Richard Avedon: Audrey Hepburn and Art Buchwald, with Simone D’Aillencourt, Frederick Eberstadt, Barbara Mullen, and Dr. Reginald Kernan, evening dresses by Balmain, Dior, and Patou, Maxim's Paris, August
Audrey Hepburn, en el centro, posa para un editorial de moda de Richard Avedon en el restuarante Maxim's de París © The Richard Avedon Foundation - Courtesy of Gagosian Gallery

En 1946, cuando el joven Richard Avedon tenía 23 años, lo asignaron a la Marina Mercante de los EE UU, militarizada por la II Guerra Mundial. Sus jefes se enteraron de que el muchacho, nacido como hijo único en una familia de judíos escapados de Rusia que había montado una exitosa tienda de ropa en la Quinta Avenida, sabía manejar una cámara de fotos y eso bastó para que le encargaran hacer los retratos de carnet para las tarjetas de identidad de todas las tripulaciones. "Creo que hice 100.000 retratos y salí de allí convencido de que había aprendido todos los secretos", explicaría con buen humor y una pizca de exageración años más tarde.

En 2004, cuando Avedon murió a los 81 años, tras más de 60 con la cámara en la mano —falleció empuñándola, tras un derrame cerebral mientras trabajaba en un reportaje para The New Yorker—, el obituario del diario más influyente de los EE UU, The New York Times, anunciaba el final de un artista cuyas fotografías de moda y retratos habían "ayudado a definir durante el último medio siglo la imagen de la belleza, el estilo, la elegancia y la cultura". Cuando le sorprendió la muerte, Avedon estaba componiendo un mosaico titulado Democracy (Democracia) donde retrataba, como había hecho con los marineros, la identidad de centenares de estadounidenses de a pie.

'Cada sesión, un juego de azar'

La exposición Avedon, Beyond Beauty (Avedon, más allá de la belleza), hasta el 11 de abril en la sucursal de la Gagosian Gallery de Roma, está encabezada por una cita del gran fotógrafo —uno de los más consumados estilistas del siglo pasado, un revolucionario de la fotografía de moda y un inquieto cronista social—: "Cuando me siento absorto por la belleza de un rostro o la excelencia de una sola de sus características siento que he perdido lo que de verdad tenía ante mí... Ser seducido por el estándar de belleza de otros o del propio modelo que posa ante ti no es la mejor de las técnicas. Cada sesión, entonces, se convierte en un sorteo, un juego de azar".

Era eléctrico, como si pretendiera agotar a los modelos y dejarlos sin defensas Consciente de que el mejor retrato siempre es el que has dejado de hacer, en las fotos de Avedon es tangible ese carácter reductor de las fotografías, como si en cada una quedasen pendientes de respuesta las preguntas básicas: ¿está mostrando quién es o actuando ante mí?, ¿he logrado que se quite la máscara o aún la lleva puesta? Avedon dedicó toda una vida de intenso trabajo —era un workaholic y tenía un comportamiento eléctrico, como si pretendiera agotar a los modelos y dejarlos sin defensas— a retratar para responder, siendo consciente de que cada respuesta implicaba más preguntas.

'Jackie' y Audrey

Las fotos que pueden verse en la antología de Roma, de todas las épocas del prolífico artista —desde un retrato de Jackie Kennedy en el que posa con el mismo glamour que una modelo, hasta una escenografía montada en torno a la magnética Audrey Hepburn en el restaurante parisino Maxim's—, demuestran que, pese a sus dudas —o acaso por ellas—, Avedon dominaba la composición, el balance y los volúmenes de una manera tan natural que sólo le quedaba esperar al buen disparo para tener entre manos una obra maestra.

Tras dos décadas trabajando en la fotografía de moda —donde fue un visionario en las páginas de las mejores revistas, Vogue y Harper's Bazaar, en las que fue de los primeros en llevar la fotografía a la calle y trabajar con la luz natural disponible— y en los retratos de personalidades sociales culturales y políticas, Avedon era consciente de lo que sucedía en las calles y deseaba dar una respuesta al cambio social que se estaba produciendo o podría producirse. Entre 1960 y 1971 compuso sus famosos murales con personajes relacionados con la contestación política y artística.

Se lanzó a la carretera para visitar villorrios, rodeos, carnavales y ferias. Luego, entre 1979 y 1984, se lanzó a la carretera para visitar villorrios, rodeos, carnavales y ferias. El resultado fue su magnum opus, In the American West, una radiografía de los ciudadanos olvidados que componen el verdadero cuerpo social de los EE UU. El libro con una selección de la serie se convirtió en uno de los mayores best sellers de fotografía de todos los tiempos.

'Desafió la belleza convencional'

Como indican desde la galería, la grandeza de Avedon es que tanto sus fotos de moda como los retratos sociales tienen la misma dignidad, porque estaba convencido de que no existen fronteras entre arte y comercio cuando llevas una cámara en la mano y te ofreces a enfrentar la mirada con la de otra persona. "Desafió los límites de la belleza convencional" y supo capturar "con inventiva, ingenio y perspicacia" a grandes personalidades o a sujetos anónimos, porque sabía que, cuando llega el momento, la fotografía nunca miente.