Los ciudadanos griegos están llamados este domingo a las urnas en un referéndum convocado por el primer ministro, Alexis Tsipras, en el que llama al pueblo heleno a aceptar o rechazar la propuesta de los acreedores para Grecia. La consulta, anunciada el viernes 26 de junio, llega tras una breve campaña que ha estado marcada por la polarización entre el 'sí' y el 'no' y bajo la presión del corralito.

Están llamados a votar este domingo un total de 10.837.118 griegos, y para que el resultado sea considerado válido, las normas exigen una participación de al menos el 40% del electorado.

Sin embargo, al menos medio millón de griegos no podrán pronunciarse, a menos que consigan volver a su país antes de que concluya la votación, ya que la legislación helena no permite el voto desde el extranjero. Según el portal euractiv.com, que cita los datos de Eurostat, desde el inicio de la crisis en 2006-2007 unos 505.000 griegos han salido del país, si bien la cifra sería mucho mayor ya que no hay datos de varios de los años.

Polarización entre los ciudadanos

El referéndum ha dividido la sociedad griega, que se encuentra confusa ante una pregunta larga y compleja sobre una propuesta que se retiró de la mesa de negociación tras expirar el programa de rescate este martes.

En la papeleta, los ciudadanos se encontrarán con la siguiente pregunta: "¿Debe ser aceptado el borrador de acuerdo que presentaron la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en el Eurogrupo del 25 de junio 2015 y que consta de dos partes, que conforman su propuesta unitaria? El primer documento se titula 'Reformas para la finalización del vigente programa y más allá' y el segundo 'Análisis preliminar de la sostenibilidad de la deuda".

En primer lugar en las papeletas, algo que también ha sido criticado, aparece la casilla del 'no', dejando claro que esta opción significa que "no se aprueba", mientras que debajo aparece la casilla del 'sí', precisando que con ello "se aprueba" la citada propuesta, que las instituciones ya han dejado claro que ha quedado obsoleta.

La falta de claridad fue, junto al hecho de que atañe a cuestiones fiscales y que se ha convocado con solo una semana de antelación, uno de los argumentos esgrimidos en el recurso de inconstitucionalidad que el Tribunal Supremo desestimó este viernes al considerar que no puede pronunciarse sobre decisiones gubernamentales de esta naturaleza.

Dos concentraciones multitudinarias de signos opuestos la cerraron este viernes en el centro de Atenas, pero la sensación en ambas era que, a pesar de que la pregunta es si se acepta o no la propuesta de los acreedores, lo que está en juego es el futuro de Europa.

Mientras en la céntrica plaza Syntagma, el primer ministro, Alexis Tsipras, pedía a los ciudadanos decir 'no' a los "ultimátum" y al "miedo", lanzando así un mensaje de "dignidad", unas calles más allá, en el antiguo estadio olímpico de Atenas, el alcalde independiente Yorgos Kaminis hacía campaña por el 'sí'. "Nos obligan a votar sin darnos tiempo para pensar, para debatir con calma, con una pregunta que nadie puede entender", aseguró Kaminis jaleado por miles de personas con banderas europeas.

Quién pide el 'no' y quién el 'sí'

La campaña encabezada por el partido gubernamental Syriza ha dedicado sus esfuerzos a comunicar que la victoria de un 'no' en el referéndum daría una posición de fuerza a Grecia en las negociaciones con los socios.

La del 'sí', en cambio, respaldada por la columna vertebral de la economía griega, los principales partidos de la oposición y los demás líderes europeos, con un actitud que ha sido denunciada por los propios ciudadanos como una "provocación", se ha presentado como la única forma de garantizar que Grecia siga dentro del euro.

Tsipras no ha dejado de reiterar que su Gobierno llegará a un acuerdo con los acreedores el próximo martes, sea cuál sea el resultado y ha insistido en que no se plantea la permanencia de Grecia en la eurozona, que es un "hecho dado".

El ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, llegó a afirmar que el Ejecutivo está estudiando medidas legales para frenar la salida del país de la moneda comunitaria, si esto llegara a plantearse.

Ambas posturas, han llevado al partido comunista KKE a posicionarse contra todo acuerdo entre Grecia y los socios europeos y llamar al voto nulo, con una papeleta del propio partido en la que rechazan la propuesta de los acreedores, pero también el tercer rescate que en su opinión está dispuesto a firmar Tsipras.

El 'no', por otra parte, ha puesto de acuerdo a grupos tan opuestos ideológicamente como la izquierda extraparlamentaria y el partido neonazi Amanecer Dorado, que consideran necesario asestar un golpe a los socios.

