El fotógrafo que viajó a Siberia en busca de la memoria de su padre y encontró a Akira Kurosawa

  • En 'Escena borrada' el fotógrafo ruso Yury Toroptsov narra un viaje a la zona más oriental de Siberia para buscar datos de su padre fallecido.
  • Una vez allí descubre que cuando era apenas un bebé estuvo de visita en el rodaje de la mítica película 'Dersu Uzala'.
  • La melancólica crónica de reconstrucción de una niñez sin señas idealiza el cruce con el director Akira Kurosawa, al que sin embargo 'nadie conocía en Rusía'.
Un tigre siberiano disecado, símbolo del rodaje de 'Dersu Uzala' al que fue llevado Yury Toroptsov por sus padres cuando era un bebé
Un tigre siberiano disecado, símbolo del rodaje de 'Dersu Uzala' al que fue llevado Yury Toroptsov por sus padres cuando era un bebé
© Yury Toroptsov, from 'Deleted Scene', published by Kehrer Verlag

"Regresé a Rusia para recorrer los lugares con vestigios sueltos que me recordaran a mi padre. La verdad es que no sé casi nada de él porque murió antes de que yo cumpliera dos años. No tengo recuerdos en mi memoria y casi nada de su existencia ha perdurado. Solamente su cámara de fotos, que encontré cuando tenía 9 años en el armario donde la guardaba mi madre. La desmonté hasta el último tornillo para ver si escondía algo de mi padre. Lo que hice fue destruir la última de sus posesiones".

Quizá para reparar aquel desaguisado y cuando al fin fue consciente de su alcance, el fotógrafo Yury Toroptsov, nacido en 1974 en un pequeño pueblo rural en las cercanías de Vladivostok, en el extremo oriental de la Siberia rusa y muy cerca de Corea de Norte y China, decidió emprender un viaje para recobrar el eco del padre al que apenas conoció y del que nada recuerda. El resultado es un proyecto conmovedor y sentimental, Deleted Scene (Escena borrada), recién publicado en libro por Kehrer Verlag [96 páginas, 30 euros].

'Fotografiar lo invisible'

Residente primero en Nueva York, a donde se trasladó para estudiar, y luego en París, el regreso de Toroptsov a los orígenes es melancólico y condenado de antemano al fracaso o al menos a una derrota notable. Se trata, como dicen desde la editorial, de la misión imposible de "fotografiar lo invisible" internándose "en las complejas líneas del laberinto" del pasado para descubrirlo desde la "introspección".

Lo que el fotógrafo descubre en su periplo es escaso aunque, dado que partía de la nada, suficiente para componer un paisaje emocional que le ayuda a llenar los amplios pasillos vacíos de la ausencia de todo rastro, de toda memoria. Descubre, por ejemplo, algunas de las instantáneas que hacía su padre, gran aficionado a la fotografía y propietario de un cuarto oscuro para revelar e imprimir.

'Sólo le quedaban 13 meses de vida'

"En una de las fotos aparezco yo, con cinco meses de edad: un bebé acostado boca abajo en la cama de mis padres. Mis ojos están mirando directamente al fotógrafo, mi padre, al que solo quedaban trece meses de vida", escribe Toroptsov en el breve texto con que explica su proyecto en el libro, donde, además de las imágenes del archivo familiar, incluye otras que documentan el espacio físico, desolado y triste, en el que nació y creció.

La presencia paterna es la de un "personaje abstracto siempre al borde del olvido", añade Toroptsov, que no tuvo demasiado éxito en las indagaciones para recuperar trazos de la figura cuando preguntó a vecinos y familiares lejanos. "Lo han olvidado casi por completo. Nadie me habló sobre él. Su tumba está abandonada. Sólo me contaron dos o tres historias, como si mi padre perteneciera a los restos de una tradición oral que también se está perdiendo del todo".

En el rodaje de un Oscar

La única anécdota completa y con posibilidad de contraste fue la de una visita que sus padres y él, aún un bebé de pocos meses, hicieron en 1974 al lugar cercano donde el director japonés Akira Kurosawa estaba rodando la que sería una de sus obras maestras, Dersu Uzala, ganadora en 1975 del Oscar a la mejor película de habla no inglesa. El largometraje está basado en el personaje real de Dersú Uzalá (1849-1908), uno de los últimos cazadores nómadas de Siberia.

"Mis padres y yo fuimos al lugar donde estaban rodando Kurosawa y su equipo", cuenta el fotógrafo. "En aquel tiempo nadie conocía en Rusia al director ni tenía idea de su nivel, así que mis padres no se entretuvieron demasiado. Luego me di cuenta de que el cruce accidental con el mundo del cine fue un hito para nosotros, uno de los últimos y escasísimos momentos en que fuimos una familia unida y feliz", precisa el fotógrafo idealizando aquel encuentro.

El tigre siberiano

Además de fotos de la taiga interminable, los bosques boreales de Siberia, y de ciudades extensas y monótonas donde la lejanía y el silencio son palpables Toroptsov añade fotos de los monumentos dedicados al mítico cazador, un chino de la etnia Hezhen, de creencias animistas y confiado en la sabiduría de la naturaleza como guía para vivir en armonía, y también una imagen, tomada en un museo, de un ejemplar taxidermizado de un tigre siberiano, el animal que Uzalá consideraba guardián de la nobleza de espíritu.

La relación de la idea de caza —del padre, de la memoria— con el proyecto fotográfico de Toroptsov es resaltada en la exposición de su serie en el Musée de la Chasse et de la Nature (Museo de la Caza y de la Naturaleza) de París. La muestra está en cartel hasta el 15 de junio.

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