a calificar de intransigencia dogmática, está motivada tanto por la coyuntura política y económica actual como por razones históricas que se remontan a la hiperinflación que sufrió Alemania en 1923.

Detrás de ello hay un temor visceral a perder lo que en Alemania se llama "la cultura de la estabilidad", que en su momento representó el Bundesbank, creado como una especie de antídoto contra el fantasma de la hiperinflación de 1923 (en plena República de Weimar), de la que todavía se cuentan historias de pesadilla.

La caída en picado del valor del dinero, más del 50% de inflación mensual, está clavada en el imaginario alemán como una perversión que hizo que la gente austera y trabajadora viera cómo desaparecía el valor de los ahorros mientras que los que habían vivido a crédito veían reducirse el valor de sus deudas. Sin duda, esa experiencia fue uno de los gérmenes del descontento que diez años más tarde terminó llevando a los nazis al poder y algunos dicen hoy que, tras la II Guerra Mundial, el lema "nunca más inflación" fue tan importante como el de "nunca más guerra".

De hecho, el control severo del Bundesbank llevó a que en Alemania las tasas de inflación fuesen, entre los años cincuenta del siglo XX y la introducción del euro, claramente menores que en los otros países europeos, al darle al marco alemán una solidez que solía poner bajo presión a las otras monedas europeas. Eso explica que la llegada del euro y sus preparativos en la última década del siglo XX se hayan visto con sentimientos encontrados en Alemania.

El escepticismo de los alemanes frente al euro se mitigó un poco gracias a que en el diseño de la arquitectura de la unión monetaria se introdujeron elementos tomados de la cultura alemana de la estabilidad.

Por un lado, la independencia del Banco Central Europeo (BCE) y la definición de su mandato alejaban el fantasma de que se pudiese utilizar la política monetaria para sanear artificialmente los presupuestos nacionales. Eso explica que el programa de compra de bonos y el mantenimiento de los créditos de emergencia a Grecia hayan recibido duras críticas en Alemania.

Por otra parte, el Tratado de Maastricht fijaba unas reglas precisas entre las que la más recordada, últimamente, suele ser la prohibición de la mutualización de la deuda, consagrada en el artículo 125. Para el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble —el principal representante de la línea dura dentro del gobierno de Merkel— ese artículo también cierra la posibilidad de una quita de la deuda griega con la eurozona.

Alemania es el principal acreedor de Grecia dentro de los países de la eurozona pero a muchos de los críticos del rescate les preocupa aún más que la posibilidad de perder 80.000 millones de euros, lo que probablemente ocurriría con un 'Grexit', el peligro de que se rompan las reglas de la unión monetaria.

Esto último cuestionaría todo el sistema que de alguna manera todavía sigue el modelo de la cultura de la estabilidad que acompañó a lo que se llamó el capitalismo renano.

  • Francia

Ante una Europa recelosa, Grecia tiene en la Francia del socialista François Hollande a un aliado de circunstancias, que ha defendido a Atenas por convicción, pero también empujado por una opinión pública poco entusiasta de la austeridad.

Pese a que su pérdida de relevancia en el eje franco-alemán es evidente, más aún cuando se tratan cuestiones económicas, París ha querido ejercer desde el comienzo una función moderadora y se ha reservado el papel de guardián de las esencias de Europa. Francia está en el origen del euro y la posibilidad de tener que contribuir a su disgregación, si Grecia tuviera que salir, le repugna más que a nadie.

Frente a la dureza de Alemania, Hollande se ha visto obligado al funambulismo político: mostrar un frente europeo sin fisuras al tiempo que garantiza que no se rompan del todo los puentes con el primer ministro griego, Alexis Tsipras.

En la guerra de nervios que desató la convocatoria del referéndum en Grecia, las grietas entre París y Berlín dejaron en evidencia sus diferentes aproximaciones al problema. Pero el presidente francés invitó a la canciller alemana, Angela Merkel, al Palacio del Elíseo nada más conocerse el 'no' para fijar una respuesta común y, sobre todo, para demostrar que la opinión de Francia todavía debe ser escuchada.

Convertido a la fuerza en adalid de la socialdemocracia europea, Hollande y su Gobierno han insistido hasta la saciedad en que el 'Grexit' nunca sería una opción, como proclamó en un solemne discurso esta semana ante la Asamblea Nacional el primer ministro, Manuel Valls.

Las autoridades francesas han repetido como un mantra la expresión "solidaridad y responsabilidad" para apelar a Atenas a saldar sus deudas, pero al mismo tiempo tendiendo la mano a un acuerdo. No en vano la de Hollande fue la voz más entusiasta el viernes tras conocer la propuesta de Tsipras para un tercer programa de rescate, que calificó de "seria y creíble".

No han faltado quienes en la oposición conservadora han criticado al Gobierno francés por convertirse en el salvavidas del "irresponsable" Tsipras. Estas voces recuerdan que Francia ha destinado más de 55.000 millones de euros a los programas de rescate del país heleno. Pese a ello, la opinión pública ha apoyado —con fuerza decreciente según avanzaba la crisis— la continuidad de Grecia dentro del euro, temerosa ante un posible contagio a su país en caso de descalabro.