Encuestas muy ajustadas

Se trata del primer referéndum en el mundo que se celebra con los bancos cerrados y en medio de un corralito, según el Gobierno griego Según las tres últimas encuestas publicadas este viernes, el 'sí' y el 'no' están prácticamente empatados, con una diferencia de décimas —ambas partes rondan el 40%— y en ellas alrededor de uno de cada diez ciudadanos se declaraba indeciso.

Para muchos ciudadanos que están empadronados en sus lugares de nacimiento pero viven en las grandes ciudades, esto significará tener que viajar en domingo, pues no es posible votar en el lugar de residencia.

Teniendo en cuenta que se trata del primer referéndum en el mundo, según la viceministra de Finanzas Nadia Valavani, que se celebra con los bancos cerrados y en medio de un corralito, el desembolso para el viaje podría suponer quebraderos de cabeza.

Para eso, el Gobierno ha tomado decisiones como ofrecer precios especiales, tanto en trenes como en transportes marítimos, así como decretar que todos los trayectos en metro, autobús y tranvía sean gratuitos durante esta semana en Atenas.

Una semana de corralito

Los griegos amanecieron el lunes con la noticia de que solo podrán sacar hasta el próximo lunes día 6 un tope de 60 euros diarios de los cajeros automáticos, medida que sin embargo no será aplicable a los turistas, sector clave de la maltrecha economía helena.

En el caso de los jubilados, muchos de los cuales carecen de tarjetas bancarias, se tuvo que adoptar como medida de emergencia la decisión de abrir un millar de sucursales bancarias el pasado miércoles para que estos pudieran cobrar un único pago de 120 euros de sus pensiones.

Y mientras los ciudadanos sufrían los efectos del corralito, continuaban las negociaciones contrarreloj entre el Gobierno y las instituciones para tratar de evitar el impago por parte de Grecia. Así, el lunes por la noche, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, hizo un último intento de sentar a Atenas nuevamente en la mesa de negociaciones.

Propuesta de tercer rescate

Tsipras respondió por carta proponiendo la negociación de un tercer rescate por 29.100 millones de euros en dos años para hacer frente "exclusivamente" a los vencimientos de deuda externa e interna, que debería venir de sus socios europeos, dejando fuera al FMI, algo que el Eurogrupo descarta.

Además, planteaba una "breve prórroga" del actual rescate —que finalmente expiraría en la medianoche del 1 de julio— para evitar un "impago técnico" y solicitaba una reestructuración de la deuda acumulada.

Sin embargo, la propuesta griega fue rechazada por los miembros del Eurogrupo, por lo que Atenas cumplió con su promesa y no pagó los 1.600 millones de euros que tenía que pagar al FMI antes de la medianoche del 30 de junio. Grecia se convirtió así en el primer país desarrollado en no cumplir con sus compromisos con el organismo internacional, si bien aún no ha sido declarado en suspensión de pagos.

El FMI coincide con el Gobierno griego en que su deuda es "insostenible" y en un informe publicado esta semana, y elaborado antes del corralito, reclama a sus socios europeos que concedan un nuevo rescate al país heleno hasta 2018 de alrededor de 36.000 millones de euros e, incluso, no descarta que sea necesaria una quita.

Desde el martes no ha habido nuevas propuestas, aunque han sido muchos los líderes europeos que han asegurado que la "puerta está abierta al diálogo", incluida la canciller alemana, Angela Merkel, y el Gobierno griego ha insistido en que sigue en la mesa de negociaciones.

Sin embargo, lo cierto es que entre los líderes europeos, incluidos Juncker y la propia Merkel, la postura de Tsipras, que se ha mantenido firme en la convocatoria del referéndum pese a las críticas, ha generado una cierta exasperación, hasta el punto que la canciller dejó muy claro que no se puede negociar hasta que no se celebre la consulta y haya un resultado.

Proceso acelerado y criticado

La rapidez con la que se ha tenido que organizar este referéndum ha sido criticada tanto dentro como fuera de Grecia. Así, el Consejo de Europa consideró este miércoles que la consulta no cumple con los estándares internacionales, ya que los votantes no tendrán al menos dos semanas para reflexionar sobre su voto.

También se ha criticado el coste de esta consulta, unos 20 millones de euros, en un momento en que el país carece de liquidez, sobre todo teniendo en cuenta que los griegos votaron por última vez el pasado 25 de enero, cuando se impuso Syriza.

La votación de este domingo es la cuarta vez que los griegos acudan a las urnas desde que se produjo el primer rescate en 2010. El referéndum es, sin embargo, el primero en el país desde que en 1974 los griegos decidieron por el 69% de los votos abolir definitivamente la monarquía.