¿Le gusta despertarse con los primeros rayos de luz y disfrutar de la mañana o es esclavo de la noche?

La respuesta a esta pregunta no es aleatoria, ya que nuestros hábitos están condicionados por nuestra fecha de nacimiento, "como respuesta a la duración del fotoperiodo o el grado de exposición lumínica durante los primeros meses de desarrollo del bebé", según un estudio publicado por Ana Adán, psicobióloga de la Universidad de Barcelona.

Condicionados desde la cuna

El estudio demuestra que la estación del año en la que nacemos condiciona nuestra manera de comportarnos, lo que también se conoce como nuestro ritmo circadiano.

Así, las personas que han nacido en otoño o invierno mostrarán hábitos matutinos y los nacidos en primavera y verano tenderán a llevar una vida nocturna.

Por otro lado, y según el estudio, en cada hora del día nuestro cuerpo se encuentra mejor preparado para realizar ciertas tareas en detrimento de otras; ejemplo claro son las actividades cognitivas.

A primeras horas del día nuestra mente se encuentra más preparada para memorizar datos a corto plazo y la concentración y el aprendizaje llegan pasado el medio día para reafirmarse en la tarde-noche.

Algo similar ocurre con las actividades físicas, siendo las más madrugadoras los deportes de precisión miemtras que los deportes que requieren de fuerza física se ejecutan mejor de noche.