una nota de color con tulipanes
Los suelos ricos en materia orgánica y mullidos son ideales para plantar tulipanes. Necesitan mucha agua hasta el momento de la floración para lucir en todo su esplendor (A. S.).
La primavera es la estación en la que florecen las plantas. Entre las bulbosas, una de las más vistosas es el tulipán, debido a la belleza de su flor y a la variedad de colores. Originarios de Asia Menor y Central, los tulipanes se han convertido en el símbolo de Holanda. Desde hace años es muy popular en todo el mundo como flor cortada y ornamento en jardines de todo tipo.

Los tulipanes se dividen en grupos, según la época de floración y el tipo de flor. Hay, por ejemplo, tulipanes simples, dobles, listados de flor de lis y papagayos. Además, existen también grupos de tulipanes botánicos con sus variedades correspondientes.

El tulipán florece en primavera, aproximadamente a los 120 días de haber sido plantado –en otoño–,  y conserva su belleza durante 20 días. Después, la flor se marchita y hay que cortar el tallo principal y dejar que se seque el resto de la planta. Más tarde, el bulbo se extrae de la tierra, se deja secar y se guarda en un recipiente de arena seca, con el ápice colocado hacia arriba en un lugar fresco y oscuro. Así se podrá reutilizar.

Mucha agua y poca luz

El riego debe ser más abundante antes de la floración: los bulbos plantados en otoño deben permanecer húmedos durante el invierno. Para su óptimo desarrollo requiere un bajo nivel de iluminación. Es una planta resistente a las bajas temperaturas, aunque hay que protegerla de las heladas del invierno.

Aunque el tulipán no es una especie exigente, conviene plantarlo en suelos sueltos, mullidos, ricos en materia orgánica y sin concentraciones demasiado elevadas de sal.