Magdas Hotel
Imagen de la fachada del Magdas Hotel. EFE

Dinis llegó a Viena en 2003 escapando de la situación política en su país, Guinea Bissau. Como él, otros 21 refugiados de países de África y Asia han encontrado una segunda oportunidad trabajando en el Magdas Hotel, un hospedaje diferente que trata de ser un punto de encuentro entre asilados y turistas.

"Nunca me había sentido mejor en mi vida que ahora que dispongo de trabajo", contaba esta semana Dinis, contable de formación y al que los seis idiomas que habla le han permitido encajar perfectamente como recepcionista de este hotel.

En este establecimiento los anfitriones son trabajadores de dieciséis nacionalidades, culturas y tradiciones de África y Asia, que hablan desde idiomas globales hasta pequeños dialectos.

Este hotel es una antigua residencia de ancianos que estuvo cerrada durante añosForman parte de Magdas Hotel, el nuevo proyecto social de Caritas Austria que abrió sus puertas hace tres meses y en el que 22 de sus 28 empleados son refugiados.

Este hotel, una antigua residencia de ancianos que estuvo cerrada durante años, no nació con la idea de obtener el máximo beneficio económico, sino con el objetivo de potenciar el beneficio social, según explica su director ejecutivo, Michael Kleinbichler.

"Buscamos un retorno de lo que invertimos para crear un mejor futuro para toda la sociedad", cuenta. Por ejemplo, el hotel coopera con el Gobierno de Austria para dedicar una parte del edificio a viviendas para refugiados menores de edad, algunos de los cuales aprenden a la vez sobre el sector de la hostelería y la restauración.

Un hotel lleno de originalidad

Además de dar una oportunidad laboral a los refugiados, la filosofía de este hotel es ser un lugar de reunión entre el personal y los turistas. En definitiva, un punto de encuentro e intercambio entre distintas culturas, tradiciones y idiomas. Ésta es la razón por la que todas las habitaciones de las tres primeras plantas no tienen televisor.

"Queremos que la gente se encuentre en la sala del hotel, charlen y tomen algo juntos, en vez de quedarse en la habitación mirando la televisión", explica la arquitecta Johanna Aufner, una de las responsables de la restauración del edificio. "Stay open-minded" (Manten la mente abierta) es el eslogan de este establecimiento que presume de que su mezcla de nacionalidades e idiomas es su máximo activo.

Pero el hotel es original también en lo estético. Tras su cierre como asilo, la mayoría del mobiliario de las habitaciones acabó almacenado en el sótano del edificio, junto a otros procedentes de tiendas de Caritas y muebles de segunda mano que se compraron a través de Internet.

De esta montaña de objetos y muebles, considerados por muchos inútiles, nacieron las creativas ideas del grupo de arquitectos AllesWirdGut, que reformó el edificio. "Llegó un momento en que disponíamos de centenares de piezas de muebles en el sótano. Intentamos escoger las más bonitas y ponerlas juntas para crear nuevos muebles", cuenta Aufner. "El resultado muestra que utilizando algunos objetos de un determinado modo puedes hacer cosas únicas y aún mucho más especiales y bonitas que cuando las compras", añade.

Además, muchas de las habitaciones están decoradas con trabajos de estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de Viena.

En el proyecto de micromecenazgo, financiado por la Fundación Caritas y con la contribución de distintas empresas y particulares de Viena, se invirtió un total de 1,5 millones de euros para rehabilitar el edificio y las 78 habitaciones con que cuenta hoy. Una de las soluciones creativas, en la que colaboró la Facultad de Bellas Artes de Viena, para mejorar la fachada del edificio fue cubrir los balcones con placas de cobre que los clientes que lo deseen pueden financiar a un precio de 15 euros.

"La idea es hacerlo bonito y, al mismo tiempo, ser capaces de recuperar el dinero invertido y aún ganar más si después de los cinco años de prueba, se decide no seguir con el proyecto del hotel y venderlo", asegura Kleinbichler. De momento, tras dos meses abierto, los responsables del hotel prevén alcanzar una ocupación de más del 50% en los próximos meses y alrededor del 65-70% hacia finales de año.

Los precios van desde los 75 euros para una habitación doble a los 80 para una suite.