Era lo último que le faltaba por ver a Rogelio Rodríguez, de 67 años. En diciembre pasado, la Policía Municipal se presentó en su negocio anunciándole que tenía diez días para cambiar su antigua licencia de pastelería, con la que lleva preparando bocadillos desde hace 40 años en una galería comercial subterránea de la Plaza Canalejas.

Una antigua ley le ampara para seguir vendiendo, según sus abogados

"En diez días no da tiempo a cambiar una licencia. O me hacía pastelero o dejaba de vender", afirma el afectado.

Para Rogelio, el verdadero motivo estriba en la reforma urbanística que planea sobre la zona y no en una exigencia legal, ya que, según sus abogados, una antigua ley le ampara para seguir vendiendo: "Yo les estorbo porque mi local está justo en la salida donde pretenden construir un nuevo parking", asegura.

Cinco años luchando

Sus bocatas artesanales eran de los más famosos de Madrid. Pero en los últimos cinco años ha pasado por serias dificultades. Primero vino el deterioro progresivo de la galería: sus 35 compañeros comerciantes se fueron marchando, hasta dejarle solo.

Después, unas obras de reforma nunca acabadas que empeoraron aún más la situación.

Seis meses lleva Rogelio acudiendo cada mañana a sus establecimiento, sin despachar, sólo para no perder el contacto con los viejos clientes. «Por mis bocadillos antes venían hasta de México, pero ahora... no sé cuánto tiempo podré aguantar».

El Ayuntamiento de Madrid no dio ayer a este periódico su versión sobre el tema.

La Milla de Oro del centro

La rehabilitación de la Plaza de Canalejas es uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos del Consistorio. El plan incluye una reforma completa de los edificios de la zona, que recuperarán el uso original para el que fueron construidos. Entre las novedades se plantean la construcción de un hotel de gran categoría, una galería comercial de lujo y un parking subterráneo que dará servicio a toda la zona.