Inmigrantes racismo 544
De izquierda a derecha, Gladys Sigüenza, Amín Kansas y Meslusus Uzomdv. / JORGE PARÍS JORGE PARÍS

Son escenas puntuales, pero cada vez cobran más fuerza. Sutiles humillaciones e insultos que nadie denuncia, pero que dejan huella. A una estudiante latinoamericana un compañero de clase le gritó: "Inmigrante de mierda, tú eres una puta, como tu madre, que ha venido a trabajar de puta". Y un profesor le soltó a un alumno: "Negro de mierda, bájate del árbol".

La Administración "ni reconoce el problema ni actúa para resolverlo"

Escenas como éstas, relatadas a 20 minutos por las asociaciones pro inmigrantes como Aesco y SOS Racismo, empiezan a ser "peligrosamente" frecuentes en Madrid. Es el racismo de baja intensidad, un fenómeno que las asociaciones ven con preocupación y ante el que la Administración, según dicen, "no actúa". "Les cuesta reconocer que existe", dicen.

"Y como no lo reconocen, no lo combaten", señala Vladimir Paspuel, portavoz de la asociación ecuatoriana Rumiñahui. A menudo, los extranjeros tienen dificultades para encontrar piso o plaza en un colegio concertado, según las ONG que trabajan con ellos.

Y en materia laboral, según un estudio de CC OO, los trabajadores extranjeros padecen el triple de temporalidad que el resto de madrileños, están en puestos inferiores a su cualificación y cobran un 30% menos que los españoles.

Gladys Sigüenza. Ecuatoriana, 30 años. "Si tuviera una casa en mi país para vivir no estaría aquí sufriendo. Una vez, cuando trabajaba en una casa de empleada doméstica, los dueños me gritaron: ‘¿Qué haces aquí? Mejor lárgate a tu país’. Ahora llevo tres meses sin empleo y estoy deprimida, pues tengo una hipoteca y los bancos nunca esperan".

Amín Kansas. Marroquí, 31 años. "Llevo cinco años aquí y sí noto un poco de racismo. Sobre todo entre la gente mayor, porque los jóvenes no son así. Lo más difícil es conseguir piso. En cuanto me preguntan: ‘¿De dónde eres?’, no me alquilan la casa si saben que soy marroquí. Me costó mucho encontrar el piso donde vivo. De todas formas, me gusta España".

Meslulus Uzomdv. Nigeriano, 28 años. "Salté la valla de Melilla para llegar hasta aquí. Ya llevo tres años en España y me costó mucho encontrar trabajo en la construcción. Yo no noto racismo, nunca me ha pasado nada. Ahora vivo en Alcorcón, pero toda mi familia está en Nigeria. Yo me quiero quedar en España porque ya tengo papeles y porque me gusta".

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