El cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, lanzó ayer duras críticas contra los sacerdotes de la parroquia de San Carlos Borromeo, en Entrevías, conocida como la iglesia roja, recordando, durante su homilía del Corpus, que "profanar la eucaristía supone un desprecio de la muerte del Señor" y que los sacerdotes no son los protagonistas de la celebración litúrgica.

El arzobispo presidió la eucaristía del Corpus en la plaza de Oriente

Rouco, que presidió ayer la eucaristía del Corpus Christi en la plaza de Oriente de Madrid, recomendó a los sacerdotes "profundizar siempre en la conciencia del propio misterio eucarístico como un humilde servicio a Cristo y a su Iglesia".

Rouco afirmó a continuación que «utilizar la celebración de la eucaristía en contra de la misma tradición en la que ha tenido su origen es, además de un acto carente de sentido y de valor teológico, un triste y grave atentado contra la comunión eclesial que nace de la obediencia a la fe y al mandato apostólico que procede del Señor".

"Quienes no tienen fe injurian a la comunidad creyente simulando participar de sus misterios, y quienes creen rompen la comunión que Cristo quiso para su Iglesia", añadió el arzobispo.

El arzobispado de Madrid decidió a principios de abril el cierre de la iglesia de San Carlos Borromeo, con 30 años de historia, porque las misas no se ajustan a la liturgia oficial. Los párrocos, miembros de la teología de la liberación, dan misa en vaqueros y ofrecen mendrugos de pan en la comunión. Su labor pastoral se concentra en marginados, inmigrantes y drogadictos.

Por otra parte, el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, lamentó ayer ante los fieles la división que sufre la sociedad española y reconoció que la Iglesia no está suficientemente unida. Tiene «tantos grupos y tendencias», dijo, que «parece como desgarrada o hecha jirones».