Regidor de las bodas gay
Francisco Maroto, alcalde de Campillo de Ranas, (a la izquierda) el día de su boda. Andrés Rubio

Su nombre es Francisco Maroto y es el alcalde rural que más parejas gays ha casado en estos diez años en España. "Puedo decir que habré casado, sin equivocarme, a más de 300 parejas homosexuales", asegura orgulloso el edil del PSOE que lleva cuatro legislaturas en el despacho principal del Ayuntamiento de Campillo de Ranas (Guadalajara), una localidad de premontaña con 186 empadronados.

Cuando en 2005 el Parlamento pasó la ley del matrimonio homosexual a propuesta del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Maroto fue de los primeros ediles en decir públicamente: "Yo caso". Desde entoces han elegido este pueblo situado en el corazón de la arquitectura negra más de un millar de parejas, el 30% de ellas aproximadamente homosexuales.

Antes de 2005 nadie iba a darse el sí quiero a Campillo. "Es cierto que nos dimos a conocer por el tema militante, pero es que la hostelería local se preparó a conciencia para albergar los convites y se creó un negocio alrededor de estas bodas", explica el alcalde. "La gente se encuentra aquí con un lugar agradable, en un entorno maravilloso, en el que es posible llevar a 200 personas a comer, que no en todos los lugares bonitos eso es posible".

No es cierto que los invitados de una boda gay sean solo homosexuales. Cuando te casas invitas siempre a los mismos: padres, suegros, cuñadas… El alcalde considera una baza importante que los contrayentes en Campillo "le ponen cara" a quien les va a casar. "Si tú te casas por lo civil en Pradillo (sede de los juzgados de Madrid) eres un mero número y no sabes ni quién te va a casar. Aquí ya me conocen". Claro que el alcalde confiesa que pese a que la avalancha de enlaces ha mejorado sus discursos, también le ha obligado a limitar el contacto personal con cada pareja. "Ahora me sé de memoria todos los artículos que tengo que citar, pero ahora ya solo establezco contacto con los que se casan el mismo día de la boda".

Campillo permite a los novios organizar bodas a la medida. Además de los enlaces de parejas del mismo sexo, proliferan las bodas temáticas, con disfraces o de época, y en los convites se permite a los novios traer su propia orquesta. "Los últimos que se casaron trajeron a una banda de dulzaineros", recuerda Maroto.

La experiencia le dice a este regidor que todas las celebraciones, ya sean gay o hetero, terminan siendo prácticamente iguales. "Todas son lo mismo: un acto de amor consistente en celebrar con los tuyos la decisión de que quieres pasar tu vida junto a una persona concreta", sentencia. Al principio, Maroto pensó que con su iniciativa atraería al municipio hordas de "gentes guapas y de famosos". Pero ha comprobado que no por casar gays vienen más gays a Campillo. Que el  porcentaje de homosexuales entre los invitados de un enlace es siempre el mismo, de un 5% a un 10% del total. "No es cierto que todos los invitados de una boda gay son homosexuales. Cuando te casas invitas casi siempre prácticamente a los mismos: padres, suegros, cuñadas…".

De los más de 300 matrimonios gays que ha ceremoniado, la mayoría fueron entre varones. También ha bajado ligeramente en los últimos años el ritmo de la demanda de sus servicios. "Cuando se aprobó la ley había mucha gente esperando casarse,  pero ahora ya todo ocurre con naturalidad. Las parejas no se casan más porque haya una ley". En Campillo se han dado el sí quiero novios españoles, japoneses, islandeses, australianos y brasileños.

Tras el enlace campestre contrayentes e invitados ponen rumbo de regreso a sus ciudades de residencia. "Vienen al pueblo a casarse, pero la mayoría viven en las ciudades", expone Maroto. A su juicio, queda pendiente el reto de la visibilidad gay en el mundo rural. Curiosamente, el mensaje que quiere lanzar no va dirigido a los habitantes de los pueblos, de los que dice "son gente permisiva y muy sociable", sino a la comunidad gay que vive en zonas rurales: "Si no hay visibilidad, no hay normalidad. Es necesario hacerse visible para que haya normalidad", reivindica.

En Campillo, según Maroto, la población asume con naturalidad que los hombres se casan con hombres y las mujeres con mujeres. Ocurre cada fin de semana. "Se ha vuelto una rutina y ya ni ven la diferencia". Él mismo dio el 'sí quiero' aquí en 2009. A su novio de toda la vida, Quique.