El informe policial sobre el asesinato de Federico García Lorca fechado en 1965 confirma la teoría de uno los investigadores sobre la muerte del poeta, el hispanista francés Claude Couffon, que señaló la ubicación de su fosa en el Barranco de Víznar (Granada), situado exactamente a 1,6 kilómetros de Fuente Grande.

El documento publicado ahora apunta que el enterramiento común estaría a dos kilómetros a la derecha de Fuente Grande, lo que llevaría a pensar que los restos de García Lorca estarían en pleno corazón del municipio de Víznar, junto al Ayuntamiento, por lo que es más probable que ese cálculo fuera aproximado.

Existen multitud de investigaciones sobre la ubicación de la fosa del poeta. Ian Gibson, en base al testimonio que en su día le ofreció Manolillo 'El Comunista', siempre apuntó que Lorca estaría enterrado en el entorno cercano a Fuente Grande, concretamente en el actual parque García Lorca, bajo el monolito que recuerda a las víctimas de la Guerra Civil, junto a un olivo, pero la excavación que se produjo en 2009 hizo desechar esa zona, puesto que concluyó sin el hallazgo de restos óseos o evidencia de fosa alguna.

En su libro 'El asesinato de García Lorca' (Editorial Crítica, 1979) Gibson recoge el testimonio de este joven, que supuestamente tenía que trabajar de enterrador en la zona de Alfacar y Víznar, y que el 24 de agosto de 1978 lo llevó al que él decía que era el lugar donde yacía el poeta, junto al maestro republicano Dióscoro Galindo, y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Se trataba de una zona emplazada junto a unos chalets que se acababan de construir, cerca de una plantación de pinos, y bajo un olivo.

También Agustín Penón investigó sobre el asesinato del poeta, y sus indagaciones las recoge el libro 'Miedo, olvido y fantasía' (Editorial Comares, 2000). En el capítulo titulado con 'El lugar que pudo ser' mantiene que la fosa se ubicaría justo en las cercanías de Fuente Grande, junto a la acequia, donde habría tres enterramientos comunes: "Después de todas estas comprobaciones me siento lo bastante convencido para creer que el cuerpo de Federico García Lorca podría estar en una de estas tres fosas (...). Por lo que considero que cualquier búsqueda de su cuerpo debería comenzar por estas tres fosas", señala.

Otras teorías

Por otra parte, el periodista Eduardo Molina Fajardo, en su obra 'Los últimos días de García Lorca' (Plaza & Janés, 1983), apunta la ubicación de la fosa en el antiguo campo de instrucción de Falange, en la zona del Peñón del Colorao, como también considera más probable el investigador Miguel Caballero, uno de los impulsores de las últimas intervenciones en el paraje en la búsqueda del lugar donde yacen los restos del poeta y autor de 'Las 13 últimas horas en la vida de García Lorca' (La Esfera de los Libros, 2011).

Sin embargo, y si se da como válida la ubicación que apunta el último informe aparecido, que es el único documento oficial en el que el régimen de Francisco Franco admite que el poeta fue "pasado por las armas", el investigador que más se acercaría al lugar apuntado sería Claude Couffon, que falleció en 2013, pero que dos años antes, con motivo del aniversario del nacimiento de Lorca, estuvo en Granada para recibir el 'Pozo de plata' con el que cada año el '5 a las 5', acto de homenaje al poeta, reconoce a figuras destacadas relacionadas con su vida y obra.

Couffon, que visitó entonces con su mujer el Barranco de Víznar, explicó que allí fue a llegar con una cámara japonesa oculta para fotografiar la zona en la que él consideraba que estaba enterrado el escritor de Fuente Vaqueros. Así lo expone en su libro 'Granada y García Lorca', que la editorial Losada publicó en Buenos Aires en 1967, justo dos años después del informe aparecido ahora.

En un tono literario, Couffon alude al pueblo de Víznar como el lugar al que el vehículo de la Gobernación Civil condujo a Lorca en la "trágica noche" del 19 de agosto de 1936. También se refiere a La Colonia, que había sido lugar de recreo para niños, y que se había convertido en una especie de prisión improvisada de los que iban a ser fusilados al alba.

Explica el hispanista francés cómo se encontró, mientras hacía sus investigaciones, en una taberna del Albaicín conversando con un vecino del barrio. Éste le habló del barranco de Víznar, y de cómo los "verdugos de Nestares", en alusión a José María Nestares, jefe del frente de Víznar en 1936, fusilaban a sus víctimas.

"Cuando sus tumbas estaban cavadas —casi siempre de noche, a la luz de los focos—, los prisioneros eran conducidos frente a un sacerdote falangista para que confesaran, y le contaran todo lo que querían saber. (...) Terminada la confesión, se quitaban las esposas a los presos, se les ordenaba levantar los brazos y era la orden fatal: "¡Corre!", le aullaban. Entonces a espaldas de los desafortunados se les veía apuntar los revólveres, y se producían las dos detonaciones secas que hacían estallar la nuca... Cuando los cuerpos caían mal, por ejemplo de espaldas, ellos lo empujaban a patadas hasta los pozos... Así es, señor, como se moría en Víznar", fue el testimonio del hombre, que recoge en su libro.

Couffon explica además que el Barranco de Víznar, que está plantado de pinos ahora, no estaba en el año 36 de la misma forma, sino que las fosas eran muy visibles, según le contaron, y que la razón del cambio sólo radicaba en la intención de "disimular el crimen" y que las raíces de los árboles acabaran con cualquier huella de lo que allí pudo ocurrir.

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