Nueva York luce con orgullo la condición de patria chica del 'folk político' y la canción protesta

  • El museo oficial de la ciudad conmemora con una exposición el renacimiento de la música tradicional y la inyección de conciencia social en los años 50 y 60.
  • Se muestran el manuscrito original con la letra de 'Blowin' in the Wind' de Dylan, las guitarras de Leadbelly y Odetta, cartas de Woody Guthrie y Pete Seeger...
  • Los organizadores recuerdan que en torno a los pequeños clubes de Greenwich Village se desarrolló 'uno de los fenómenos centrales de la historia del siglo XX'.
Manuscrito original escrito por Bob Dylan en 1962 con la letra de 'Blowin' in the Wind'
Manuscrito original escrito por Bob Dylan en 1962 con la letra de 'Blowin' in the Wind'
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El manuscrito donde el joven Bob Dylan garrapateó Blowin' in the Wind en 1962, cuando el cantante tenía 20 años, no presagia la importancia capital de la canción. El papel es una vulgar cuartilla de estraza, la letra —con la inicial "pregunta definitiva del siglo XX", como ha sido llamada las dos primeras líneas: "¿cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que se le considere un hombre?"— está escrita con un no menos simplón lápiz de mina poco afilada y la caligrafía tiene calidad escolar, aunque, eso sí, no contiene ni una sola corrección, como si el compositor la hubiese emitido de un golpe natural.

La pieza dice bastante de la exposición Folk City (Ciudad del Folk), que el Museo de la Ciudad de Nueva York acaba de inaugurar para mostrar, con un nada disimulado orgullo, cómo la metrópoli fue el santuario de acogida para los trovadores que lograron, entre las décadas de los años treinta y sesenta del siglo pasado, que la música tradicional estadounidense renaciera y adquiriera la pegada suficiente para convertirse en un fenómeno masivo gracias a la inyección de conciencia y crítica social.

Durmiendo de prestado en sofás

El proletario manuscrito de Dylan, que emergió de aquel escenario como gran figura venerada y ariete del movimiento, demuestra que la escena folk, gestada en algunos cafés literarios y clubes bohemios del barrio de Greenwich Village, declarado lugar y bien de interés histórico de los EE UU a consecuencia del movimiento, demuestra que el folk o la canción protesta, como se le llama en español, era cosa de desarrapados que tenían escasos medios para llegar a fin de mes y que, como sucedía con el autor de Blowin' in the Wind, tocaban por las propinas y dormían de prestado en los sofás de las casas de los colegas.

La exposición, dicen en el museo, pinacoteca oficial de la ciudad, conmemora el "papel central" de Nueva York como escenario del renacimiento de la música popular, "desde su inicio en los años treinta y cuarenta, hasta su cénit en los cincuenta y sesenta", así como la condición de la metrópoli como centro del "continuado legado" del folk y sus géneros afines.

En cartel hasta el 29 de noviembre, la muestra documenta cómo la música de los cantautores ayudó a "transformar Greenwich Village", un barrio de malvivir y decadencia y en peligro de derribo por planes especulativos hasta la llegada de los folkies  y "extendió uno de los fenómenos culturales centrales del siglo XX".

La guitarra de Odetta tenía nombre: 'Baby'

Con fotos, grabaciones, películas, documentación y objetos, Folk City expone curiosidades emblemáticas como la guitarra de doce cuerdas del gran Leadbelly, uno de los primeros bluesmen en tener éxito entre el público blanco y también un pionero de la canción de denuncia, y la guitarra —bautizada como Baby— de otra de las iniciadoras del despertar social de los cantautores estadounidenses, Odetta.

Se exponen también objetos que colocan la mirada sobre grandes músicos que, para vergüenza del público y la industria de los discos, nunca pasaron del segundo plano: por ejemplo la servilleta donde el muy dotado Eric Andersen escribió la letra de Thirsty Boots y una inconfundible gorra de piel negra del más radical de todos los implicados en el movimiento, Phil Ochs, que después de flirtear con drogas y tener agudos problemas anímicos se ahorcó en 1976.

El primer concierto 'serio' de Dylan

Carteles ciclostilados y tiques de actuaciones en algunos de los locales que daban cuartel a los músicos, el póster del primer concierto serio de Dylan —en noviembre de 1961 en el Carnegie Chapter Hall— y, desde luego, fotos de los dos grandes abuelos del folk: Pete Seeger, que murió en 2014 a los 94 años en la abundancia, y Woody Guthrie, que no llegó a disfrutar en vida —murió en 1967, a los 54, tras padecer una dolorosa enfermedad degenerativa del sistema nervioso— la cosecha de una vida ejemplar de dedicación a la sociedad y la música popular en su sentido más comunitario.

La exposición se complementa con la edición del libro Folk City: New York and the American Folk Music Revival, una colección de ensayos de los historiadores Stephen Petrus y Ronald D. Cohen que publica la división editorial de la Universidad de Oxford. "Las canciones que emergieron de la comunidad musical de Nueva York colocaron a los estadounidenses en el camino. Los temas populares eran la sustancia, la carne y las patatas de la vida de las personas y rompieron todas barreras sociales", dice Petrus.

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