Isabel Coixet: "La bondad no está bien vista"

  • Isabel Coixet estrena el 3 de julio la película 'Aprendiendo a conducir', una comedia protagonizada por Patricia Clarkson y Ben Kingsley.
  • La cineasta cuenta a '20minutos' lo importante que es para ella la amistad, que le ha llevado a hacer muchas más locuras que el amor.
  • También reconoce que las críticas negativas son "muy jodidas".
La cineasta española Isabel Coixet.
La cineasta española Isabel Coixet.
Jorge París

Después de que su marido la abandone, Wendy (Patricia Clarkson) decide sacarse el carné de conducir. Su profesor es Darwan (Ben Kingsley), un refugiado político hindú de la casta sij que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela. Con esta sencilla premisa se desarrolla Aprendiendo a conducir, último trabajo de la directora española Isabel Coixet, que se aleja de su estilo habitualmente más intenso para construir una comedia amable y luminosa.

¿Ya le apetecía hacer una película ligera?

Cuando leí el relato, hace ocho años, no me pareció una película tan alejada de las cosas que había hecho. Sí que me gustó el tono, autobiográfico pero muy tranquilo, muy amable, hablando de cosas muy fuertes pero sin insistir demasiado en los aspectos duros de la realidad. Me gustaba y desde el principio dije que sí.

¿Pensó en Ben Kingsley como primera opción para protagonizarla?

Patricia nos pasó el guión en el rodaje de Elegy, así que desde el principio el trío estaba claro. Es un papel que le pega. Hizo de Gandhi, en Casa de arena y niebla hacía de pakistaní y ahora vuelve a hacer de hindú. De todos modos, Ben Kingsley puede hacer incluso de silla si se lo pides.

El principal rasgo de su personaje es que se trata de un buen hombre.

Es difícil hacer de buena persona. Yo creo que a Ben le resulta más fácil hacer de malvado, pero se lo pasó muy bien haciéndolo y aprendió mucho de la gente del templo de la comunidad sij de Queens. Le ayudaron muchísimo: estuvo en muchas ceremonias, comidas... Hicimos una gran inmersión en la cultura sij.

¿Cree que hay personas tan buena en la vida real?

Las hay. Al principio, cuando las encontramos pensamos "no puede ser" y desconfiamos, pero las hay. Lo que pasa es que la bondad no está bien vista, hay una especie de entente sobre la maldad organizada, sobre ser pillos y aprovecharse de los demás, asú que cuando encuentras a gente buena es una revelación. También es verdad que las buenas personas pueden hacer mucho daño. Como decía Raymond Radiguet, "las maniobras inconscientes del amor puro pueden ser peores que las maquinaciones del vicio".

En la película muestra cómo las relaciones de pareja pueden llegar a bloquear al individuo, incluso a una persona tan inteligente como la protagonista. ¿Tan nocivo es el amor?

No sólo es el amor sino la forma de vida. Una mujer aparentemente inteligente, muy leída, descubre que ha estado muy ciega y no ha sabido ver el fin de su relación. Aceptar eso es muy duro. Cuando todo parece más asentado, haces menos caso al otro porque das por sentado que siempre va a estar a tu lado. Ahí es cuando la cagas.

¿Es posible la amistad entre un hombre y una mujer?

Por supuesto que es posible. Yo creo que la gente tiene una idea de la amistad un poco rara. Para mí la amistad es una prolongación de la familia. Quiero a mi familia pero también quiero mucho a mis amigos, y por amistad he hecho muchas cosas. Creo que he hecho más locuras por amistad que por amor. Probablemente los que dicen que no es posible son personas que no han tenido amigos y no saben realmente lo que es la amistad. Yo he conseguido incluso ser amiga de mis ex.

Gran parte de la trama gira en torno a la conducción, ¿cómo se le da a usted conducir?

Yo aprendí a conducir precisamente gracias al relato que dio pie a esta película.No sabía conducir, leí el relato y pensé "tengo que hacerlo". Aprendí a conducir en Los Ángeles, por lo que sé tirar para adelante pero no sé aparcar. La segunda parte de esta película será Aprendiendo a aparcar (risas).

¿El acto de aprender a conducir sirve como metáfora de la vida?

Hombre, claro. Es que es así. De tan obvio que es no es ni metáfora. Aprende a conducir, aprende a tirar p'alante. Te ha dejado el marido, ¿qué vas a hacer? No es bonito, pero no es el fin del mundo.

También se muestra brevemente el racismo y la intolerancia, ¿cree que sigue siendo uno de los grandes problemas de la socieda actual?

