De un solo teatro y un único espectáculo a los más de diez que hay ahora mismo en la cartelera madrileña o en casi cualquiera de una gran ciudad, esta manera teatral ha recorrido un largo camino: treinta años más o menos desde que Santiago Sánchez y Pablo Pundik lo trajeron a España.

Ahora bien, como herramienta su historia es mucho más extensa: ya la comedia del arte la usaba; los griegos, en el teatro de Aristófanes incluían números en blanco; y como señala a 20 Minutos el padre de la improvisación en España, Santiago Sánchez (LÓM Imprebís), "cualquier rito tribal tenía un espacio para la improvisación".

"Esto cada vez va a más"

Tiene el género (que ya no subgénero) varias ventajas frente a otros formatos, como la energía, la velocidad, el humor, la sorpresa y lo partícipe que es el público: "A la gente le gusta mucho, hay poca a la que la improvisación no le guste o le deje indiferente", comenta a 20 Minutos Fer Molina, fundador de la compañía Impro Impar, una de las que ha conquistado teatros convencionales (son parte habitual de la programación del Bellas Artes).

"Es una edad dorada, esto cada vez va a más", añade Fer, que en 2008 decidió montar Impro Impar y que desde entonces no ha parado de improvisar.

Cualquier rito tribal tiene un espacio para la improvisación"Le gusta a todo el mundo, porque una parte importante depende del público, que son quienes dan el título y a veces participan en el desarrollo", añade Edu Moraleda, componente también de Impro Impar.

"Conecta además con un público joven porque la improvisación une el trabajo teatral, el riesgo del deporte y la emoción de los conciertos", añade el pionero y responsable de que España tenga un buen hueco para este formato, Santiago Sánchez.

"Se han ido abriendo espacios a la improvisación que antes eran impensables, teatros convencionales que acogen impro, es un buen momento para esto", dice Fer Molina.

"En número es el mejor momento, nunca antes ha habido tantos espectáculos como ahora en cartelera. Miras, por ejemplo, en Madrid y hay 10 de impro. En el año 95 estábamos solos", dice Santiago.

Jamming reconoce que éste ha sido el año que más gente han tenido. Y llevan seis en distintos teatros de la Gran Vía. ¿La crisis ayuda? Pues parece que sí, el hecho de que el 90% en impro sea comedia es importante, que sea algo diferente y rápido, también.

"En tiempos de crisis la improvisación funciona", afirma el fundador de Imprebís. "El drama o lo serio no es que no funcione, es que sorprende, no es lo que esperan, pero luego también les gusta".

"Hace veinte años estábamos solos, hoy la cartelera está llena"

Hace veinte años no existía más compañía de improvisación que L'OM Imprebís, cuyo primer espectáculo, Imprebís, se estrenaba en 1994. "Fue mágico, porque es un formato mágico", cuenta Santiago Sánchez, "cuando lo descubrí en París en los ochenta inmediatamente quise traerme su magia". Y la trajo. De aquellos primeros pasos a hoy se puede hablar de tres generaciones, la suya; la de otros como Jamming o Impromadrid; y la de los más nuevos Impro Impar o Calambur.

Como espectáculo para el público tiene menos historia, pero como herramienta o una parte dentro del teatro convencional es largo el recorrido. En el siglo XVI, la comedia del arte se llevaba a cabo improvisando con una trama sencilla únicamente como base. A finales del XIX algunos de los grandes teóricos del teatro, como Stanislavski, utilizaron la improvisación como algo fundamental en sus métodos y ensayos.

El inglés Keith Johnstone hizo de este método una manera de hacer teatro, de ahí que sea considerado uno de los padres de la improvisación contemporánea.

la improvisación une el trabajo teatral, el riesgo del deporte y la emoción de los conciertosEl formato más habitual en la actualidad se debe a Johnstone y Robert Gravel. En Canadá durante los años 70 el teatro vivía tiempos sombríos, lo contrario que su deporte estrella: el hockey sobre hielo. La idea fue coger como modelo la estructura de un partido de hockey y de ahí inventaron el match de impro. Esto es: dos equipos compuestos por seis improvisadores, un árbitro, dos asistentes, y a competir.

Después vendría una versión reducida del match, llamada el catch, en la que se enfrentan dos parejas de actores, y al final de cada uno el público decide qué equipo es el que ha metido, como el un partido, el 'gol'.

El éxito que obtuvieron las fórmulas de Johnstone y Gravel llegaron a Francia, y allí españoles como Santiago Sánchez se enamoraron del formato. Fundó en Valencia, con el francés Michel López, la ya citada compañía L'Om-Imprebís. En Madrid Pablo Pundik hizo hueco a la improvisación con el Teatro Asura. Como escuela llevan más de treinta años de los que veinte han estado dedicados a enseñar a improvisar. De su escuela han salido improvisadores como Jamming.

¿El futuro? Hay acuerdo: "Será brillante".