‘Nicole’, 2014
Cuadro del pintor estadounidense Alex Katz © Alex Katz. Courtesy Timothy Taylor Gallery

Olvidado por la crítica y el academicismo durante décadas, mangoneado por Andy Warhol —que le robó unas cuantas ideas para las serigrafías planas que le convirtieron en millonario, apropiación que han constatado los biógrafos y amigos del rey del pop art—, residente desde 1968 en un edificio en régimen de cooperativa que comparten artistas sin afanes especulativos en el Soho neoyorquino, Alex Katz suele tomarse con irónico fair play el desprecio y el muy reciente pasmo de algunos museos y comentaristas.

"Por fin se están poniendo al día conmigo. No sé por qué les ha costado tantos años", declaró hace unos meses, poco antes de que la Tate Modern lo dejará finalmente colgar en unas sagradas paredes que han consentido demasiadas veces la grosería de lo que está de moda. Despreciado por su normalidad y acusado de banal por no caer en el reduccionismo de las escuelas y los estilos, Katz es cada día más apreciado en todo el mundo.

Asombrosa vitalidad

Con mejor salud que muchos veinteañeros y una vitalidad asombrosa, Katz (que está a punto de cumplir 88) sigue entregando cada año una nueva colección de sus retratos de "figuración limpia", como ha llamado alguien al estilo, fiel a la idea de desapegarse emocionalmente de los personajes, en el que pinta Katz desde que empezó a participar en exposiciones en la década de los cincuenta, un mal momento dada la tendencia de éxito entonces, el expresionismo abstracto de los pintores-filósofos Jackson Pollock y Mark Rothko. Debe anotarse que no hablamos de un diletante: antes de atreverse a dar el salto a los circuitos, destruyó mil cuadros porque no se sentía a gusto con ellos y deseaba afinar un estilo propio y potente.

Sus cuadros han generado 200 exposiciones individuales desde 1951 Katz superó el vendaval del ninguneo con buena nota y siguió adelante, acercándose a los postulado del pop art de hacer arte sobre lo mundano, pero sin pringarse demasiado con la teoría, manteniendo una tozudez de maneras que apenas ha variado. Desde 1951 sus cuadros —en la eficaz y luminosa web del artista hay una cuidada y numerosa colección— han generado 200 exposiciones en solitario e intervenido en más de 500 colectivas. Los críticos se han ido callando y desdiciendo mientras Katz, que en nada ha cambiado, les daba una lección de coherencia.

'Widescreen' panorámico

Ahora presenta en Londres Black Paintings (Pinturas negras), hasta el 2 de abril en la Timothy Taylor Gallery de la capital británica. Las nuevas pinturas, de gran formato y todas pintadas al aceite sobre lona, juegan con el espacio negativo y colocan a los seres esquemáticos de Katz sobre una masa uniforme de color negro que añade un silencioso dramatismo a los retratos, muchos de ellos en widescreen panorámico, con unas proporciones que refuerzan el tono cinemático.

La ausencia de una historia específica reclama que los demás la completemos  En el nuevo cuerpo de trabajo llama la atención que Katz no llena cada cuadro con las figuras humanas, sino que les asigna un espacio en los márgenes, dando al resto del lienzo categoría de espacio negativo en negro. Lo "teatral y cinematográfico" está acrecentado por la luz intensa que es marca de la casa —el pintor es un admirador declarado de Manet, Matisse y Hopper— pero esta vez no hay fondo ni narrativa alguna excepto la que el espectador quiera aportar a cada obra, como si la ausencia de una historia específica estuviese reclamando que los demás la completemos.

'Perdidos en su propia contemplación'

"Traté de pintar el ahora, pero una vez que lo hago la historia ya no está en el cuadro, yo no pertenece al momento presente", ha declarado el artista. Las grandes lonas presentan en ocasiones a dos personajes, pero no parecen tener conciencia uno del otro, como si se tratase de "seres perdidos en sus propios pensamientos, en su propia contemplación", añaden desde la galería.

No tienes que pintar deprisa, sino más lento que tus pensamientos Nacido en Nueva York en 1927 en una familia de rusos que emigraron cuando la revolución de 1917 les despojó de la fábrica que regentaban, Katz suele acudir al mismo lema cuando le preguntan por el secreto de casi 65 años viviendo de la pintura: "No tienes que pintar deprisa, sino más lento que tus pensamientos". También ayudan, añade, unas cuantas decenas de flexiones cada día y no tomarse en serio ni las críticas ni el éxito.