El Cid recupera su espada con un rescate de 1,6 millones

La ‘Tizona’, el acero usado por el caballero del siglo XI, sale del Museo del Ejército y se alojará en la catedral de Burgos en breve.
Estatua ecuestre del Cid Campeador en Burgos. (Archivo).
Estatua ecuestre del Cid Campeador en Burgos. (Archivo).
La espada de Rodrigo Díaz de Vivar, la Tizona, ha abandonado su exilio en un museo madrileño para viajar hasta Burgos. La Junta de Castilla y León y unos empresarios han pagado 1,6 millones de euros para que la hoja del Cid se aloje en la catedral de Burgos, donde reposan el caballero y su esposa, doña Jimena.El acero será el centro de una exposición durante el octavo centenario del Cantar del Mío Cid, que se celebra este año. El historiador José Luis Olaizola dudaba ayer de la autenticidad de la espada y comentaba  algunos de los mitos en torno al Cid:

Héroe o mercenario: Una corriente actual considera al Cid como un condottiero, un señor de la guerra a sueldo. Sin embargo, Olaizola recuerda que en el siglo XI convivían en la Península musulmanes, judíos y cristianos y que Díaz de Vivar fue expulsado de Castilla por el rey Alfonso VI. Ya exiliado, recuerda Olaizola, se puso al servicio del rey de Zaragoza, al-Mutamín.

La afrenta de Corpes: El cantar asegura que las hijas del Cid, doña Elvira y doña Sol, contrajeron matrimonio con los infantes de Carrión, que las azotaron en un robledo. Olaizola recuerda que, en realidad, las hijas se casaron con Ramón Berenguer III, conde de Barcelona, y con el infante Ramiro Sánchez de Navarra.

Invencible: El Cid no perdió un combate, dice el mito. Olaizola admite que no es exagerado, ya que las crónicas no acreditan derrotas. La leyenda dice que una bruja gallega cambió el centro de gravedad del guerrero, lo que le hizo invencible, añade Olaizola.

Amante fiel: En el siglo XI los harenes no eran cosa exclusiva de los musulmanes, recuerda Olaizola. El propio Alfonso VI tenía su harén de cantoras árabes, recuerda, aunque el Cid se mantuvo fiel a su esposa, doña Jimena, y reprendía a sus caballeros poco fieles.

Del museo a la catedral

La más famosa de las espadas del Campeador estaba expuesta en la Sala de Armas del Museo del Ejército en Madrid. Su propietario, José Ramón Suárez de Otero, marqués de Falces, se la ofreció recientemente al Ministerio de Cultura. Sus responsables rechazaron el ofrecimiento, por lo que el marqués llamó a la puerta de la Junta de Castilla y León, que accedió a comprarla. Sin embargo, la adquisición se ha hecho de forma conjunta entre el gobierno autonómo (600.000 euros) y un grupo de empresarios burgaleses. Ahora queda por encontrar los trozos de la Colada, la otra espada del Cid rota en combate.

‘Tizona’

Longitud: 78,5 cm de  hoja.

Ancho: 4,5 cm de hoja. w inscripción: sobre el acero se puede leer en castellano antiguo: «Io soi Tisona. Fue fecha en la era de mile quarenta».

Procedencia: cuentan que el Cid se la arrebató al rey Búcar de Marruecos en Valencia.

Fiabilidad: declarada Bien de Interés Cultural  en diciembre de 2002. La hoja es del siglo XI, según algunos estudios.

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