Fíjate si lo será que, en la semana de la tolerancia, un tipo en Túnez empieza a matar a gente que está bronceándose en la playa. Es terrorífico. Una de las cosas que me ha conmovido de esta desgracia, aparte del horror, fue un tipo de un hotel que empezó a perseguir al asesino para que dejase de disparar, pensando que iba a perder su trabajo. Es la supervivencia, el pragmatismo, que al final tiene que estar por encima del fanatismo.

Llega un momento en el que ya has visto tantas muertes que no te conmueven, pero este tipo, el conserje del hotel que hace un movimiento desesperado porque tiene que dar de comer a sus hijos, me conmovió. La lucha de clases, queremos escapar de ella pero al final se impone hasta frente a un loco con un kalashnikov.

Aprendiendo a conducir tuvo muy buena acogida en Toronto, pero otras películas suyas han tenido recibimientos bastante más duros, ¿cómo se lleva la crítica descarnada?

Es jodido. Silvar y abuchar no me han abucheado todavía pero me han dado unas hostias del copón. Los que dicen que no les importa y que pasan mienten. Pero, ¿qué le vas a hacer? No vas a estar ahí castigándote hasta el fin de tus días. Yo ya he vivido todo: el amor profundo de la crítica, el desprecio, el odio, la pasión, el que te pongan a caer de un burro, el que te perdonen la vida...

¿Y la parodia?, ¿recuerda la imitación que le hizo Joaquín Reyes en Muchachada Nui?

Eso es divertido y está hecho con talento. A mí me divierte. Es más, lo veo y a veces no sé si es él o soy yo (risas).

Hace poco le dieron un premio a toda su carrera en el Festival de Málaga, ¿no le sorprende ese reconocimiento siendo aún una mujer joven?

Hubo un momento en que lo pensé. Lo que pueden hacer es, dentro de veinte años, como la gente tiene tan mala memoria, que me lo vuelvan a dar (risas), así estaré cubierta en todas las edades de mi vida.

¿Cree que aún es necesario reivindicar el papel de la mujer en el cine?

La palabra reivindicar me da alergia. Sé que puedo dirigir a un niño de 7 y a una actriz de 80. Sé que puedo contar historias de todo tipo, me lo he demostrado. Lo importante es eso, contar historias. No creo que sea necesario liarse en reivindicaciones.

¿Cómo ve la situación actual del cine español?

Yo este último año he vivido en EE UU y he estado metida en otras cosas, escribiendo muchas cosas y preparando proyectos, así que he estado un poco alejada de la industria de aquí. Eso sí, lo que he visto es una serie de películas que me han gustado mucho. Yo creo que un país que es capaz de hacer en un año 10.000 Km., Loreak, Magical Girl y La isla mínima es un país que está haciendo pelis que a mí me interesan. Y el hecho de que la gente vaya a ver en masa Ocho apellidos vascos, que a mí me hizo mucha gracia, lo reconozco, me parece cojonudo. Ese equilibrio entre el éxito de masas y películas interesantes de autor es perfecto.

¿Qué tienen de especial esas películas que cita?

Loreak habla de un tema tan complicado como la mortalidad. Salvo Dreyer y los grandes clásicos, hay muy pocos cineastas que se atrevan a hablar de qué pasa detrás de la muerte, como nos recuerdan... Esa trascendencia es complicada y Loreak la trata muy bien. Una película tan sencilla como 10.000 Km. consigue con tres euros que veamos realmente cómo es la vida de una pareja; la reconstrucción de ese momento de los 70 feísta que hace La isla mínima es maravilloso; y la locura que plantea Magical Girl, única. Un país que hace esto es un país cuya filmografía está viva. Que digan lo que quieran.

¿Le molestan las críticas al cine español?

No sé quién me decía que el cine español se mira el ombligo, ¿qué significa eso? Las cosas van, a trancas y barrancas, pero van. Desde que empecé a hacer cine siempre ha sido así, es difícil y lo es para todos, incluso para tipos como Alexander Payne, Martin Scorsese o González Iñárritu. Yo seguí el proceso de hacer Birdman y sé que costó dios y ayuda. Las cosas cuestan, fácil no es nada. Incluso una película como Aprendiendo a conducir, que es muy sencilla y no intenta ser revolucionaria, fue dificilísima. Yo creo que tenemos que admitir de entrada que las cosas no son fáciles. Ojalá lo fueran un poco más, sobre todo porque se pierde un montón de energía en cosas como reuniones que no van a ninguna parte, que a mí es lo que más me aburre.

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