La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Albacete ha condenado a un hombre a 12 años de prisión por considerarlo autor de un delito continuado de abusos sexuales a una menor, cuando tenía 11 años de edad, que tiene una discapacidad intelectual y a la que le une una relación de parentesco.

La pena contempla también que indemnice a la víctima en 5.000 euros y que no pueda acercarse a ella por un periodo de 14 años. Además, estará en libertad vigilada durante cinco años.

Según recoge la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press, el tribunal ha considerado más apropiado, siguiendo la doctrina del Tribunal Supremo en los casos de abusos sexuales, que se había de juzgar como delito continuado, en lugar como tres delitos de abusos sexuales, como solicitaba la Fiscalía, que reclamaba por ello una pena de cárcel de 42 años de prisión.

En el documento se consideran hechos probados que el acusado, de 55 años de edad y sin antecedentes penales, durante un tiempo indeterminado anterior a la presentación de la denuncia, que se produjo en mayo de 2014, agredió sexualmente a una menor, que entonces tenía 11 años.

La víctima es bisnieta de la madre del acusado, con la que éste convivía, y, además, presenta una discapacidad psíquico-física y tiene reconocido provisionalmente un grado de discapacidad del 42%.

Como consecuencia de la relación de parentesco con la madre del acusado, la menor frecuentaba el domicilio, ya que acudía diariamente a comer a casa de su bisabuela, circunstancia que —relata el escrito— el procesado aprovechaba para perseguirla y hostigarla.

Los actos presuntamente delictivos llegaron hasta tal punto que en diversas ocasiones el acusado le realizó tocamientos por todo el cuerpo e incluso llegó a abusar sexualmente de ella.

Todas estas conductas ocurrieron de forma reiterada, sin que la niña pudiera oponerse, debido a su edad y a su desarrollo intelectual, además de que su tío-abuelo, el acusado, le había amenazado con golpearla si decía algo, hecho que había ocurrido, al menor, una vez.

Las agresiones sexuales se cometieron, al menos, en tres ocasiones, una en el dormitorio del acusado, otra en una casa deshabitada propiedad de la bisabuela de la menor y otra en una caseta de huerta.

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