Wolfmother brinda una volcánica actuación de rock y agita conciencias en Madrid

  • Los australianos cierran la boca a quienes les acusan de moda efímera.
  • Ochenta minutos de menos a más ante una exaltadísima audiencia.
  • Guiños a Led Zeppelin, Black Sabbtah y los más modernos Mars Volta.
Wolfmother, en acción durante el frenético concierto ofrecido en Madrid (Silvia Manzano)
Wolfmother, en acción durante el frenético concierto ofrecido en Madrid (Silvia Manzano)
SILVIA MANZANO

Los aclamados y casi barbilampiños Wolfmother, no olvidemos que ninguno de sus componentes supera los 25 años, pasó el pasado viernes como un ciclón por la madrileña sala Heineken y ofreció uno de los conciertos más apasionados y desbordante de decibelios del año.

Con el recuerdo en algunos de los asistentes de su fugaz paso por el Azkena 2006, donde ejercieron de bonito aperitivo al descomunal recital de Pearl Jam, estos sí afeitan barba, la banda formada por el vocalista y guitarrista Andrew Stockdale, el bajista Chriss Ross y el batería Myles Heskett no defraudaron a sus incondicionales. Porque, desde luego, quien endiose su

disco de debut, estimulante y recomendable, el viernes debió de sentirse en el cielo. Y es que desde la primera nota de
Dimenssion, que hizo olvidar a los anedóticos Garage Jack y su réplica furiosa de Malú al frente, hasta el final, estos tres intrépidos músicos con look de escolares marginados tuvieron el
talento y la sangre suficientes para seducir a su entregada parroquia.

Poco importa el elevado precio de la entrada, ni el agobio que se respirada en el atestado recinto, ni que algunos vean a esta banda como un pelotazo efímero, ni que su música no sea el colmo de la originalidad, ni que Led Zeppelin y Black Sabbath e incluso Mars Volta pudieran reclamarles derechos de autor... Wolfmother han revitalizado el rock y lo han sacado del ostracismo underground, al igual que The Darkness lo hicieron hace cuatro o cinco años.

También lo han llevado a una órbita mainstream, cierto es, y a una clase de público que las plumas más afiladas y corrosivas siempre podrán tildarlo de hueco y adocenado, pero desde luego que su control de la situación sobre un escenario, su manejo de las progresiones sonoras, su capacidad para ir de menos a más y, especialmente su repertorio es digno de elogio, sobre todo esa sobrenatural Colossal.

Porque, obviamente, para defender un disco ante un público tienes que tener argumentos con forma de canciones. Y Wolfmother, durante ochenta minutos, acribillaron los tímpanos de los asistentes con un sonido musculadísimo y sutil a la vez, agresivo e incisivo, apasionado e impecable, desmontando así los argumentos de quienes creen que el rock murió cuando Elvis, o Kurt Cobain, expiró su último aliento.

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