Cuentan que Rajoy es más bien tirando a ciclotímico y que hay días en los que suda euforia y días en los que no levanta el vuelo ni con Red Bull.

El lunes en Extremadura tocaba ‘depre’, o eso era al menos lo que sostenían los que le han frecuentado con asiduidad en campaña.

En realidad, parecía el agotamiento lógico de quien, contando con las previsiones de mañana, en sólo 19 días se habrá metido entre pecho y espalda 24 mítines y 13 actos sectoriales, que son como mítines pero más relajados, porque no se grita y se habla de más cosas además de ETA.

"No quiero ni comer; me voy a Cáceres a dormir hasta las 6 de la tarde", comentó en Badajoz a los dirigentes del PP después de soltar su charla.

Y fuese. El tute al que se ha sometido el líder del PP en unas elecciones municipales y autonómicas sólo es entendible si uno está convencido de que se presenta a unas primarias y que sus resultados serán decisivos cuando toquen las generales dentro de unos meses.

En esto parece estar de acuerdo con Zapatero, que ha hecho tres cuartos de lo mismo, por lo que al final el elector no sabrá exactamente si lo que está votando es que le pongan la farola o que el Gobierno se envaine su Alianza de Civilizaciones.

En sólo 19 días se habrá metido entre pecho y espalda 24 mítines y 13 actos sectoriales


Es verdad que el discurso de Rajoy incluye un repertorio de temas más amplio de lo que parece a simple vista, que promete bajar el IRPF y el Impuesto de Sociedades, que ahora insiste mucho en lo del esfuerzo y el mérito en la escuela y en el respeto a la autoridad de los profesores por eso del ‘efecto Sarkozy’, y que se le nota subido a la ola de la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.

Sin embargo, su principal oferta electoral es que con él no habrá nunca negociación con ETA y que De Juana Chaos se operaría de hemorroides en el trullo, y el mensaje debe de darle réditos, algo que se deduce de la simple observación de la campaña: el PP no para de hablar de terrorismo y el PSOE sólo lo menciona en defensa propia.
El tute al que se ha sometido el líder del PP sólo es entendible si uno está convencido de que se presenta a unas primarias

Verde y con asas. Claro que pegar siempre en el mismo clavo cansa bastante, también a Rajoy: "No quiero salir otra vez hablando de Batasuna; son más importantes las infraestructuras que el presidente del Gobierno".

En Extremadura, un lugar donde el 60% de la población sólo ha conocido a Ibarra en el poder, el PP presenta como candidato al hijo de un tabernero que completó sus estudios con becas, Carlos Floriano, y el PSOE, al hijo de un terrateniente que probó durante años en AP antes de pasarse al socialismo, Guillermo Fernández Vara.

En algo de esto debía de estar pensando Rajoy cuando afirmó: "El mundo ya no es lo que era".

Tras la siesta y antes del mitin de Cáceres, ya más descansado, el presidente del PP se reunió informalmente con la prensa para hablar de lo de siempre, de Otegi-Batasuna-ANV-ETA-Navarra y de Zapatero, al que se refiere con mucha displicencia: "Éste se ha metido en un guirigay y no sabe cómo salir (…) El problema de este hombre es que no le cree nadie".

Dos apuntes interesantes: no pedirá a Zapatero que adelante las generales si el PP se impone en el cómputo general de votos, algo que podría ocurrir aunque perdiera el poder en alguna comunidad, y da por hecho que, si es necesario, pactará con los nacionalistas para llegar al Gobierno, camino que lleva tiempo allanando con mucho sigilo.

Para reventar el pabellón cacereño, los populares han fletado 60 autobuses desde Badajoz. Estos actos salen por un pico.

"A por ellos, oé", le gritan los tifosi. En aquella tribuna, devotamente aclamado, uno tiene que creérselo a la fuerza: Arranca con un "claro que voy a ir a La Moncloa". ¿Quién dijo ‘depre’?