House of cars
José Vicente Díez presenta 'House of cars'. Discovery Max

Hace casi un mes House of cars  (Discovery Max) volvió a abrir sus puertas con buena nota. El docurreality en el que se reparan vehículos clásicos en un taller de un pueblo burgalés es uno de los programas más vistos de la cadena. Al frente del espacio se encuentra José Vicente Díez, un hombre circunspecto a quien su pasión por el motor le ha convertido en protagonista de un espacio desenfadado.

¿Cómo se hace uno un hueco en una parrilla invadida por docurrealities de motor?
A diferencia de otros, House of cars muestra que la restauración de automóviles clásicos también se hace en España, y que se hace bien. La primera temporada, además, nos dio pistas sobre lo que quería el público.

 Los autos americanos son espectaculares; los europeos, prácticos y discretos

¿Y qué han modificado para contentar a la audiencia?
Hemos dejado en segunda línea la parte del entorno familiar y nos hemos centrado más en mecánica y en coches europeos y nacionales.

¿Los coches americanos no son tan queridos aquí?
A mí me encantan. Son espectaculares, duros, fiables, bien paridos; los europeos son más prácticos y discretos, ideados para el uso diario, pero inspiran mucha devoción en los países de este lado del Atlántico. La audiencia los demandaba y le hemos querido dar ese gusto.

Muchas veces ha lamentado la escasa cultura del motor que hay en nuestro país.
Es consecuencia del cierre total de fronteras que hubo en España hasta bien entrados los setenta. A diferencia de nuestros vecinos del norte,  que podían comprar el coche que quisieran, aquí solo podías apuntarte a una lista para que te asignaran un Seiscientos un año después. No podías elegir ni color ni nada. Hasta los 80 no hubo una liberalización total del mercado.

¿Eso ha impedido que tengamos coches emblemáticos?
Hay dos marcas que lo fueron: Hispano Suiza y luego Pegaso. Ojalá volvieran, pero los trámites de homologación son muy complejos. Exigiría una inversión muy importante.

El actual gusto por los clásicos y todo lo que suena vintage, ¿es solo nostalgia?
Hay un poco de moda y esnobismo en todo eso pero también es fruto de que la gente comienza a tener cultura por conservar. Los 70 y los 80 fueron décadas de postmodernismo, todo se tiraba y se renovaba. Ahora hay un interés por dar una segunda vida a los productos.

¿Usted siempre lo ha tenido?
Conservo coches de mi familia de hace décadas. Supongo que es porque me gusta todo lo que tenga ruedas y motor, disfruto con todo lo que huela a gasolina.

 A priori la televisión da miedo, da la impresión de que no es para todos los públicos

¿La del coche eléctrico no es, por tanto, su revolución?
A pesar de que no es políticamente correcto, creo que al automóvil de combustión interna todavía le quedan muchos años de vida y ha evolucionado mucho en términos de ecología. Los coches eléctricos no son novedad, hace más de un siglo existían, pero aún se tienen que desarrollar.

¿Nos hemos quedado en España como la fábrica de Europa y hemos dejado de crear en el sector automovilístico?
Para nada, España cuenta con muy buenos ingenieros; no solo fabricamos bien, sino que desarrollamos sistemas que se valoran mucho en las casas matrices.

Sorprende encontrar su seriedad en el medio televisivo.
Al principio me hice de rogar. Inicialmente la televisión da miedo, se tiene la impresión de que no es para todos los públicos. Sin embargo, Discovery Max da una nota educativa a sus espacios y me convenció. El programa era una oportunidad para dar a conocer mi pasión por el sector del automóvil clásico.

¿Cómo ha cambiado su vida con la televisión?
Mi vida no ha cambiado. Llevo dedicándome casi veinte años a los clásicos y sigo haciendo lo mismo. La televisión es una anécdota con la que estoy muy contento pero que tendrá su punto y final. Cuando termine, seguiré en mi taller.

Biografía

Nació en Madrid en 1970. Hace quince años decidió dejar su puesto de ejecutivo en una multinacional para dedicarse a su gran pasión: reparar y restaurar coches clásicos. Para ello, se desplazó a un pueblo burgalés, Quintanar de la Sierra, donde montó la empresa M& M Clásicos y donde opera su taller.