Era previsible la ruptura oficial de la tregua de ETA, la detención de Otegi y la vuelta de De Juana Chaos a prisión, y también lo será lo que aún no ha sucedido pero ya se barrunta. Pero todo es acogido con sorpresa y resignación por amplios sectores de la sociedad vasca, que en más de un 68% sigue siendo favorable a la negociación con la banda.

La ruptura del alto el fuego parece que no fue defendida por unanimidad, sino por quienes ostentan actualmente el poder en la organización terrorista.

"Los niñatos de mierda tienen la fuerza"

"Los niñatos de mierda tienen la fuerza. Creen que la actuación militar es más rápida para conseguir objetivos", reconoce hastiado un ex dirigente de ETA durante varias décadas. Se refiere a esa cantera que no sobrepasa la treintena de edad, que procede en su mayoría de la kale borroka desde hace cinco años, con escasa o nula formación, y que se han hecho con el poder en el mundo de las pistolas.

La presión para que ETA no declarara la guerra –ni la banda ni la dirección abertzale reconocieron la ruptura a pesar del atentado mortal de Barajas– provino no sólo de las filas de la organización armada sino también de la izquierda abertzale de Arnaldo Otegi. Estos sectores intensificaron el debate para frenar lo que parecía inevitable. Y que terminó con Batasuna volviendo a perder frente a ETA. Demostrando de nuevo su incapacidad para romper las cadenas con quienes inexorablemente marcan las pautas.

El mundo abertzale está contrariado con la ruptura de la tregua pero siempre justifica la actuación de los etarras, aunque no aguantan dos minutos seguidos un análisis profundo del porqué.

"Tristeza, decepción y cansancio"

La vuelta oficial de ETA a la guerra ha sido acogida con "tristeza, decepción y cansancio" también entre el mundo de Batasuna, según palabras de una militante cercana a la dirección.

Además, el tótem abertzale, el colectivo de presos, se ha derrumbado. Por si fuera poco, los dirigentes históricos que están entre rejas carecen del más mínimo peso.

Con el caso irlandés como hilo conductor, se ha venido buscando un Gerry Adams o un Martin MacGuiness. Una especie de Francisco Mujika Garmendia, Paquito, dirigente etarra en los años ochenta y que hace tres, desde la cárcel, cuestionó la eficacia de la lucha armada.

También muchos buscaron en Otegi a ese líder, pero ha fracasado porque los militares se han impuesto a los políticos, al contrario de lo que ocurrió en el conflicto irlandés.

La voluntad de la dirección de Batasuna es no quebrar la negociación con el Gobierno. "Los canales de comunicación siguen abiertos", aseguraban un día antes de la detención de Otegi en medios abertzales.

Nada ha trascendido, pero el día previo a la ruptura de la tregua, Zapatero nombró a José Antonio Alonso, su amigo personal y ministro de Defensa, encargado de coordinar la comisión negociadora del proceso de paz. Rubalcaba es ya el rostro duro del Gobierno en la lucha antiterrorista, y Alonso, el político en la trastienda.