En las carreteras cordobesas hay actualmente seis radares fijos, pero sólo dos de ellos están ubicados en tramos de carretera considerados como puntos negros por la Dirección General de Tráfico (DGT).

Aunque las autoridades insisten en que los controles tienen como objetivo incrementar la seguridad, lo cierto es que sólo en dos de los quince puntos negros de la provincia se vigila diariamente la velocidad, según un informe de la Asociación de Automovilistas Europeos.

Una medida que se torna como necesaria a raíz de algunos datos.

Porque los 15 puntos negros de Córdoba se han cobrado 631 víctimas (leves, graves o mortales) en los últimos cinco años.

Según datos de la Subdelegación del Gobierno, el 10% de los siniestros de la provincia se produce en uno de estos puntos.

Los radares fijos, que se pueden consultar en la página de Internet www.dtg.es se encuentran localizados en la A-4 (allí hay tres), en la A-45, la A-431 y la N-432.

Únicamente dos controles de la A-4, la carretera Madrid-Córdoba y concretamente en un tramo de la Cuesta del Espino, coinciden con los llamados puntos negros, es decir, una zona calificada de riesgo ya que se han registrado tres o más accidentes con víctimas en un año.

Como cifra optimista cabe destacar que la provincia ha pasado de los 21 puntos negros de 2002 a los 15 de la actualidad.

Un criterio en entredicho

¿Qué factores se tienen en cuenta a la hora de instalar un radar?

Según la Dirección General de Tráfico, estos controles se montan en las inmediaciones de los puntos peligrosos de las carreteras o de lugares donde se alcanza una velocidad excesiva.

Sin embargo, si comparamos las listas de radares y tramos negros que publica la DTG en Andalucía sólo coinciden 36.

En Tráfico explican que esta distorsión a veces viene obligada porque el tramo carece de las condiciones necesarias para instalar los aparatos, por problemas de espacio o de ángulos para que las cámaras capten la imagen.