Xosé Fernando Filgueira Iglesias, presidente de la Fundación Filgueira Valverde e hijo del polifacético escritor, considera que "la mayoría" de las críticas a la elección del pontevedrés como homenajeado en el Día das Letras Galegas provienen de "gente que habla con poco conocimiento" de la realidad de su tiempo y de la "leyenda urbana que muchos inventaron" sobre él.

Uno de los puntos más sensibles de estos reproches se refiere a que Filgueira no acudió a defender a Alexandre Bóveda en el 36 al juicio que acabó con su fusilamiento y que, según ha recordado su hijo en una entrevista concedida a Europa Press, se trata de un asunto aclarado tanto por él mismo como por el propio nieto de Bóveda, que rechazó la supuesta polémica entre ambas familias y avaló dedicarle el Día das Letras Galegas al también conocido como 'o vello profesor'.

"Ya habló Valentín García Bóveda, ya hablé yo, y está todo dicho. El que quiera entender que entienda", ha zanjado el hijo del homenajeado, quien ha considerado que si los críticos "leyeran un poco" sobre el caso "a lo mejor se convencían de que no tienen toda la razón".

Otro de los aspectos que ha generado más polémica se refiere a su actividad política posterior al 36 tras desvincularse del Partido Galeguista y participar en la fundación de la Dereita Galeguista, o su papel como alcalde de Pontevedra durante el Régimen entre 1959 a 1968 y en las cortes franquistas.

"Nos da igual, aunque parezca absurdo", ha insistido, recordando que en su casa han aprendido "una democracia absoluta" y siempre han pensado que "cada uno tiene derecho a defender sus ideas". A pesar de ello sí ha rechazado las "mentiras históricas" que se han vertido sobre su padre, como que fue el causante de "traer la celulosa" a la Ría de Pontevedra.

Filgueira quiso señalar que se trataba de una época "compleja" en la que "había que hacer las cosas de otro modo", y que incluso en su etapa como alcalde en Pontevedra consiguió dedicar "de tapadillo" una calle a Xoán Manuel Pintos o celebrar el Festival de la Canción Gallega entre 1960-1967.

También ha recordado que protagonizó la "primera intervención" en defensa de la lengua materna junto a Antonio Rosón, a finales de los 60, logrando la aceptación de la introducción de la enseñanza en lenguas autonómicas en la comisión de redacción de la Ley de Educación de Villar Palasí.

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Os bos e xenerosos'

Frente a las críticas, ha agradecido el papel de "un montón de intelectuales", a quienes llama 'os bos e xenerosos', que entienden la figura de Filgueira "y lo están defendiendo", como el reciente libro publicado por el presidente de la Real Academia Galega, Xesús Alonso Montero, en el que el escritor define al homenajeado como "un obrero de la causa gallega" que "trabajó desde dentro del Régimen erosionando la dictadura de Franco".

"Puso los pilares de muchas cosas", ha recordado, como el Seminario de Estudos Galegos; el Museo de Pontevedra, del que fue director y secretario técnico; el Consello da Cultura Galega o la normativización de la lengua gallega, "que a muchos no les gustó y otros la consideraron imprescindible". "Un idioma que no tiene normativización es imposible que tenga enseñanza pública", ha considerado.

En este sentido, ha confiado en que las Letras Galegas permitan "reconocer los méritos que puede tener" en la historia de la cultura gallega, tras 20 años desde el día de su fallecimiento, y que la difusión de su figura permita a la sociedad "volver a conocer" a Filgueira.

"No era un literato de ficción, pero si te paras a leer el prólogo de Agromar y lees la obra, y te pones en el 32, pues aquí hay 'grande cousa'. Como decía Pondal", ha insistido.

Uno de los aspectos más destacados es su legado ensayístico con más de 2.000 artículos y conferencias, como parte de una obra en la que "la defensa de la lengua está por encima de todo. "No se si hay mucha gente que merezca más las Letras Galegas que Filgueira", ha destacado.

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Vello profesor'

Además de las instituciones que impulsó y el "desarrollo que alcanzó" el Museo de Pontevedra, Xosé Filgueira se queda con la "pegada" que dejó su padre en el estudio de la literatura medieval y su papel en la docencia, recalcando que en la Academia, el Centro Ramón Piñeiro "y en Galicia" hay mucha gente que "fue despertada a la literatura" en sus clases.

"Indudablemente hay una cara de la que estaba muy orgulloso, su labor docente", ha insistido, a través de la que jóvenes que después han sido "padres" y ahora "abuelos" han sido alumnos de él. "La obra que dejó está ahí presente, no es sólo literaria, es un compromiso con la lengua, un compromiso con las instituciones".

Xosé Fernando Filgueira recuerda los días en la casa familiar, en la calle Arzobispo Malvar de Pontevedra, en un balcón donde se tomaba el café "todos los días" y a donde acudían "muchos amigos" en los meses de verano, como Sánchez Cantón, un catedrático "muy brillante", o Iglesias Vilarelle, "muy amigo de Filgueira" y "vecino de la casa de enfrente". "Aprendíamos muchísimas cosas. Porque aquellas tertulias eran una fuente de aprendizaje importantísima", ha añadido.

Sobre todo, para él su padre era "un hombre muy trabajador, muy dialogante" y "un gran conversador y escuchador". "Yo diría que nunca habló mal de nadie", ha señalado. "Lo recordamos con mucho cariño y al hecho de que tenía a su lado a una figura bastante excepcional que reflejaba la luz que emanaba, mi madre, que le guardó las espaldas".

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