Kamikazes en la base
Cinco pilotos kamikaze retratados a finales de 1944. Las misiones empezaron unos meses después Wikimedia Commons

La pequeña población japonesa de Chiran, dedicada al cultivo de té y habitada por 14.000 personas, tiene una mancha en su historia. De un aeródromo militar del pueblo, ubicado al sur del país, salieron la mayor parte de los casi tres mil aviones kamikaze que participaron en misiones suicidas durante la II Guerra Mundial. El ayuntamiento al cual pertenece la villa, Minamikyūshū, está empeñado en una relectura del pasado y quiere que las cartas de despedida de los pilotos que volaban hacia la muerte sean declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco según las siglas en inglés).

La cuando menos chocante petición ya fue rechazada en 2014, cuando la petición fue frontalmente definida por la diplomacia de la influyente China como "un esfuerzo por embellecer el historial de agresiones militares japonesas". Las autoridades locales de Minamikyūshū y los responsables del Museo Chiran de la Paz de los Pilotos Kamikaze, que atesora una importante colección de cartas, van a remitir otra vez la solicitud porque no están de acuerdo en que los mensajes sean un ejemplo de "glorificación de la guerra".

'Un paso hacia la paz mundial'

El alcalde de la ciudad, Kampei Shimoide, asegura que las cartas escritas en los momentos previos al despegue de las misiones suicidas por los jovencísimos pilotos —no solían tener más de 23 años— ayudan a promover la paz resaltando los horrores de la guerra. "Creemos que nuestro proyecto representa un paso adelante significativo en dirección hacia la paz mundial", añade el regidor en declaraciones recogidas por la BBC.

Las cartas que guarda el museo de Chiran [PDF en inglés del folleto oficial del centro que reproduce algunas misivas] son especialmente conmovedoras —la mayoría están dirigidas a los padres de los pilotos kamikaze, término japonés que significa viento divino—, pero también son irrefutables pruebas de la ceguera de un país conducido a una alianza con Hitler y al intento imperial de dominar el Océano Pacífico y todas las naciones que lo circundan.

Me dirijo a cumplir mi misión con la última sonrisa "Querida madre: no tengo nada que decirte en este momento. Me dirijo a cumplir con éxito mi misión con la última sonrisa y una enorme piedad hacia ti. Recuerda que no lloro y coloca algunos dumplings como ofrenda por mí tras mi muerte", escribe en un hermoso estilo caligráfico el kamikaze Fujio Wakamatsu, de 19 años.

'Me dirijo a morir en el mar de Okinawa'

El tono es el mismo en casi toda la colección. "Mamá, siento haber sido un hijo desobediente. Perdóname, por favor. Estoy feliz de marchar", escribe otro de los pilotos. "Voy a morir en el mar de Okinawa. Incluso tras mi muerte defenderá a mi país, Japón", añade otra.

El programa de kamikazes desde Chiran, entre marzo y julio de 1945, fue un intento desesperado del Gobierno de Japón para detener el imparable avance de los ejércitos de los EE UU y sus aliados hacia las costas del archipiélago.

Sólo el 9% de los kamikaze tuvo éxito: hundieron 34 barcos y mataron a 4.900 marineros Aunque sólo el nueve por ciento de los casi 3.000 aviones utilizados en las misiones suicidas tuvo éxito e impactó contra buques enemigos —hundieron a 34 barcos, dañaron a 368 y causaron 4.900 muertos y 4.800 heridos—, el programa fue psicológicamente preciso y muy polémico. Los kamikaze sembraban el terror entre los tripulantes por la discrecionalidad y el desprecio por la muerte de los jóvenes voluntarios japoneses, el 14% de los cuales sobrevivió tras las misiones.

Aviones fabricados de prisa y corriendo

Poco pudieron hacer aquellos pilotos casi adolescentes enviados a la muerte en aviones construidos de prisa y corriendo con la única intención de llenarlos de explosivos. En agosto de 1945 los aviones de los EE UU lanzaron las primeras y únicas bombas atómicas usadas en conflictos armados: impactaron contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki y sólo tenían la intención de matar a civiles, extender el pánico y obligar a Japón a la rendición.

Los japoneses recuerdan que los diarios de Ana Frank están protegidos por la Unesco Los partidarios japoneses que promueven la iniciativa para declarar las cartas Patrimonio de la Humanidad recuerdan que la Unesco ha concedido la tutela a los diarios de Ana Frank, la joven holandesa-judía que vivió escondida en Ámsterdam antes de ser delatada, arrestada por los nazis e internada en el campo de concentración de Bergen-Belsen, donde murió de tifus en 1945.