El arzobispo de Valencia, el cardenal Antonio Cañizares, considera necesaria en una sociedad pluralista como la actual "una mayor y más incisiva presencia católica, individual y asociada, en los diversos campos de la vida pública" y ve "inaceptable como contrario al Evangelio la pretensión de reducir la religión al ámbito estrictamente privado, olvidando paradójicamente la dimensión pública y social de la persona humana".

Así lo expone en su carta semanal, en la que pide al Espíritu Santo que mueva a los fieles de tal modo que dejen de una vez para siempre "el ser cristianos ocultos y acomplejados, y salgamos con toda libertad y valentía a plena luz, para confesar el nombre de Jesucristo, para entregar la riqueza de la Iglesia, fuerza de salvación para todo el que cree".

"Que nos dé esa fuerza interior que no nos permita estar parados o cruzados de brazos ante la situación apremiante de indiferencia religiosa, de increencia, de desaliento, de neopaganismo que padecen muchos de nuestros hermanos", agrega el purpurado, que apela también a destruir "miedos y temores, inercias y rutinas, comodidades y perezas, cobardías y complejos, falta de fe" y empuje a los cristianos "a buscar a nuestros hermanos y comunicarles la fe".

"Anunciar y hacer presente el Evangelio en los nuevos areópagos del mundo moderno, hacerlo presente, particularmente en la familia, medios de comunicación social, política, el compromiso por la paz, la defensa de la vida, el compromiso por el desarrollo y la liberación de los pueblos, la atención a las minorías, la promoción de la mujer y del niño, la salvaguardia de la creación, el mundo de la cultura, de la investigación científica o de las relaciones internacionales que favorecen el diálogo y conducen a nuevos proyectos de vida", recalca el purpurado.

A su juicio, para renovar la humanidad hace falta "hombres nuevos que rehagan el entramado, el tejido de nuestra sociedad" porque no se puede mantener "una situación en la que la fe y la moral cristianas se arrinconan a la más estricta privacidad, quedando así mutilada de toda influencia de la vida pública y social". "Esta es una de las trampas peores en que podemos caer: pensar que la fe es para la esfera religiosa en su sentido más estricto y restringido", sostiene.

Cañizares considera que "la aceptación del Dios vivo se manifiesta y hace efectivo en todos los órdenes de la vida real del cristiano, en su vida interior de adoración y obediencia liberadora a la santa voluntad de Dios, en la vida matrimonial y familiar, en el ejercicio de la vida profesional y social, en las actividades económicas y políticas, en todo lo que es el tejido real y social en el que de hecho vivimos inmersos y nos realizamos como personas, en la cultura".

Por ello, insiste, "la mejor contribución que la Iglesia puede dar a la solución de los problemas que afectan a nuestra sociedad —como la crisis económica, el paro que aflige a tantas familias y a tantos jóvenes, la violencia, el terrorismo, la drogadicción— es ayudar a todos a descubrir la presencia y la gracia de Dios en nosotros, renovarse en la profundidad de su corazón revistiéndose del hombre nuevo que es Jesucristo".

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