Bob Dylan, Príncipe
Bob Dylan, premiado desde Asturias.
«Mito viviente» de la historia de la música popular y «faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo». Por estos motivos, el jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007 le concedió ayer el galardón a Bob Dylan. Curiosamente, el cantante de Duluth (Minnesota, EE UU) siempre ha rechazo este papel que se le ha impuesto.

Nacido en 1941, Dylan nunca ha sido amigo ni de los academicismos ni de las convenciones sociales. Aunque en los últimos años ha mostrado un talante más condescendiente –tocó ante el papa–, ha construido su carrera de forma radicalmente individualista, sin implicaciones.

En su acta, el jurado también subrayó el carácter «austero en las formas y profundo en los mensajes» de Robert Allen Zimmerman, verdadero nombre del cantante, que conjuga «la canción y la poesía en una obra que crea escuela y determina la educación sentimental de muchos millones de personas».

Respuestas en el viento

Otro de los valores del músico es, según el jurado, su obra, «fiel reflejo del espíritu de una época que busca respuestas en el viento para los deseos que habitan en el corazón de los seres humanos».

Dylan se impuso al resto de favoritos a los galardones. Entre ellos, los arquitectos Frank Gerhy y Rafael Moneo, el cantautor Joan Manuel Serrat y los cineastas Milos Forman y Clint Eastwood.

Pedro Almodóvar obtuvo en 2006 este reconocimiento, dotado con 50.000 euros y la reproducción de una estatua de Joan Miró, que entrega el Príncipe Felipe en una ceremonia en el Teatro Campo, a de Oviedo. Antes de él también fueron distinguidos Woody Allen, Miquel Barceló y Paco de Lucía, entre otros.

Cuatro décadas de genialidades

La década de los sesenta fue el periodo más poderoso de Bob Dylan. El cantautor redefinió las leyes de la música popular con una forma de cantar y componer desconocidas hasta el momento. En estos años se concentran sus grandes himnos y se siente con mayor transparencia su espíritu rompedor. Sin embargo, Dylan ha seguido construyendo obras maestras desde entonces hasta hoy. Quizás no son discos tan impactantes como Blonde on blonde, pero trabajos como Blood on the tracks (1975), Oh Mercy (1989), Time Out of Mind (1997) o el reciente Modern Times son auténticas obras maestras.