  • España

El ministro español de Economía y Competitividad de España, Luis de Guindos, siempre se ha mostrado contrario a la posibilidad de un 'Grexit', y partidario de llegar a un acuerdo con el Gobierno heleno. En la reunión de este sábado, De Guindos ha asegurado que analizarán la propuesta griega "con una mentalidad abierta, todo el mundo quiere que Grecia permanezca en el euro".

La exposición que tiene España en Grecia es de unos 26.000 millones de euros, tanto en préstamos bilaterales concedidos al país heleno, como en los avales y las aportaciones realizadas a los programas de rescate puestos en marcha por la Unión Europea (UE). Esta cifra representa en torno al 2,78% del PIB español, según un informe publicado por Bloomberg que cita fuentes del Ministerio de Finanzas griego y de la Comisión Europea.

De Guindos insistió en numerosas ocasiones en que esos 26.000 millones prestados a Grecia computan directamente como deuda pública española: "Es aproximadamente lo que se gasta en un año en prestaciones por desempleo España con un paro del 26%", precisó De Guindos.

  • Italia

Italia también sitió las sacudidas de la crisis de la deuda. El 12 de noviembre de 2011, el entonces primer ministro Silvio Berlusconi se vio forzado a dimitir después de que el interés de los bonos italianos superara el 7% y pareciera inminente el rescate del país.

Sobre las actuales negociaciones con Grecia, el discurso del primer ministro italiano, Matteo Renzi, ha ido siempre en la línea de que se pueda alcanzar un acuerdo en Bruselas: "Tenemos que salvar a Grecia con el apoyo de su Gobierno, de otra manera no es posible", subrayó este viernes.

Los recién llegados al euro

Se trata de Lituania (2015), Letonia (2014), Estonia (2011), Eslovaquia (2009), Malta (2008) y Eslovenia (2007). Son reacios a hacer más concesiones a Grecia porque, a lo largo de sus procesos de adhesión al euro, tuvieron que hacer sacrificios y ajustes muy dolorosos.

Los países rescatados

Son Irlanda, Portugal y Chipre. También España necesitó ayuda europea, pero sólo para la recapitalización de sus bancos. Todos ellos son reacios a soluciones que impliquen excesiva indulgencia para Grecia, un país que ha fallado a la hora de aplicar las reformas prometidas.

Presionado por sus socios, en noviembre de 2010 el primer ministro conservador irlandés Brian Cowen tuvo que solicitar ayuda financiera a los socios europeos, ante el colapso del sistema bancario. Obtuvo 45.000 millones de euros en préstamos de la UE y de sus estados miembros, y 22.500 millones del Fondo Monetario Internacional.

En enero de 2013 Irlanda volvió a colocar bonos a 5 años en los mercados y el 15 de diciembre de ese año el país abandonó el programa de rescate y regresó a los mercados. Irlanda ha recibido entre 2010 y 2013 una ayuda total de 85.000 millones de euros, a un tipo de interés inicial en torno al 6%, que fue reducido después al 3%.

Por lo que respecta a Portugal, en abril de 2011 el gobierno presidido por el socialista José Sócrates se vio obligado a pedir ayuda financiera a los europeos. Obtuvo préstamos de la UE por 52.000 millones de euros y 26.000 millones del Fondo Monetario Internacional. El 5 de mayo de 2014 el primer ministro conservador Pedro Passos Coelho anunció que el país no necesitaba ya más ayuda de las instituciones internacionales.

En cuanto a Chipre, la crisis alcanzó su punto culminante el 25 de junio de 2012, cuando el gobierno chipriota solicitó formalmente ayuda. El 15 de marzo de 2013 el Eurogrupo concedió al país una ayuda de 10.000 millones de euros (9.000 millones del Mecanismo Europeo de Estabilidad, MEDE, y 1.000 millones del FMI), pero impuso que el resto de la financiación proviniera de una retención sobre los depósitos de los ahorradores.

El parlamento chipriota lo rechazó y las autoridades trataron de buscar en Rusia financiación alternativa. Finalmente, el 25 de marzo el Eurogrupo llegaría a un acuerdo sobre la refinanciación del sector bancario de Chipre que incluyó una quita sobre los depósitos superiores a 100.000 euros, y afectó tanto a los accionistas como a tenedores de bonos.

Por su lado, en España, el 20 de noviembre de 2011 el gobernante partido socialista registró una severa derrota en unas elecciones generales dominadas por la grave crisis económica.

El 10 de mayo de 2012 el banco Bankia fue nacionalizado. El 7 de junio de ese año, el Eurogrupo puso a disposición de España una línea de emergencia de hasta 100.000 millones de euros para su sector financiero. El 25 de junio el Gobierno español, presidio por el conservador Mariano Rajoy, solicitó la ayuda para los bancos en dificultades, y el 3 de diciembre, el Eurogrupo aprobó un desembolso de algo más de 40.000 millones de euros.

El 14 de noviembre de 2013 el Eurogrupo certificó que España ya no necesitaba más ayuda y animó al gobierno a proseguir las reformas estructurales.

Los que tienen que consultar a sus parlamentos

Por último, hay un grupo de países que tienen que consultar previamente a sus parlamentos la posibilidad de conceder a Grecia un tercer rescate. Se trata de Alemania, Holanda, Finlandia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Malta y Austria.

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